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Pausa de ensayo: Entrevista a Herbert Blomstedt
“El público y los músicos españoles me sorprenden y me impresionan muchísimo”
Lorena Jiménez Alonso
Varios Doctorados Honorarios. Miembro electo de la Real Academia de Música Sueca. Director Laureado de la Orquesta Sinfónica de San Francisco. Director Honorario de la Orquesta Sinfónica asiática NHK, la Gewandhausorchester Leipzig y la Sinfónica de Bamberg. Ha sido director titular, entre otras, de la Orquesta Sinfónica de Norrköping, Filarmónica de Oslo, las Orquestas de la Radio Sueca, la Radio Danesa y de la Staatskapelle Dresden. Director invitado de las mejores orquestas del mundo, incluyendo la Filarmónica de Berlín, la Royal Concertgebouw de Ámsterdam, la Sinfónica de Boston, la Filarmónica de Nueva York, la Filarmónica de Munich, la Orquesta de Filadelfia, la Orquesta Filarmónica de Israel... Cuenta además, con una extensa discografía que incluye más de 130 obras con la Staatskapelle Dresden (entre ellas, todas las sinfonías de Beethoven y Schubert), y sus grabaciones de la obra completa de Carl Nielsen y de Jean Sibelius con la Orquesta Sinfónica de la Radio Danesa, son versiones de referencia.
Esto, es sólo una (más que) breve pincelada de la dilatada carrera profesional del maestro americano de origen sueco: Herbert Blomstedt. Un hombre que, a sus 82 años, no está dispuesto a tirar la toalla, y continúa con una agenda repleta de compromisos musicales.
Entrevistar al maestro, antes de iniciar la gira de conciertos que le llevará de nuevo a España, fue un emocionante privilegio que, sin duda, quedará grabado en mi memoria. Cuando una es consciente de que está a punto de hablar con un director de élite, un clásico de la historia de la música, no se puede evitar una sensación de vértigo. Sin embargo, en la distancia corta, el maestro Blomstedt emana sencillez. El director que se ha codeado con los más grandes, que ha recibido múltiples reconocimientos, y que ha dirigido a las mejores orquestas del mundo… Es un hombre atento y cordial, que me recibe con suma amabilidad, a la hora acordada, en el Taschenbergpalais Kempinski Dresden.
Durante más de una hora, mantenemos una conversación distendida —sin interrupciones, ni prisas— en la que el maestro, de manos grandes, gesto elegante, y hablar pausado, no tiene inconveniente en responder a cada una de mis preguntas. De mi charla con una de las más efectivas y legendarias batutas de la actualidad extraigo a continuación para OpusMusica, algunas cosas que me contó:
OpusMusica- Usted fue director titular de la Staatskapelle Dresden durante diez años— entre 1975 y 1985— ¿qué diferencia hay entre la Staatskapelle de aquella época y la orquesta actual?
Herbert Blomstedt- No quedan muchos componentes de aquella época en la orquesta (risas). Son muy pocos en una orquesta que tiene aproximadamente 156 o 170 componentes. Pero la orquesta continúa sorprendentemente siendo la misma. Esta es una característica especial de la Staatskapelle Dresden, que tiene que ver con su larga tradición. Tiene unos 460 ó 461 años, más bien. Sus raíces son muy profundas. Pero también se debe a otras muchas cosas. La orquesta ha sido siempre el orgullo de la ciudad, pero en sus orígenes era la orquesta del rey de Sajonia. El príncipe heredero quería exhibir su poder a través del arte; adquiriendo las mejores obras para sus museos, y contratando los mejores solistas que se pudieran encontrar para su orquesta. Él quería tener lo mejor de Europa. Dresde podía presumir de tener a las mejores cantantes italianas del Bel Canto del siglo XVIII. Incluso una de ellas, Faustina Bordoni estaba casada con el director musical de la Kapelle y uno de mis predecesores, Johann Adolf Hasse. Esto es sólo uno ejemplo. El público de Dresde se acostumbró a lo mejor de lo mejor, se educó con la mejor orquesta y no se contenta con algo inferior, lo que hace que la calidad de la orquesta dependa de sí misma, y no de grandes nombres como intendentes, grandes directores… tienen una especie de sistema interno de “autolimpieza”, que es muy saludable, a veces doloroso, pero muy saludable. Esta es otra de las razones que explican que la orquesta sea muy similar. Otra de las razones es que muchos de los nuevos componentes de la orquesta son alumnos o pupilos de antiguos componentes. Muchos son oriundos de Dresde y, si no han nacido en Dresde, han recibido su educación en Dresde. Esto no es el 200 %, pero ocurre en gran medida. Mucho más que en cualquier otra orquesta. Por ejemplo, la Orquesta Filarmónica de Berlín cuenta con 25 nacionalidades diferentes y, por lo tanto, con una gran variedad de influencias. En cambio, esta orquesta está más concentrada en el especial sonido de Dresde, cultivado celosamente, contra cualquier posible influencia.
