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Índices
Cecilia Bartoli vuelve al Real
O cuando D´Artagnan era una mujer
Alicia Perris
Recital de Cecilia Bartoli (mezzosoprano). Il Giardino Armonico, dirección musical: Giovanni Antonini. "Sacrificium-La scuola dei castrati"; Obras de Niccolò Porpora, Leonardo Vinci, Riccardo Broschi, Francesco Maria Veracini, Leonardo Leo, Francesco Araia, Carl Heinrich Graun, Giovanni Sammartini, Antonio Caldara. Teatro Real de Madrdi, 12 de diciembre 2009.
Y una mujer intensa. Después de reseñar para OpusMúsica su CD Sacrificium, verla cantar en directo era un buen complemento para esta nueva escala de la mezzosoprano en el ámbito de la recuperación y el estudio del patrimonio musical. Aunque el Barroco está desde hace un tiempo de moda, el trabajo de la artista italiana no tiene ninguna posibilidad de comparación con otros cantantes, incluso aventurándose en el mismo repertorio.
El teatro con un lleno absoluto, disfrutó de una de las grandes veladas de la temporada y casi al final de año, el suceso extramusical del momento fueron las reventas, que se enseñorearon de los alrededores del teatro. Casi todos los lobbies acostumbrados y rancios aparecían representados en una noche de fulgores y esplendor y más de uno se quedó a las puertas del Real, sin poder entrar por falta de previsión, de tiempo disponible para comprar los sobrantes de abono o de dinero. Que no de deseo. O de entusiasmo.
Bartoli (Roma, 1966) estuvo inenarrable, puro corazón, goce de lujo. Con una puesta cuidadísima en el escenario, como ella acostumbra, vestuario sorprendente, de mosquetero, diferente en cada parte del recital, el Giardino Armonico, dirigido por el flautista Giovanni Antonini y sus músicos, acompañaron a la artista en la vuelta atrás en el tiempo. Para rastrear la vida y obra de los Castrati, estos seres ambiguos, con una calidad musical sorprendente y dolorosa, arrastrando una vida de pasiones a medias, inconclusas y frágiles (¡Ay Farinelli!).
Después de su creación rossiniana en abril en Madrid, la Italia de los siglos XVII y XVIII vuelve en la voz única de una artista que no parece tener límites en el fiato, con un despliegue escénico brutal y apabullante, que enamora, hechiza y encandila. Luego de dedicarse a la Malibrán, la “Opera proibita”, Gluck, Salieri y Vivaldi, entre otras referencias, retoma con un repertorio ya explorado por otros pero único en una trayectoria privilegiada en lo vocal y en lo teatral, obras de Caldara, Ricardo Broschi, Nicolò Porpora, Leonardo Leo, Leonardo Vinci, el centroeuropeo Graun o Francesco Araia. Fuera de programa, para finalizar una velada larga, Lascia la spina, de Haendel, Son qual nave de Broschi y Sposa non mi conosci, de Giacomelli.
Extraña paradoja que una mujer tan plena físicamente, con un desgarro vital muy en el fondo que ha sabido transformar en lozanía y en belleza, icono paradigmático con la rotundidad de unas formas que la ennoblecen en lo femenino, haya elegido encarnar la ambigüedad de una sexualidad difícil y única como la de los Castrati. Además, la voz de Bartoli, una cascada carnal de color y de calor, extrema, una variedad de posibilidades que deslumbran e inquietan, seduciendo. Una experiencia mística, su recital, diría alguien. Acaba de cantar hace un mes para los elegidos del Real, para unos pocos, pero todos la sentimos lejana, la echamos ya de menos.
Fotografía cortesía del Teatro Real ©Javier del Real
Escribir a Alicia Perris