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- Cómo escuchar la música
- Para conocer a Albéniz
- El zoco de Columna Música (III)
- Zoco mahleriano I
- Un cuarteto de guitarras español
- (Des)acords
- Recuperación de una ópera de Carnicer
- Katiuska: La zarzuela rusa
- El volumen VI de la integral de Albéniz
- OpusMusica Jazz: Wadada Leo Smith / Chet Baker
- Tres retratos con sombra
- Arias italianas para soñar
- A baroque Journey
- Marriner y el milésimo Beethoven
- Lina Prokófiev: una española en el gulag
- Desde Parma, con Leo Nucci
- Le royaume oublié
Índices
Crítica de libros
Cómo escuchar la música
Pilar Maldonado Manso
Título: Cómo escuchar la música. Autor: Aaron Copland. Traducción de Jesús Bal y Gay. Título original: What to Listen for in Music. Editado por el Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2006, Colección Breviarios, nº 101. Nº de páginas: 284. ISBN: 968-16-4151-5.
Cómo escuchar la música fue el título de un curso de quince conferencias dadas por Aaron Copland (1900-1990) en la New School for Social Research de Nueva York entre 1936 y 1937. Éstas son la base de este libro en el que el gran compositor norteamericano explica a profanos, aficionados y estudiantes de música cómo aumentar el goce que su escucha proporciona a través del conocimiento de sus componentes básicos y estructura. Además, la edición que nos ocupa (segunda en español, basada en la cuarta edición en inglés) incluye una introducción del también reputado compositor William Schuman (1910-1992).
El libro comienza diferenciando los distintos modos de escuchar la música y analizando el proceso de creación de la misma. Continúa con una muy clara explicación de los cuatro elementos de la música —ritmo, melodía, armonía y timbre—, así como de la textura musical, expuestos todos ellos de manera particularmente comprensible para el oyente no profesional. La parte central está dedicada a la estructura formal y los principales tipos formales: variación, fuga, sonata, formas libres, ópera y danza. Los capítulos dedicados a la música contemporánea y a la música de películas (de la cual el autor es también un destacado representante) fueron añadidos con posterioridad y se basan, como el propio Copland explica en una nota a la edición de 1957, en artículos originalmente preparados para The New York Times Magazine. Finalmente, el autor concluye con un análisis de los diferentes papeles de compositor, intérprete y oyente en la suma total de una experiencia musical.
Si bien no es nada inusual que compositores de música culta escriban sobre aspectos técnicos, este libro, como Schuman recalca en la introducción, fue en su momento pionero (primera edición, 1939) por el acercamiento de un gran compositor al público lego mediante una explicación accesible de la composición musical. Personalmente opino que el objetivo se ve ampliamente cumplido gracias a las explicaciones y el lenguaje sencillos empleados por el autor.
Hay que señalar el particular interés de Copland en acercar la música contemporánea al público no familiarizado con ella y, en cierta medida, reacio a su aceptación. Su defensa de la continuidad fundamental del desarrollo histórico de la música se manifiesta principalmente de dos maneras. Por un lado, en el capítulo correspondiente, donde propone ciertas claves para la comprensión de la obra de varios de los compositores más conocidos de la primera mitad del siglo XX. Por el otro, en la abundancia de composiciones de estos autores que, junto a otras más antiguas, se citan a lo largo de toda la obra (listadas también al final junto a las lecturas adicionales recomendadas) para ejemplificar los términos musicales básicos, poniendo de manifiesto que “los problemas básicos de cómo escuchar son los mismos”, a pesar de los cambios estilísticos y de las formas de expresión.
Podría objetarse la falta de actualización del libro precisamente respecto a la música contemporánea pues, debido a las fechas en las que fue escrito y revisado, obviamente no se incluye aquella compuesta en la segunda mitad del siglo pasado y en los años que llevamos de éste. Sin embargo, el libro deja claro que los principios de la apreciación musical son universales, sin límites de género y tiempo. Además, su valor didáctico en nada se ve afectado por esta circunstancia y justifica por sí mismo su lectura y su disfrute.
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