OM- A menudo se habla del sonido orquestal único de la Staatskapelle Dresden, un sonido que es inmediatamente reconocible ¿qué diría usted qué tiene de especial?
HB- No es tan fácil de describir, pero responde a varias razones. Una de estas razones es que insisten en usar instrumentos alemanes. Por ejemplo, en el caso de los trombones; en la mayoría de las orquestas alemanas proceden de América, porque tienen un sonido claro y un color brillante. Pero, en Dresde, y en otras orquestas como la Gewandhaus y la Wiener Philharmoniker, usan trombones alemanes. Son difíciles de tocar, no muy seguros, no muy brillantes, pero logran una mayor rotundidad, suenan maravillosamente con el resto de los instrumentos. No emiten nunca un sonido forzado. La orquesta quiere conservar al máximo esa cualidad. No aceptan decisiones como: «no queremos tocar trombones alemanes, porque estamos acostumbrados a tocar trombones americanos», entonces la orquesta dice: «no, no te admitimos, vete a otro sitio» (risas). Pero hay también otras razones. Su sede es la ópera y tocan ópera cada noche. Por lo que están acostumbrados a tocar con cantantes y esto influye en la calidad interpretativa. Están acostumbrados a acompañar, para que los cantantes puedan lucirse. En realidad, toda buena orquesta está acostumbrada a acompañar suavemente, pero si ésta es tu actividad diaria, articulas de un modo distinto, incluso cuando estás tocando en una sala de conciertos. Es uno de los pocos casos en los que una orquesta que tiene su sede en una casa de ópera, hace a la vez conciertos. Esto es algo exclusivo de esta orquesta, porque en otras orquestas se da una situación similar pero diferente al mismo tiempo. Es el caso, por ejemplo, de la Filarmónica de Viena, que también hace ópera. Pero sólo unos cuantos son seleccionados para tocar conciertos. No olvidemos que la Filarmónica de Viena pertenece a una sociedad privada. En cambio aquí, todo el mundo toca conciertos y ópera.
OM- No es la primera vez que actúa España. Estuvo, en otras ocasiones, con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart, la Orquesta Sinfónica de Chicago, o la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, de la que también fue Kapellmeister. ¿Se siente cómodo en España? ¿Qué recuerdos tiene de sus anteriores visitas?
HB- Me encanta España. Me acuerdo la primera vez que fui a España. Fue con la Dresden Staatskapelle —como se llamaba en aquella época—, gracias a Ibermúsica, como en esta ocasión. Alfonso Aijón, que conozco desde su época de gestor orquestal en Alemania, me invitó a formar parte de este aniversario. Él es un gran admirador de la Staatskapelle y de toda la cultura orquestal alemana: Beethoven, Brahms, Bruckner, Mahler... Aquí pasó algunos años de su juventud como manager, sobre todo con la Orquesta de la Norddeutscher Rundfunk(NDR) en Hamburgo. Así que estamos muy contentos de ser sus invitados para esta celebración.
OM- ¿Le gusta el público de España?
