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Índices
Recitales en Madrid
Grandes cantantes en pequeñas salas
Carlos de Matesanz
2 de febrero de 2010. Centro Cultural de la Junta Municipal de Moncloa, 20:00 h. Cuarteto Vocal Cavatina, Duncan Gifford y Aurelio Viribay (piano). Canciones de R. Schumann.
3 de febrero de 2010. Museo del Romanticismo, 20:00 h. Elena Gragera (mezzo) y Antón Cardó (piano). Canción romántica española y europea. Organizado por la SECC (Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales).
7 de febrero de 2010. Sala Gayarre del Teatro Real, 20:00 h. Ruth Ziesak (soprano) y Gerold Huber (piano). Canciones de A. Y G. Mahler, A. berg y A. von Zemlinsky.
La Junta Municipal de Moncloa, en el bicentenario del nacimiento de Schumann, decidió dedicar al compositor sajón el primero de sus conciertos gratuitos de los martes del año 2010. Para ello se contó con un programa infrecuente, nada fácil de cantar y que encantó al público que llenó por completo la sala del Centro Cultural, idónea para estos menesteres camerísticos. El programa en cuestión ofrecía los dos ciclos de canciones españolas de Robert Schumann sobre traducciones de Emmanuel Giebel de poesías de nuestro país: el Spanisches Liederspiel, Op. 74 y los Spanisches Liebes-Lieder, Op. 138: dos ciclos de diez lieder cada uno, escritos para una, dos o cuatro voces con acompañamiento de piano y, en la segunda obra, de piano a cuatro manos. Para esta modalidad tan singular de canción a varias voces, se recurrió a un grupo especializado en estas lides: el Cuarteto Vocal Cavatina, que cantó con admirable conjunción los lieder de conjunto y demostró la calidad interpretativa de cada uno de sus componentes (Mercedes Lario, Marta Knörr, Felipe Nieto y José Bernardo Álvarez, por orden descendente de tesitura) en las páginas para una voz. Que, con la que está cayendo, aún haya posibilidad de asistir gratuitamente a conciertos con tan bella e interesante música, servida tan profesionalmente y con tanto nivel artístico, es algo que nos hace conservar contracorriente la fe en que el servicio público también alcanza a la Música.
El Museo Romántico, reabierto –después de lustros de injustificable cierre– como Museo del Romanticismo, ha dedicado, en una de sus salas pequeñas y coquetonas, un ciclo de conciertos a “La canción romántica en España y en Europa”, tal y como reza el título que le dieron. Un ciclo organizado por la SECC (Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales), que se clausuró con el recital de la mezzosoprano extremeña Elena Gragera que, acompañada al piano por su marido Antón Cardó, se abrió con un bloque de canciones de Berlioz, Delibes, Bizet, Paulina Viardot, Albéniz y Falla en francés, interpretado con sumo gusto; destáquese el encanto derrochado en “Adieux de l’hôtesse arabe” de Bizet y la albeniciana “Chanson de Barberine”. Siguió un bloque español, con canciones de Santiago de Masarnau, José Espí Ulrich, Marcial del Adalid, Felipe Pedrell y Sebastián Iradier (la celebérrima “La paloma”), defendido con el pundonor y la generosidad de quien sabe lo necesitada que está de rehabilitación la canción española del XIX. La segunda parte se abrió con un bloque italiano (dos canciones de Rossini, una de Verdi y dos de Puccini) que tal vez fue lo menos consistente del recital, por música y por interpretación –aunque vocalmente la mezzo estuvo magnífica– y se cerró con cinco canciones en cuatro idiomas distintos del desconocido pero muy interesante Gabriel Rodríguez (1827-1901), destacando la penúltima canción, “El llanto”, con música digna del mejor lied y una interpretación realmente conmovedora. Por cierto, queremos felicitar al pianista, que se las tuvo que ver con un Erard decimonónico que debió de darle más trabajo del que a primera vista pareció.
La alemana Ruth Ziesak es una soprano de demasiada categoría artística como para ocultarla en las buhardillas del Real. Pero esto tenía su explicación: el concierto de la pequeña Sala Gayarre estaba inicialmente previsto para otra soprano alemana de características muy similares pero mucho menos conocida: Mojca Erdmann. La sustitución de lujo sorprendió muy gratamente a todos los asistentes al concierto, que pudieron gozar de un recital de lied incomparable, de selección bien pensada e interpretado con un gusto inigualable. No es Ruth Ziesak una soprano especialmente poderosa o intensa, pero sabe jugar sus cartas con enorme inteligencia y tiene gran categoría expresiva; la voz pequeña de lírico-ligera es, además, muy hermosa. Y, por si esto fuera poco, el acompañamiento de Gerold Huber fue soberbio, tanto por el sonido muy bello, como por su adecuación a la cantante. Las cinco canciones de Alma Mahler que abrieron el recital plantearon alguna dificultad a la soprano por su escritura poco cómoda, pero estuvo magnífica en “Ich bandle unter Blumen”, y en los Sieben Frühe Lieder de Alban Berg derrochó dominio de la partitura. Pero lo mejor fue la segunda parte: “Irmelin Rose und andere Gesänge” Op. 7 de Alexander von Zemlinsky –música poco frecuentada pero realmente maravillosa– y siete lieder (cinco de ellos, Wunderhorn) de Mahler para los que los calificativos que pudiéramos adjudicarle a su interpretación quedarían necesariamente cortos. Una velada realmente liederística, in crescendo, de las que se disfruta inmensamente y cuyo recuerdo queda vivo en la memoria durante mucho tiempo.