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Crítica de discos

Marriner y el milésimo Beethoven

Carlos de Matesanz

L. van Beethoven: Sinfonías nº 5 y 6 “Pastoral”. Orquesta de Cadaqués; dir: Sir Neville Marriner. Sello: Tritó. Referencia: TD0060.

L. van Beethoven: Sinfonías nº 5 y 6

¿Realmente es necesario volver a grabar las dos sinfonías más populares por milésima vez? Esto es lo que, necesariamente, ha de preguntarse todo crítico sesudo y competente cuando cae en sus manos un disco como el que reseñamos. Y quien esto escribe, que no es ninguna de las tres cosas –ni crítico, ni sesudo, ni muchísimo menos competente–, se preguntaba lo mismo antes de escuchar el disco.

La respuesta, tanto a priori como a posteriori es “no”; falta no hacía ninguna: desde Toscanini y Furtwängler, por no irse más atrás, hasta Abbado o Barenboim, las lecciones están ya dictadas; no sé si todo, pero lo fundamental ya está dicho; además de los mencionados cuatro directores, Klemperer, Giulini, el joven Karajan, Kleiber padre, Kleiber hijo (incluso, Kleiber espíritu santo), Bernstein, Solti y un larguísimo etcétera han ido agotando el filón de lo que, discográficamente, puede hacerse con la “Sinfonía del Destino” y con la “Sinfonía Pastoral” del sordo de Bonn. Y está claro que el perfeccionista pero discreto Marriner y su coyuntural Orquesta de Cadaqués, pulida pero no perfecta, no van a superarlos, no van a ir más allá ni más alto, ni nos van a descubrir nada nuevo.

Pero de ahí a decir que este disco “no valga para nada” (y de esos también hay unos cuantos en la historia de la fonografía beethoveniana) media un abismo, porque las interpretaciones son mucho mejores de lo inicialmente esperado. Por sus grabaciones de sinfonías beethovenianas –en Philips, en los 70, con su inseparable Academy of Saint Martin-in-the-Fields– sabíamos que Marriner las servía claras y elegantes, muy clásicas y muy bien tocadas, pero tan ligeritas y desprovistas de pathos romántico, que dan pereza, cuando no, incluso, dentera. Pues bien, cuarto de siglo después, sir Neville ha madurado... que es lo menos que esperábamos de él, como de cualquier otro director del ramo blandito, pero que es algo que no siempre se da.

Su Beethoven sigue siendo liviano, pero ahora sin blandura, permitiéndole tal liviandad una extraordinaria claridad: parece que todo se oye, que casi ves los bloques musicales, cada uno en su exacto lugar, sin borrones ni espesuras; los tempi, ágiles, conducen la música con gran fluidez y, aunque algunas transiciones no son perfectas en varios casos, todo está bien construido. Es verdad que hay una falta general de grandeur y de tensión dramática, cosa que afecta muy especialmente a la Quinta Sinfonía. Pero la Sexta –que, además, tiene una toma sonora mejor (en el Auditorio de Zaragoza, que tiene fama de tener una excelente acústica)– resulta realmente bien, probablemente de lo mejor que Marriner haya grabado en repertorio romántico. La falta de empaque de la cuerda de la Orquesta de Cadaqués, también queda más de manifiesto en la Quinta, mientras que los excelentes vientos –maravilloso el oboe en toda la sección final– tienen más oportunidades de brillar en la Pastoral.

Probablemente, éstas son unas interpretaciones para disfrutarlas mucho más en vivo –donde, probablemente las habríamos aplaudido con entusiasmo– que en disco. Un disco bien tocado, bien grabado, bien presentado... pero, por culpa de la ferocísima competencia, un disco más.