. .

Organista francés

Joseph Bonnet: un compositor olvidado

Joaquim Zueras Navarro

Tal vez hayan asistido a algún concierto de órgano en cuyo programa se anuncie alguna obra de Joseph Bonnet —quizás las Variations de concert op. 1 o el Clair de Lune—, o hayan leído su nombre en la contraportada de algún CD con recitales de varios compositores. Dado el desconocimiento casi general sobre este organista, quisiera con estas líneas aportar un poco de luz al respecto.

Joseph Bonnet

Bonnet nació en Burdeos en 1884 en el seno de una familia de músicos. Su padre era organista de Sainte- Eulalie, a quien sucederá su hijo con tan sólo catorce años. De esta época escribirá más tarde:

“...en la parroquia en donde, tan joven, era el organista el canto llano no se utilizaba en la liturgia; una liturgia, para colmo, poco digna. La Providencia hizo que un día se me invitara a asistir a una misa solemne en el seminario de mi localidad... No se me olvidará en la vida la profunda impresión que me produjo esa gran misa a las seis de la mañana, en donde, por primera vez, escuché el gregoriano en el transcurso del oficio. Fue para mí como una revelación”.

En 1901 parte para París, en donde recibe lecciones de Tournemire y en el Conservatorio se matricula en las clases de Alexandre Guilmant (1837-1911). Guilmant había sido alumno del entonces célebre compositor y organista belga Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881), quien ponía especial énfasis en un legato riguroso, en la claridad en la ejecución y en el uso de la punta y el tacón para los pedales. Todo esto nos puede hoy parecer  una obviedad, pero en Francia la técnica del órgano no difería de la del piano y los pedales eran escasamente utilizados. Guilmant transmitió las enseñanzas de Lemmens a sus alumnos con excelentes resultados. Bonnet, en 1906, con 22 años, fue nombrado organista de Saint-Eustache, tras un concurso al que acudieron buenos intérpretes, con un jurado formado por Guilmant, d'Indy, Gigout, Vierne y Tournemire. En Saint-Eustache improvisaba sobre temas gregorianos y daba a conocer los compositores del siglo XVI, XVII y XVIII, como Frescobaldi, De Grygny, Perotin, Cabezón, Couperin, Clerambault y Bach, por entonces infravalorados; raramente ejecutaba alguna de sus obras, pues en gran parte son ajenas al ámbito litúrgico. Este mismo año obtuvo el Primer premio de órgano del Conservatorio de París, con Gabriel Fauré como presidente del jurado.

En 1910 da una serie de recitales por Europa que finalizarán en América, siendo calurosamente aplaudido por su talento excepcional. Se aplicaba de manera casi obsesiva en la métrica y el ritmo, estudiando a Bach con mucha lentitud y utilizando un metrónomo. Era minucioso con la acústica de cada lugar en el que actuaba, no dudando en cambiar lo que fuera necesario para mejorar la sonoridad de la interpretación; para ello pedía que alguien tocara, mientras paseaba de un lado a otro del recinto tomando notas. Por algún extraño motivo dejó de componer en 1913 (excepto en 1925 que escribió Chant Triste, a la memoria de Joachin Gasquet y sin número de opus), unos dicen que para preparar mejor sus conciertos, otros porque parece que nunca consideró que sus obras tuvieran alguna relevancia; craso error porque no hay ninguna mediocre.

Movilizado durante la Primera Guerra Mundial, será dispensado del servicio en 1917 por razones de salud, mientras que su único hermano muere en la batalla de los Dardanelos. Este mismo año es enviado como embajador cultural francés a Estados Unidos (mission Tardieu), donde realizará numerosos conciertos, programando esos compositores históricos anteriormente citados, conciertos que se extenderán a Canadá. En 1923 funda el Instituto gregoriano de París, que presidirá hasta su muerte. En 1926 forma parte en calidad de experto de la restauración del órgano de Saint-Eustache, bajo la firma Gonzalez. En 1927 contrae matrimonio con Geneviève Turenne, siendo testimonio Charles-Maríe Widor y actuando como organista Charles Tournemire; tendrán dos hijos: Françoise y Bénédict.