HB- El público y los músicos españoles me sorprenden y me impresionan muchísimo. Hay una gran diferencia con respecto a la primera vez que estuve en España, hace treinta o cuarenta años. En aquella época, España era —tal y como la conocíamos aquí— una mancha blanca en el mapa musical, es decir, territorio musical desconocido. Apenas sabíamos nada sobre los músicos españoles, las orquestas españolas… Pero recuerdo que uno de mis maestros, Igor Markewitz, fue director de la RTVE. Yo nunca dirigí una orquesta española, exceptuando la Orquesta de Barcelona en el Palau de la Música. Fue hace muchos años, debió de ser en los sesenta. Fue una experiencia maravillosa y me encantó la sala. Nunca la olvidaré, era preciosa. Pero me quedé gratamente sorprendido por la gran cantidad de excelentes músicos en aquella época. Muchos de ellos pasaron a formar de las grandes orquestas europeas. Los encontré en Berlín, en Ámsterdam… tan sólo un ejemplo: el solo de fagot de la Concertgebouw Orchestra, el Sr. Núñez, se formó en España. Es solo un ejemplo, pero hay muchos. Conocí hace unos años, una señora —no recuerdo su nombre— que formó durante muchos años a músicos que hoy ocupan los atriles de las mejores orquestas europeas, en Alemania o en Holanda. Todos ellos proceden de su escuela en Madrid. Algunos de los críticos me sorprendieron gratamente por su profundo conocimiento del repertorio, no eran simples melómanos de la música clásica. Me sorprendieron muchísimo. Y el público en España es maravilloso.
OM- ¿Qué destacaría del programa que se presentará en España?
HB- En esta ocasión, interpretaremos obras bastantes desconocidas como la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, mucho menos conocida que la Sexta o la Quinta. Pero la Cuarta es la primera de las tres últimas sinfonías. Muestra, sin duda, el gran espectro de la escritura orquestal de Tschaikovsky. Al mismo tiempo, está muy bien estructurada. Podría decirse que es como una catedral. Como la Sagrada Familia, pero está completa (risas). Es muy original. Tiene muchos aspectos trágicos, pero también momentos de esperanza. Por ejemplo, los dos últimos movimientos son: alegría, alegría, alegría. El primer movimiento esta lleno de conflictos, un gran drama. Tchaikovsky no era feliz, tenía problemas emocionales. Esto se transmite a través de la partitura. El Triple Concerto de Beethoven no es muy habitual en el repertorio. Hay varias razones fácilmente aceptables, pero también hay otras que no tienen justificación porque, en mi opinión, es una obra maravillosa. Desde luego, no da opción a que los instrumentos solistas se exhiban. Es, en efecto, un trío. Este es el caso del Dresdner Trío. Dos de los componentes son músicos o miembros fundadores de la Staatskapelle. El señor Bruns ha liderado la sección de chelos durante 10 años, y el Señor Vogler es todavía uno de los Konzertmeister de la Staatskapelle. Junto con la pianista tocan como si se de un ensemble se tratase, no como tres solistas diferentes. La obra en sí —para algunos oyentes, y también para algunos musicólogos— no tiene la fuerza que tienen los otros conciertos de Beethoven. Puedo entender la reacción, pero creo que non han entendido algunas de las cualidades de esta obra. Puesto que se trata de un concierto para tres instrumentos, no puedes escribir de la misma manera que escribes para uno. El material temático no tiene que ser tan individual. No puedes componer como si estuvieses pensando en un solo instrumento, porque tendrías que escribirlo tres veces. Así que tiene que ser escrito de otro modo, y se tienen que hacer otras serie de combinaciones. La forma en que Beethoven soluciona este problema, es lo que realmente me fascina. Si no supiéramos que este concierto lo escribió Beethoven, sino cualquier otro compositor de su época, llámese por ejemplo, Cherubini, diríamos: ¿quién compuso esta obra maestra? Creo que no es justo. Hay que entender esta obra como lo que es. Es una obra maravillosa, y el compositor ayuda al oyente a seguirla.
