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Índices
Ópera en Dresde
Del Nilo al Elba
Lorena Jiménez Alonso
Giulio Cesare in Egitto; Ópera de G. F. Händel. Intérpretes: Laura Aikin (Cleopatra), Anke Vondung (César), Max Emanuel Cencic (Ptolomeo), Christa Mayer (Cornelia), Janja Vuletic (Sexto) Staatskapelle Dresden. Coro de la Staatsoper. Dirección musical: Alessandro De Marchi. Dirección escénica: Jens-Daniel Herzog. 13-XII-09. Semperoper (Dresde). Estreno.
Loable iniciativa la del Intendant Gerd Uecker por entreabrir la puerta a la ópera barroca (poco habitual en Alemania), e introducir un soplo de aire fresco en la Semperoper, con el estreno de una obra maestra de la música barroca: Giulio Cesare in Egitto. Lástima que la intensa actividad y el ajustado presupuesto que maneja la ópera estatal de Sajonia no permita atraer una cantera vocal de primerísimo nivel, y la première haya quedado velada por las deficiencias de algunos de los cantantes, y de la poco ingeniosa puesta en escena de Jens-Daniel Herzog. Setenta y cinco años después de su estreno en el legendario Festspielhaus Hellerau de Dresde, la ópera más representada de Händel, en el pasado y en el presente, regresa al valle del Elba con una nueva producción firmada por Herzog. El director de escena berlinés busca un lenguaje contemporáneo, y un cambio permanente de las zonas del conflicto; con algunos guiños a una de las películas clásicas del cine americano (Casablanca), tonalidades ocres y soldados coloniales que resucitan la oscarizada película británica “El paciente inglés”, y recursos teatrales que recuerdan a Heiner Müller. El resultado final es una (¿cuidada?) versión que, si bien no molesta, resulta poco imaginativa, y muy discutible. Su búsqueda del equilibrio entre pasado y presente con insólitos motivos (maleta bomba preparada para la explosión final, soldados romanos travestidos en ejército de opereta, talibanes, un bailarín disfrazado de omnipresente león, una gran cama nupcial que recuerda a la de Yoko Ono y Lennon…), ni convence, ni emociona.
Herzog elige una mujer para la ópera que lleva el nombre del protagonista masculino, pero la mezzosoprano Anke Vondung no pareció encontrarse cómoda en el papel concebido para el castrato Senesino, y compuso un débil Cesare (ni altivo guerrero, ni seductor), de pobre emisión. Aunque mejoró en el Acto II (Se in fiorito ameno prato), no alcanzó el nivel que exige su papel. Cantó senza fiato, arrastró las coloraturas y tuvo problemas con los agudos en el aria da capo del Acto I: Va tacito e nascosto, acompañada por un pésimo obbligato de trompa. Definitivamente Laura Aikin no tuvo su mejor noche; su ansiado sueño de interpretar a la última reina de Egipto, estuvo a punto de convertirse en su peor pesadilla. La Aikin posee un bello timbre de soprano, pero su Cleopatra (reto vocal y escénico), fue de lo más flojo de esta première (inseguridades en la entonación, fraseo poco depurado, coloraturas desajustadas, y eventuales gallos). El contratenor Max Emanuel Cencic fue un anodino hermano-esposo de Cleopatra, y su Ptolomeo de estridente timbre, no pasó de discreto. Tanto escenica como musicalmente, Christa Mayer (Cornelia) y Janja Vuletic (Sexto), sobresalieron entre el elenco de cantantes, y se alzaron con todo el protagonismo por su brillante actuación. Magnífico su dúo del Acto I: Son nata a lagrimar. Excelente también, la actuación del coro.
Dinámica y contrastada dirección orquestal del clavecinista y gran conocedor del barroco Alessandro De Marchi —muy atento a la acción dramática— al frente de una reducida orquesta, que en música barroca deja mucho que desear. Se echó en falta un poco más de nervio (¿implicación?) para resaltar la gran fuerza dramática de la música haendeliana.
Fotografía cortesia Sächsische Staatsoper Dresde © by Matthias Creutziger
Escribir a Lorena Jiménez Alonso