En 1937 fallece Louis Vierne y Bonnet se hace cargo de sus clases de órgano en la Escuela César Franck en París, institución que había nacido en 1935 fruto de una escisión en la Schola Cantorum a causa de varios desacuerdos con el consejo de administración. En 1940, al principio de la Segunda Guerra Mundial, es enviado de nuevo a Estados Unidos como embajador cultural y multiplicará sus giras a beneficio de los prisioneros de guerra franceses, grabará discos e impartirá la enseñanza, fundando la cátedra de órgano del Conservatorio de Montreal.

Bonnet, de una vitalidad sin límites, inauguró 73 órganos; los tres últimos fueron el de la Catedral de Reims, el de la Basílica de Notre-Dame en Ottawa y el Worcester Art Museum de Massachusetts. Pero en 1943 su salud se degrada y en 1944 muere repentinamente en Canadá, en un hotel mientras pasaba las vacaciones con su esposa e hijos, siendo enterrado en la Abadía de Saint-Benoît-du-Lac (Quebec).

Obras para órgano de Joseph Bonnet

Las obras para órgano de Joseph Bonnet fueron publicadas por la editorial Leduc en tres volúmenes. Han sido grabadas en CD por el sello Skarbo, con  Frédéric Ledroit en el órgano de la Catedral de Angoulême y las obras corales a cargo de la Maîtrise Saint-Louis de Gonzague de París; es una integral recomendable. Las opus 4 y 9 se han perdido o cabe la posibilidad de que Bonnet las destruyera. El estilo de sus composiciones es de un postromanticismo complejo, con elementos impresionistas que a veces recuerdan al Ravel más delicado e intimista.

Las Variations de concert op. 1 es una de las piezas preferidas de los organistas de concierto por la espectacularidad de sus vigorosos acordes y sus contrastados cambios de registro. Profundamente creyente, sus motetes, casi todos ellos de inspiración gregoriana, pese a su escritura rigurosa y concisa, desprenden una atmósfera de hondo  misticismo. El Ave María a cuatro voces op.2, dedicada al maestro de capilla de Sainte-Clotilde Naurice Emmanuel, es de  sobria y elevada belleza, así como el polifónico Agnus Dei op.6 nº1, en el que se perciben ecos de la música de Palestrina. Para una voz con acompañamiento de órgano son los motetes Ave Maria op.6 nº2, O Salutaris op 6 nº3, Pater Noster op.8 nº1, Pie Jesu op.8 nº2. Volviendo a las obras para órgano solo, bajo el título de Poèmes d´automne op.3 se agrupan tres interesantes composiciones: “Lied des chrysanthèmes”, “Matin provençal” y “Poème du soir”, dedicadas respectivamente a A. Guilmant, C. Carl y Ch. Tournemire.

Pero el Bonnet más sorprendente por su inagotable imaginación se encuentra en sus tres colecciones de doce piezas para órgano. De las Douze pieces pour Gran Orgue op. 5 citaré la encantadora y faureniana “Rêverie”, el sereno e intimista “Lamento”, la contemplativa cantinela del “Nocturne”, tres “versos de elaborado contrapunto sobre el Ave Maris Stella”, el lírico “Epithalame” y la “Canzona”, que en muchos aspectos recuerda a César Franck. De las Douze pièces nouvelles op. 7 destacaría la apacible “Dedicace”, el flamante moto perpetuo “Étude de concert”, que exige un alto grado de  virtuosismo, el “Clair de lune”, dulce, sinuoso y evanescente, el animoso canto de la “Stella Matutina”, el tierno “Songe d´enfant”, la franckiana “Pastorale” y “Elfes”, que bien hubiera podido firmar Ravel. En Douze pièces pour orgue op. 10 adquieren especial relieve el  épico “Poème Tchèque”, dedicado a la ciudad de Praga, compuesto en 1912 para la inauguración de un órgano en la sala Smetana, una pieza atormentada reflejo de la azarosa historia de este país, la “Méditation” en forma de insistente plegaria, la emotiva, sobrecogedora y muy descriptiva “In Memoriam Titanic”,  el genio  aéreo “Ariel” (personaje de la Tempestad de Shakespeare) luchando contra el mal, y la dialogante y evocativa “Consolation”.

Una música tan personal y atractiva como la de Joseph Bonnet sin duda merece ser conocida, particularmente por aquellos melómanos inclinados al órgano, quienes obtendrán no pocas satisfacciones de su escucha.

Escribir a Joaquim Zueras Navarro