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Crítica de libros

(Des)acords

Albert Ferrer Flamarich

(Des)acords. Música i músiques als Països Catalans (1975-2009). Varios autores. Coordinació: Jaume Radigales, Joan-Elies Adell. Col·lecció Argumenta. El cep i la nansa Edicions, 2009 (180 págs.). ISBN: 978-84-92745-02-9.

(Des)acords. Música i músiques als Països Catalans

Me interesa el trabajo de Jaume Radigales por el valor de algunas reflexiones y porque es una de las figuras preeminentes de la musicografía actual en Cataluña. Sin duda, eso genera un respeto por su tarea pero también una exigencia y responsabilidad como referente de las nuevas generaciones como la mía. (Des) acords. Música i músiques als Països Catalans (1975-2009) es una iniciativa menor en su destacable trayectoria. Y lo es por su ausencia como autor, apareciendo sólo como coordinador y prologuista —junto a Joan-Elies Adell— en valoraciones estéticas sobre el valor cultural de música.

La iniciativa es válida y sugestiva pero el estudio sobre la realidad musical en Cataluña exige un enfoque más detallado y amplio que el ofrecido por los profesionales del sector que firman los capítulos. Los textos demuestran documentación y aportaciones particulares pero sólo funcionan como crónica —algunas reflexivas—, sin sobrepasar la tarea periodística bien argumentada. Por lo tanto, no hay que buscar la profundidad de las actas de un congreso sobre musicología o sociología musical, pese a que el planteamiento del volumen pueda sugerirlo.

Resulta flojo —parcial— el capítulo dedicado a la composición musical actual y sus problemas. Abusa de las citas de compositores y evita el análisis de la oferta con exhaustividad, preocupándose más del sistema y la problemática desde argumentaciones conocidas. Faltan datos (estrenos, encargos, inversiones, ...) que parecen sustituidos por evidencias ridículas que, sin embargo, no deben perderse de vista. Más completa es la visión sobre la educación musical (Mercedes Conde) y la crítica musical en los medios de comunicación (Rosa Massagué).

Mucho más ilustrador es el episodio de Jordi Turtós sobre la influencia, difusión y programación de la radio como generadora de tendencias. Igualmente densos son los capítulos de Josep Vicent y Víctor Nubla sobre las músicas populares y las tendencias comerciales de la música en catalán y la música experimental, respectivamente. El habitualmente irónico Xavier Cester baraja con pragmatismo las infraestructuras, las temporadas musicales y el público. Sin embargo, ¿por qué no ha cuestionado el modelo liceístico y su monopolio de la lírica en Cataluña? Y aún más: ¿porqué no se ha encargado ningún capítulo a la zarzuela y su filiación territorial, el teatro lírico catalán, que son un ejemplo de infraestructura y calidad artística más degenerada del actual panorama cultural catalán? ¿Quizá porque ninguno de los autores conoce suficientemente de cerca esta realidad? Es preciso recordar que la zarzuela, lejos de los grandes éxitos de principios y medios de siglo en Cataluña, vive en una marginación e indigencia ante la cual organismos como la Federación Catalana de Teatro Lírico se erige como uno de los ejemplos más flagrantes de inoperancia artística y de gestión cultural. Y éste es un punto crítico que remite a otro que desgraciadamente tampoco se ha abordado: el estudio de políticas concretas de cada gobierno y sus organismos dependientes en la difusión de la cultura.

Josep Lluís i Falcó es el único que, a través de su reivindicación de la música para el audiovisual —en concreto, sobre el cine—, señala las carencias laborales de muchos trabajadores que tienen dificultades para cotizar a la seguridad social —si no son autónomos— y que, no siempre, viven de sus aptitudes. En parte, porque no están ni reconocidos. Este hecho reincide en la desvalorización laboral de la figura del músico como trabajador intelectual y, por lo tanto, deviene el pretexto de un debate estético sobre el reconocimiento cultural de la música en nuestro país.

Por otra parte, a pesar de ser tratado tangencialmente, el sector discográfico tampoco se focaliza en un capítulo en torno a la producción catalana y la producción hecha en Cataluña y las más de veinte empresas activas en la región. Por supuesto, se requerirían cifras sobre subvenciones, tipos de edición, repertorios, etc. Justo es decir, que las conclusiones apuntan a un optimismo respecto al pasado aún con las reservas mostradas ante las políticas y situaciones extranjeras y las necesidades reales del poliédrico sector musical. La excepción la marca la decadencia de la crítica musical en los medios y el hábito de lectura del público.

En conjunto, a pesar de la visión parcial del panorama, la lectura de esta edición aporta algunas claves que el lector —y el ciudadano— debería asimilar para participar de una realidad variada, potente pero estancada. Una realidad problemática que afecta tanto a la música “culta” como a la “popular”, tal como exponen Miquel Pujadó y Benet Casablancas en la conversación final del libro. Al margen de contenidos, reitero, en general, bien trabajados y que abren diversos debates, es preciso felicitar el atrevimiento de una editorial pequeña y eficiente como 'La cepa y la asa' que ha editado con profesionalidad esta suma de artículos y reportajes. Una hazaña, pues, doblemente valiosa por los tiempos de crisis económica, de valores estéticos y de reflexión que viven los llamados Países Catalanes, donde demasiado a menudo se aplaude cualquier cosa y donde la sociedad ha perdido la actividad y la implicación que habían hecho grande esa región.

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