. .

Crítica de libros

Lina Prokófiev: una española en el gulag

Aurelio Viribay

Era época de purgas, todo el mundo tenía miedo a ser detenido;
la mayoría tenía preparada una maletita en caso de que eso pasara
(Lina Prokofiev).

Título: Lina Prokófiev. Una española en el gulag. Autora: Valentina Chemberdjí. Editorial: Siglo XXI, Colección Voces del Este. Año: 2009. Nº de páginas: 367. ISBN: 978-84-323-1416-2.

Lina Prokófiev. Una española en el gulag

En la últimas páginas de este libro, tras el momento del fallecimiento de la protagonista Lina Prokófiev en 1989 a la edad de 91 años, la autora se lamenta del proyecto no llevado a cabo por la esposa de Prokófiev de escribir sus memorias, añadiendo que "nos quedan sólo unos fragmentos de lo que podría ser una descripción aleccionadora y brillante de una etapa de la historia cultural del siglo XX". Valentina Chemberdjí, basándose en numerosas fuentes, como el Diario de Serguéi Prokófiev y testimonios de su esposa Lina, y gracias a su cercanía con la biografiada y su familia, se ha dedicado con ahínco a completar esa historia para ofrecérnosla en este libro, un relato fascinante y estremecedor, clave para conocer mejor un siglo que propició tanto algunos de los más brillantes episodios culturales de la historia de la humanidad, como los más negros abismos a los que es capaz de llegar el ser humano. De esas luces y sombras es de lo que trata el libro protagonizado por Lina Prokófiev, esposa del compositor Serguéi Prokófiev (1891-1953), convertida en una especie de "Alma Mahler española": atractiva, cultivada, artista —Alma es compositora mientras que Lina es cantante—, relacionada con la élite cultural de su tiempo y plenamente consciente del talento de su esposo.

Carolina (Lina) Codina nació en 1898 en Madrid, hija del cantante barcelonés Juan Codina y Llubera y de la también cantante rusa Olga Vladislávovna Nemisskaia, quienes se habían conocido en la escuela del teatro de ópera de La Scala. Los padres de Lina deciden más tarde establecerse en Estados Unidos, donde se ganan la vida con sus conciertos. En la época que Lina conoce a Prokófiev en Nueva York —diciembre de 1918—, la futura esposa del compositor ruso estudiaba canto con su madre. El libro comienza con el relato de los avatares de los primeros años de relación de Lina y Sergéi hasta su matrimonio en 1923, en Ettal (Alemania).

Los años veinte que la pareja vive una instalada en París es uno de los capítulos más interesantes de este libro: los Prokófiev son cosmopolitas, viajeros y políglotas, y se relacionan con incontables personalidades relevantes del mundo de la música y de la cultura del siglo XX. Baste mencionar episodios como el de Prokófiev ensayando sus conciertos para piano con Poulenc haciendo de hombre-orquesta en un segundo piano, una reunión en París en 1924 con Ravel, Pulenc, Auric, Honneger, y Roussel, o el estreno parisino del ballet Le pas d'acier montado por Diaguilev a cuyas funciones asisten Picasso, Stravinski, Cocteau, Ravel, Roussel, Sauguet, Poulenc o Villa-Lobos.

Entre las personalidades españolas con las que se relacionaron los Prokófiev en aquellos felices años de lucha por salir adelante, de viajes, giras de conciertos y estrenos, contamos en este libro con curiosos relatos como el de una cena del matrimonio en la casa de Mompou en Barcelona en 1923, el de Lina Prokófiev cantando canciones de Falla ante el director de orquesta Enrique Fernández Arbós en Estados Unidos o el encuentro mantenido ese año con el poeta Federico García Lorca, que asistió a un concierto de Lina y Sergei en La Habana.

La carrera de cantante de Lina avanza a trompicones y en muchas ocasiones su voz desaparece en momentos clave previos a sus actuaciones o se queda afónica durante las mismas. También obtiene algunos éxitos y actúa a menudo acompañada por su marido al piano, quien la incluye siempre que puede en sus giras de conciertos. La que sí avanza a pasos agigantados es la fama mundial de Serguéi Prokófiev, consolidando su destacada posición como uno de los compositores más importantes del momento, además de desarrollar una nada desdeñable carrera como pianista.

A los felices años veinte siguió la discutible decisión de Serguéi Prokofiev de volver a su añorada tierra rusa, cuyas autoridades le pusieron un tentador anzuelo en forma de facilidades para componer y para estrenar sus óperas y ballets en los principales teatros soviéticos. Serguéi, que de política quería entender poco, movido por su ambición de compositor, picó ingenuamente el anzuelo y cometió la torpeza de instalarse con su familia en la Unión Soviética en 1936, donde se topa con los terribles años de las purgas estalinistas.

En 1948 —algunos años después de abandonar a su esposa e hijos para irse a vivir con la joven estudiante de letras Mira Mendelson—, se enfrenta a la acusación de "formalismo" —que comparte con Dmitri Shostakovich— y sus óperas son retiradas de las carteleras. El mismo año Lina Prokófiev es denunciada por espionaje y traición a la patria, detenida y condenada a veinte años de internamiento en un campo de concentración. El compositor fallecerá el 5 de marzo de 1953, día que coincide con el del anuncio de la muerte de Stalin.

En junio de 1956 Lina Prokófiev sale de su reclusión tras ser rehabilitada por ausencia de cuerpo del delito en una revisión de su causa, que queda anulada y archivada. Se agradece en este libro que la autora no se regodee en una detallada descripción morbosa de la experiencia sufrida por Lina Prokofiev durante su detención, interrogatorios y los siete años pasados en los campos de concentración soviéticos. De hecho, la propia Lina, por un comprensible pudor, ha dejado muy pocas pistas sobre esa traumática y humillante experiencia de la que no quería hablar. Lo que nos queda de relato es el posterior abandono de la URSS de Lina Prokófiev tras un sinfín de dificultades burocráticas, y su regreso a Occidente en 1974, donde vivirá hasta su muerte en 1989.

Dejando de lado la desafortunada portada del libro, la clara toma de partido de la autora por la esposa legítima de Prokófiev en detrimento de su compañera Mira Mendelson —que no sale demasiado bien parada en estas páginas—, la escritura ocasionalmente desaliñada, y cierta reiteración de detalles domésticos intrascendentes de los Prokófiev, nos encontramos ante un apasionante relato sobre las grandezas y miserias del siglo XX y sobre algunos de sus grandes protagonistas pertenecientes al mundo de la música y de la cultura. Con este libro la obra de Serguéi Prokófiev se engrandece a ojos del lector, al que sólo cabe esperar la edición española de su Diario para conocer mejor las azarosas vidas del compositor y de su hasta ahora poco conocida esposa española.

Escribir a Aurelio Viribay