OM- A pesar de que la Sinfonía nº 3 de Mendelssohn no emplea ninguna melodía identificable con la música tradicional escocesa, incluso cuando Robert Schumann la escuchó por primera vez dijo algo así como que era tan bella como para compensar a un oyente que nunca hubiera estado en Escocia. Algunos hablan de que el colorido oscuro de la orquesta en el 1º movimiento evoca la bruma de las montañas escocesas ¿Cuál es su opinión?
HB- Desde luego, Mendelssohn era un gran amante de Escocia. Le encantaba viajar a Escocia, porque era diferente. Hizo, por ejemplo, muchas acuarelas basadas en sus impresiones de Escocia. Pero, en mi opinión, aunque se basa claramente en tales impresiones, esta sinfonía es, sin duda, un magnífico ejemplo de música pura. Para mí, es la gran sinfonía entre las sinfonías de Schubert y la primera de Brahms, con todos mis respetos a las cuatro sinfonías de Schumann, otras obras de Mendelssohn, obras de compositores británicos o compositores americanos del siglo XIX….Ésta es, sin duda, la obra cumbre entre 1825 y 1876. Me encanta interpretarla. Destaca también por su unión estructural. Todos los movimientos se tocan en Attaca, es decir, va enlazando un movimiento con otro. Este modo de componer era el que seguían los nuevos compositores alemanes (Liszt y los seguidores de Wagner) que habían acabado con la tradicional sinfonía en cuatro movimientos, prefiriendo un solo movimiento, es decir, el conocido poema sinfónico. Mendelssohn era todavía demasiado clásico para admitir esa nueva idea de reducir una gran obra a un solo movimiento. Estaba muy influido por la antigua tradición. Fue el primero en interpretar la serie entera de las sinfonías de Beethoven, por ejemplo. Lo hizo como Kapellmeister de la Gewandhaus de Leipzig. Fue otro de mis predecesores. Pero lo que más aprecio de Mendelssohn es su admiración por la música antigua. Fue, sin duda, pionero en el revival de Bach. Por supuesto, con una concepción totalmente romántica, que no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados hoy en día. Por ejemplo, cuando imitaba el coral de Bach, lo hacía extremadamente lento. Esta era su idea. Él respeta Bach. Estaba más interesado en glorificar a Bach, que en ensalzar su propia figura. Tenía un gran respeto por el pasado. Por supuesto, hizo cosas nuevas, pero sin perder ese respeto por la música anterior. Admiro mucho ese respeto de Mendelssohn por la música del pasado. Mendelssohn decía: «el primer requisito es respetar las grandes obras de otros tiempos, y no tratar de apagar las grandes luces para que tu vela brille más».
OM- Las giras ¿Son una forma de acrecentar el sentimiento de unidad entre la Orquesta? ¿Por qué diría que es importante para las agrupaciones musicales realizar giras alrededor del mundo?
HB- Las giras son retos, porque tocas en nuevas salas, con distintas acústicas. Por supuesto, implican viajar, lo cual es cansado también. No sabes qué imprevistos se pueden dar. Por ejemplo, se puede retrasar el avión, se pueden perder instrumentos… Hay siempre riesgos. Durante las giras, tienes que mostrar además tus mejores cualidades, como si estuvieras en casa. Un aspecto muy positivo, que hace que las giras sean muy necesarias, contribuyendo al desarrollo de una orquesta, es que en una gira, tocas una y otra vez unos cuantos programas (dos o tres en el caso de las giras más largas) en diferentes circunstancias, con diferentes acústicas y en distintas condiciones climáticas, lo cual te permite aprender muchísimo a nivel de estilo interpretativo, es decir, en cuanto a los detalles interpretativos, al repetir una y otra vez lo mismo. Se suele decir que los ensayos son importantes, pero se aprende mucho más durante un concierto que durante tres ensayos, porque no lo puedes repetir. Eso hace que los oídos estén mucho más receptivos en los conciertos que durante los ensayos. Y cuando a eso se le añade la experiencia de una noche tras otra, en diferentes circunstancias, aprendes mucho del contexto musical interior, es decir, el carácter musical que está debajo de la superficie, lo que contribuye a desarrollar un sentimiento de unidad en sí mismo en la orquesta: éstos somos nosotros. Una orquesta tiene que estar siempre muy orgullosa de su propia tradición, para conservar lo que tiene. Tiene que tener plena confianza en sí misma pero nunca ser arrogante. Al mismo tiempo, no pude dejar de ser crítica consigo misma, porque de lo contrario dejaría de desarrollarse. Es precisamente por esta razón, por lo que la orquesta Staatskapelle Dresden me parece tan especial, porque tiene su propio sistema interno de “autolavado”. Ellos se examinan a sí mismos y examinan a los compañeros, es decir, aconsejan a los compañeros. Es un apoyo muy competitivo, pero al mismo tiempo, amistoso “colegial” entre ellos.
