Discos y libros
- Tres viajes al Renacimiento de la mano de Guido
- Don Quijote al piano
- Va de piano
- Rarezas y no tan rarezas de Rossini
- Zoco mahleriano II
- Boccherini: Cuartetos Op. 8
- Vitier, Cuba y un piano
- Dos conciertos para piano
- Tonadillas escénicas
- La tiple del automóvil y de los brillantes
- Tasto Solo: más que música antigua
- OpusMusica Jazz: Miguel Ángel Chastang / The Curtis Counce Group
- Anton Webern y la nueva música
- Lang Lang, el elegido de los dioses
- Historia de la Música en España e Hispanoamérica. Vol. I
Índices
Crítica de discos
Boccherini: Cuartetos Op. 8
Joaquim Zueras Navarro
Luigi Boccherini: Cuartetos de cuerda Op. 8. Intérpretes: Artaria String Quartet. Sello: Columna Música, 1CM0221. 2 CDs.
El infante don Luis de Borbón es un personaje curioso, tanto por su personalidad como por las circunstancias que le rodearon. El más pequeño de los hijos varones de Felipe V e Isabel de Farnesio nació en Madrid en 1727. Se pensó en destinarlo a la carrera eclesiástica. Dado que no quedaban más territorios por repartir entre los hijos de Isabel, ésta consiguió del papa Clemente XII que Luis fuera nombrado arzobispo de Toledo y de Sevilla antes de cumplir los ocho años y más tarde cardenal, lo que comportaba unas asignaciones monetarias elevadas. En 1754 renunció a todos estos cargos, persuadido de que la castidad no estaba hecha para él. La educación durante su infancia y juventud fue desastrosa, creciendo en la ignorancia. No obstante, su sensibilidad natural por las artes hizo que en este aspecto adquiriera un notable bagaje intelectual. Había reunido una gran colección pictórica con obras de Bruegel, Durero, Goya, Murillo, Rembrandt, Velazquez, etc. Poseía una inmensa biblioteca con ejemplares valiosísimos. También destacan su rica colección numismática y su Gavinete de Historia Natural. Melómano impenitente, disponía de una enorme cantidad de partituras, algunas de Haydn. En 1770 don Luis disfrutaba de un corto periodo de tranquilidad, su patrimonio era inmenso y sus responsabilidades mínimas.
En 1768, con 25 años, Boccherini, tras una breve estancia en París, se trasladó a España. El motivo era el amor que sentía por la soprano romana Clementina Pellicia. La cantante formaba parte de la plantilla de la Compañía de los Reales Sitios. Boccherini se integró en el elenco, siguiendo a la Corte en sus desplazamientos y tanteando a la vez un posible patronazgo regio. Tras varios intentos fue el infante don Luis quien reparó en él. En la primavera de 1770 solicitó el consentimiento al rey para contratar a Boccherini como violonchelista y compositor de cámara. A partir de entonces vivirá 15 años al servicio del infante, hasta el fallecimiento de éste en 1785.
Mientras que los Cuartetos Op. 2 de Boccherini, han sido siempre ampliamente divulgados, los Cuartetos Op. 8, de 1769, dedicados al infante don Luis, han permanecido en la sombra, quizás por no ser los primeros. En cambio, comparto las palabras de Elisabeth Le Guin, miembro de la Asociación Luigi Boccherini, cuando expone que los Cuartetos OP. 8 “representan un considerable avance respecto a los del Op. 2, en términos de coherencia y versatilidad estilística, así como de maestría e imaginación con las que el compositor maneja la tantas veces mencionada literatura musical con partes independientes” Y, así como en los Op. 2 despunta la exhuberancia, en los Op. 8 destaca la hondura y el mimo en el detalle. Hay guiños al oyente perspicaz, como la referencia intertextual del tema descendente de cuatro notas en el primer y tercer movimiento del cuarteto Nº3, la nota sincopada y aislada del segundo movimiento del cuarteto Nº5, movimientos lentos, como por ejemplo el Largo del Nº 3, que por su lenguaje reflexivo y expansivo parecen trascender el siglo, en los que una melancolía un tanto sombría conecta sin duda con el temperamento algo depresivo de los Borbones.
El defecto más usual en las interpretaciones de Boccherini radica en crispar la expresión para subrayar la brillantez y la luminosidad de algunos pasajes. El mismo Boccherini reprochaba al joven violinista Alexander Boucher el hacer “tronar rayos y tempestades en mis plácidas composiciones” La excelente interpretación del Cuarteto Artaria, nos recuerda que la música de Boccherini nos habla con elegancia, sin estridencias. El resultado es sólido, diáfano y poético, a lo que contribuye una inmejorable toma de sonido. A los interesantes comentarios de la carpetilla de Elisabeth Le Guin, se añaden los de Jaume Tortella, de cuyo magnífico libro nos ocupamos en su día.
Escribir a Joaquim Zueras Navarro