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Crítica de discos

A baroque Journey

Alicia Perris

Daniel Hope: Air. A baroque Journey (Un viaje barroco). Intérpretes: Daniel Hope (violín), Lorenza Borrani (segundo violín), Solistas de la Chamber Orchestra of Europe), Jonathan Cohen (cello), Kristian Bezuidenhout (arpa y órgano), Stefan Maas, Stephan Rath (laúd, guitarra, tiorba), Hans- Kristian Kjos Sorensen (percussion). Nymbus Concert Hall, 2009. Deutsche Grammophon.

Daniel Hope: Air. A baroque Journey

Como lo indica su apellido, Daniel Hope nos brinda una copa de esperanza en este proceloso comienzo de año que parece empañado en el panorama internacional y enrarecido en casa. Deliciosas, disfrutonas, festivas estas músicas que son pura danza, puro goce. El CD de promoción de la empresa discográfica se abre con una Ciaccona de Andrea Falconieri, que repetirá con un Pasacalle à 3. No podía faltar otra vez y aún Haendel, con su Zarabanda HWV437 y un Concerto for violino Concertado en la menor de Telemann (1681-1767). Preciosos el Canon y la Gigue de Johann Pachelbel (1653-1706) para tres violines y bajo continuo, así como la Ricercata segunda de Diego Ortiz, otro Falconieri (La suave melodía), la Imitazione delle campane, brevísima de Johann Paul von Westhoff (1656-1705), el Greensleeves to a Ground de Anon, otro von Westhoff, La guerra così nominata di sua maestà y su Imitazione del liuto. El Concerto Grosso no. 5 en Sol menor es evocador en sus cuatro movimientos alternados, adagio, vivace, adagio y allegro, así como la chispeante obra de Nicola Matteis, Ground alter the Scotch Humour, alegre y desenfadado, el Tambourin de Jean-Marie Leclair (1697-1764). No podía faltar el no menos disfrutable por conocidísimo Air (de la Overture BWV 1068) de Johann Sebastian Bach (1685-1750) o la Gagliarda Napolitana de Antonio Valente (1565-1580), una danza remolona y erótica, provocadora, que nos retrotrae a las imágenes presentes estos días en la serie Los Tudor, cuando un Enrique cazador y mujeriego, despliega sus alas de pavo real a la captura de nuevas presas femeninas disponibles para su inagotable deseo.

Música refrescante, de una audición encendida y fácil, partituras de lujo para un violinista en la misma cuerda, sólida sin embargo en su estructura y composición. Aunque ya resulta familiar y clásica para todos se agradece esta nueva revisitación barroca que preludia 2010 con unos fuegos de artificio más fantaseados que reales, pero igual de contundentes.

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