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Crítica de discos
Arias italianas para soñar
Alicia Perris
Ildebrando D´Arcangelo. Arie Italiane per basso. Modo Antiquo. Federico Maria Sardelli. Deutsche Grammophon. Florencia, Teatro de la Pérgola, 2009.
"Un cantante de excepción, dotado de una voz rica y de una presencia escénica que une el encanto, la inteligencia y una sombra de peligro” (Nick Kimberley)
La promoción de la nueva música del intérprete italiano llevada a cabo por su casa editorial, cuenta con un DVD promocional corto y el CD con las arias que últimamente suenan en todos los teatros de ópera del mundo. Sucede que el Barroco está desde hace unos años, de última moda. En la ciudad que Hannibal Lecter reivindicó y habitó con sus crímenes y su melomanía de conocedor profundo, D´Arcangelo grabó un CD dedicado por entero a George Frideric Haendel (1685-1759). La música de Agrippina, Orlando, Siroe, re di Persia, Rodelinda, Ariodante, Aci, Galatea e Polifemo, Rinaldo, Serse, Ezio, Apollo e Dafne, y Giulio Cesare in Egitto, envuelven una voz aguardentosa, que se mueve mejor en el registro medio y bajo que en los agudos, a los que a veces llega un poco forzado. Acostumbrados a la voz portentosa y rendidos a la escuela y la técnica de Bartoli, nos cuesta seguir el fiato, por momentos un poco exiguo de D´Arcangelo, aunque al final, consigue un despliegue vocal que otorga grandeza y solemnidad a las partituras de Haendel.
Este bajo italiano sólo tenía veinticinco años cuando interpretó Leporello en el Don Giovanni de Mozart en Parma en 1994, en una producción que había dirigido Sir John Elliot Gardiner, pero parece que ya entonces hizo una demostración de gallardía en la cuerda de barítono-bajo, otorgándole al sirviente un lustre y un empaque equivalentes a los que disfrutaba su propio mentor. Mozart se convierte desde la cita en Parma en uno de sus compositores preferidos, aunque se orienta también hacia Rossini, Bellini y Puccini. Esta vez le toca el turno a Haendel, del que el intérprete seleccionó en persona los fragmentos del presente trabajo. “Mi objetivo era cubrir toda la vida de Haendel-explica- toda su experiencia musical, por lo que incluí arias compuestas en Alemania, en Italia y por supuesto, en Londres. Cuando era joven, la dificultad de esta música me fascinaba”.
Su voz se acompaña en esta ocasión de instrumentos antiguos para lo que basa su performance en la colaboración con el conjunto italiano Modo Antiquo, dirigido con mano experta por Federico Maria Sardelli. Gracias a la utilización de instrumentos de época, se consigue escuchar según el cantante, más colores que con los modernos. D´Arcangelo se considera un instrumento más dentro de ese ensemble que lleva a cabo una fusión deliciosa y rara entre la orquesta y la voz humana.
Para salir airoso de esta propuesta vocal, se necesitan gargantas dotadas de una gran agilidad técnica, que recuerdan la maestría de los castratos, maestros indiscutidos en todos los escenarios de su época y divas caprichosas como la Bordoni y la Cuzzoni.
En la época de Haendel, la tesitura de “bajo” incluía también la de barítono. Menos mágicos y refulgentes que los castratos, los bajos sin embargo no dejan de tener encanto y seducción en la música vocal de Haendel.
Coda
“Ombra mai fu”, una de las melodías más célebres de este compositor, resuena en la profunda neblina de la tarde de domingo que se deshace entre las montañas de la carretera que une los pantanos a las agujas sombrías de El Escorial. El coche se desliza silencioso. Perfecto panorama para dejarse llevar por los propios pensamientos. En el fondo, muy en el fondo, D´Arcangelo acompaña el escenario frágil e invernal, astillado, de comienzos de enero. Su voz agradecida y profunda emerge y va inundando el ambiente. Ya es 2010. Y entre tanta belleza, el deseo de la mayor felicidad y renovación (también musicales) para todos. Santé!
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