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Crítica de discos

Zoco mahleriano I

Albert Ferrer Flamarich

Mahler: Sinfonía nº 1 “Titán”. Bamberger Symphoniker Orchestra. Jonathan Nott, dirección. Sello: Tudor 7147. DDD, 2005. 1CD, 55:25. 2008. Distribuidor: Diverdi.

Mahler: Sinfonía nº 2. Berthe Montmart, soprano. Oralia Dominguez, mezzosoprano. Orchestre et Choir National de la RTF. Leonard Bernstein, director. FRF002. DDD, 1958. 1CD, 97:53. 2008, Distribuidor: Harmonía Mundi.

Mahler: Sinfonía nº 7. London Symphony Orchestra. Valery Gergiev, director. Sello: LSO 0665. DDD, 2008. 1CD, 72:00. 2008, Distribuidor: Harmonía Mundi.

Mahler: Sinfonía nº 1 “Titán”. Bamberger Symphoniker Orchestra. Jonathan Nott

Como es sabido durante el presente año y el siguiente se conmemorarán el 150 aniversario del nacimiento de Gustav Mahler y el centenario de su muerte, respectivamente. Ante la avalancha de reediciones y novedades bien sea de integrales o de lecturas aisladas, en OpusMúsica iniciamos una sección que intentará recoger lo que el mercado ofrezca —siempre en función de la generosidad de los envíos efectuados por las discográficas—.

Huelga recordar que la obra de Mahler es una de las más grabadas en un crecimiento exponencial durante las últimas décadas. Por este motivo en los primeros zocos mahlerianos se priorizarán los registros de finales de 2008 y 2009 que, por cuestiones de espacio y tiempo, aún no se han reseñado en esta publicación. Así, los protagonistas de febrero de 2010 son dos de los directores que están complementando su nueva integral sinfónica, Jonathan Nott y Valery Gergiev. Entre ambas, Leonard Bernstein y su primera Segunda Sinfonía, en el sentido cronológico, complementará lo ofrecido en este primer capítulo.

Más allá de las lógicas cualidades de claridad de texturas y elegancia, en esta segunda entrega de la integral de Jonathan Nott se percibe una literalidad que resulta anodina en partes como la repetición de un primer movimiento al que le cuesta despertar, como el Ländler del Scherzo o como el tercer movimiento. Éste, por ejemplo, se expone desde el lirismo en una homogenización que no contempla la parodia, más con el Frere Jacques tocado por un contrabajo afinado. Y es que Nott es un director algo clásico, de tradición occidental, muy refinado pero no demasiado sugerente, ni excitante ni incisivo. El suyo es un modelo correcto en la forma y el pulso —minutaje dentro de la media—, que busca la unidad y la coherencia en base a un fraseo bello —maderas y los temas líricos del cuarto movimiento— pero sin un garbo especial. Lo que en otros (Walter, Mitropoulos, Kempe o Kubelik) resultaba un “elán vital” afirmativo, expansivo, fogoso, en Nott es calidez, como mucho, entusiasmo (reexposición del primer movimiento). Y esa es otra de las dominantes en esta lectura tildable de camerística a la que no parece interesarle el trascendentalismo, ni el gigantismo sonoro o los excesos expresionistas a lo Solti y Sinopoli. Con todo, y en ello va la excelente coda tocada con elocuencia, la prestación de la Sinfónica de Bamberger es muy satisfactoria y permite considerar ésta como una de las lecturas más recomendables comercializadas en los últimos dos años.

Mahler: Sinfonía nº 2. Leonard Bernstein

Con el listado de Pérez de Arteaga, ésta es la séptima Segunda de Mahler localizable en el mercado y la primera cronológicamente (13.XI.1958) de Bernstein. Se trata de un live de los Campos Eliseos que se emitió por la RTF una semana más tarde con una excelente respuesta orquestal en el conjunto y en las individualidades, aunque el coro y las solistas son discretos. Sin el pathos y la alta temperatura emocional de sus grabaciones más comerciales, el Mahler de Bernstein ya se encuentra fenomenológicamente aquí: en la construcción del discurso, las tensiones generadas, algunos cambios de color y cierta amplitud y cambio de tempo. Aspectos que en lecturas posteriores potenciará y estilizará en lo cualitativo y preciosista del sonido y en lo subjetivo. Ésta es su visión más sobria y está lograda en lo lírico y lo fluido. También combina lo trágico y lo ceremonial, por momentos en una fusión desde la resignación. Su dialéctica e incisividad resultan más occidentales que americanas, salvo en el quinto movimiento. ¿Particularidades? Todo el Scherzo y el ritardando y suspense de la transición hacía la reexposición en el primer movimiento, hasta el ataque de los violines y las cuerdas graves sobre el pedal de violas (pista 1, de 15:18 a 15:43). Como de costumbre con Bernstein, el límite entre el efecto y lo efectista es ambiguo.

Mahler: Sinfonía nº 7. London Symphony Orchestra. Valery Gergiev

La ambigüedad de la Séptima beneficia bastante la tendencia a un Mahler ofrecido más como puzzle que como narración. Gergiev busca la variedad frente a la unidad hasta pecar de episódico (primer y último movimientos). Sin llegar a una redefinición klemperiana, hay puntos experimentales y una fluidez que beneficia las atmósferas cambiantes aunque algunas transiciones pudieran mejorarse. Por esto, el primer movimiento es el mejor servido y variado. Hay pinceladas de fantasía y sarcasmo, no siempre logradas en las sinfonías ya editadas (salvo en el Feierlich de la Primera), pero falta provocación. La profundidad no es psicoanalítica y la personalidad roza lo tedioso y lo autocomplaciente en el epicentro de la obra, aún con el realce de los timbres que no captan lo alucinado del discurso (Nachtmusik I, Scherzo). La Nachtmusik II no es decadente y sí algo rebelde, mientras que el Rondó-Finale opta por la agresividad expresiva, más de lo previsible. El tempo es propenso a lo urgente y al carácter explosivo en una clara apuesta por la esperanza y la confianza rompiendo, así, el empate técnico con que algunos comentaristas sitúan la solución de esta obra respecto a la Quinta y la Sexta. Al margen de los clásicos (Horenstein, Klemperer, Bernstein, Kubelik, Barenboim, Abbado), ésta es una de las opciones recientes más aceptables. Lo que no significa una entusiasta recomendación aunque la escucha es grata.

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