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Índices
Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica
Las orquestas gallegas en Ibermúsica
Carlos de Matesanz
Auditorio Nacional. Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica.
3 de diciembre de 2009. 19:30 h. Real Filharmonia de Galicia; dir: Antoni Ros Marbá. M. Balboa: Saturnal, A. Schönberg: Noche transfigurada, W.A. Mozart: Sinfonía nº 41 “Júpiter”.
19 de diciembre de 2009. 19:30 h. Julian Rachlin (violín), Orquesta Sinfónica de Galicia; dir: Víctor Pablo Pérez. J.L. Turina: “Hércules y Cronos”, B. Bartók: Concierto para viola y orquesta, Waxman: Fantasía sobre “Carmen” de Bizet, H. Villa-Lobos: Bachianas Brasileiras nº 7, N.A. Rimsky-Korsakov: “Capricho español”, Op. 34.
Ibermúsica ha ofrecido esta temporada la interesante posibilidad de confrontar, con pocos días de diferencia, a las dos orquestas gallegas. Adelantemos ya, para los amantes de los Combatimenti Musicali, que ganó la Sinfónica, más que por mayor potencia en el juego, que también, por haber sabido jugarlo con más inteligencia.
La Real Filharmonia de Galicia presentó un programa que pudiera haberle convenido mucho bajo otra batuta que la de su titular, Antoni Ros Marbá. El sonido de la orquesta es limpio y grato, aunque un tanto anónimo; una interpretación más enérgica que la de Marbá hubiera dado una “Noche Transfigurada” de Schönberg de más altura, pero el maestro, que conoce a su orquesta –de una calidad técnica discreta–, sabe que para que ese sonido siga siendo claro y pulido, no puede forzar mucho a las cuerdas y, así, optó por lo pulido antes que por lo expresivo; opción que, en una obra tan intensa como Verklärte Nacht, es asaz discutible.
Más en su terreno pareció encontrarse el maestro catalán en Mozart, pero la Sinfonía Júpiter es mucha sinfonía y la orquesta presentó un inconveniente más que notable: la considerable debilidad de la cuerda con respecto al viento; los nada más que nueve vientos se comían, y no era culpa suya, a las casi cuarenta cuerdas en todos los tutti; la táctica de tocar poco y sonar bien que parece imponerle Ros a la sección de arcos realmente no funciona: desequilibra notablemente el conjunto. Y hablamos de Mozart... ¿cómo será la cosa, pongamos por caso, con Schumann? generalmente vivos, en la que los movimientos más animados, especialmente el finale, tuvieron un toque operístico y desenfadado que acercó esta música a la de “Così fan tutte”.
La cuerda de la Orquesta Sinfónica de Galicia tampoco es especialmente potente, pero el conjunto de la agrupación es más equilibrado y sólido. Sin embargo, lo importante de su concierto fue que el director titular, Víctor Pablo Pérez, confeccionó un programa variado hasta el delirio (español, húngaro, alemán-francés, brasileño y ruso) pero que funcionó a la perfección, sabiendo barajar lo popular –Waxman/Bizet o Rimsky– con lo exigente –el Concierto de Bartók– y, además, dejar un hueco para la creación española contemporánea –la poco inspirada y demasiado larga fanfarria para metales y percusión de Turina nieto– y para rendir homenaje al siempre disfrutable e interesante Heitor Villa-Lobos, cuyo cincuentenario del fallecimiento ha sido ignorado por completo en nuestro país. Por cierto, que sus séptimas Bachianas Brasileiras fueron de lo mejor tocado y más estimulante del concierto.
Otro punto de interés, y no el menor, fue la presencia del inconmensurable Julian Rachlin, que sacó un formidable sonido a ese difícil instrumento que es la viola en el póstumo Concierto de Bartók, tocando siempre con afinación perfecta y concentración ejemplar, y que, como era de esperar, sirvió a las mil maravillas el número circense que Franz Waxman compuso sobre temas de la más popular ópera de Bizet, cambiando la viola por el violín como si tal cosa.
Cada orquesta tiene la obligación insoslayable de ofrecer, en su lugar de residencia, las grandes obras de la Historia de la Música, aunque les vengan grandes, para formación y disfrute de los ciudadanos de cuyos impuestos viven. Pero, cuando salen de gira, deben tener la suficiente astucia como para complementar lo interesante de sus cualidades (o para disimular sus carencias, caso de haberlas) con un programa bien pensado; eso es lo que le hizo ganar este partido madrileño a la Sinfónica frente a su vecina de Santiago de Compostela.
Fotografías cortesia Ibermúsica