OM- La joven violinista y directora de orquesta Eva Charlotte Rossini, afirmaba en una reciente entrevista que usted, como director de orquesta, ha sido su inspiración, demostrando que es posible ser adventista y a la vez un director de orquesta de renombre mundial. Viajando por todo el mundo ¿se cumple, en cierto sentido, su antiguo deseo de ser misionero? ¿La música es el lenguaje del alma?
HB- Por supuesto que la música es el lenguaje del alma. Quizá sepa que mi padre era pastor, y quería que sus hijos siguieran sus pasos, pero amaba la música. Mi madre era música. Creo que aceptó que no me convirtiese en pastor como él, pero compartí ese mismo sentimiento de ser de misionero. Ese sentimiento de hacer que las personas desarrollen lo mejor de sí mismos. Mi hermano fue médico. Trataba con personas enfermas. Murió hace unos años, pero era un magnífico doctor. Un hombre entregado a los demás. Considero que, a través de la música, también trabajo como un misionero. No se trata de hacer una misión para una determinada fe: católicos, musulmanes, judíos, adventistas… sino que se trata de llegar a la mente y el corazón de las personas a través de la música y hacerlos reflexionar sobre sí mismos. Cuando tocamos la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, o el triple concierto de Beethoven, o mismamente la Sinfonía Escocesa, lo escucharán 2.000 o más personas, pero cada una de ellas tendrá una impresión distinta, aunque escuchen la misma música, en función de su formación, de sus necesidades. Algo común a todos nosotros es que buscamos alegría, paz, reflexionar sobre una situación… En definitiva, salir del concierto pensando que podemos superar nuestros retos, y pensar que podemos hacer mucho mejor las cosas que ayer. Creo que la música, es decir, la música clásica, tiene este poder de atraer a todo el mundo. No tienes que ser un especialista en música clásica para apreciarla, porque se puede escuchar de muy distintas maneras. Pero impresiona a todo oyente porque es perfecta, y al mismo tiempo, estimulante, debido a su perfección. No tocamos para obtener un aplauso. Nos gustan las críticas, pero no tocamos para eso. Tocamos simplemente porque queremos que la gente experimente algo especial. Y, en este sentido, la música a la que dediqué mi vida, es una obra misionera.
OM- Y para finalizar ¿Qué proyectos tiene para el futuro?
HB- Después de Murcia y Madrid, tengo dos conciertos con la Staatskapelle Dresden en El Cairo y Alejandría. Es la primera vez para la orquesta y también para mí. Luego vuelvo, y estoy dos días en casa, antes de irme de gira con la Filarmónica Checa a Japón durante dos semanas. Vuelvo a Europa para tres conciertos en Hamburgo con la Sinfónica de Bamberg, y luego voy a Berlín, antes de marcharme un mes a América con mi antigua orquesta de la Filarmónica de Los Ángeles. Regreso a la Berliner Philharmoniker con más Bruckner —en concreto, la sexta sinfonía— y de nuevo, el Triple Concerto de Beethoven (risas). Después, viene Ámsterdam con la Concertgebouw y la Quinta de Bruckner. Busco buenos conciertos. Toco con algunas de las mejores orquestas del mundo y eso me hace muy feliz.
Fotografía ©Martin U. K. Lengemann
Escribir a Lorena Jiménez Alonso