Nuestra Zarzuela
Doña Francisquita
José Prieto Marugán
Doña Francisquita. Comedia lírica en tres actos, el último dividido en dos cuadros. Libro de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Música de Amadeo Vives. Estreno: 17 de octubre de 1923, en el Teatro Apolo, de Madrid. Acción en Madrid, Carnaval de 184...
Personajes e intérpretes principales:
Doña Francisquita (Mary Isaura)
Aurora La Beltrana (Cora Raga)
Doña Francisca, madre de Francisquita (Felisa Lázaro)
Irene la de Pinto (Beatriz Cerrillo)
Fernando, estudiante (Juan Casenave)
Cardona, estudiante, amigo de Fernando (Antonio Palacios)
Don Matías, padre de Fernando (Ricardo Güel)
Lorenzo, el Manchego (Juan Frontera)
Argumento.
Acto I. Una plaza de Madrid. Fernando está enamorado de Aurora, La Beltrana, que le responde con burlas y desdenes, al tiempo que Francisquita bebe los vientos por Fernando. A la salida de misa, Francisquita deja caer un pañuelo que, recogido por Fernando, es la ocasión para la joven de cambiar unas palabras con el estudiante. En otro momento, Cardona trata de convencer a Fernando para que olvide a La Beltrana y ensalza la bellaza de Francisquita que, en este preciso instante, entona una canción desde el balcón de su casa.
Los estudiantes han salido de escena y aparecen Doña Francisca, su hija y Don Matías que comienza a galantear a Francisquita. Y se produce el equívoco. Doña Francisca, que es viuda, cree que las pretensiones del anciano se dirigen hacia ella. Aclarado el malentendido, Francisquita reconoce que es a Fernando a quien quiere.
Aurora sale de la botillería y continúa despreciando a Fernando, ante lo cual Cardona interviene y consigue enfurecerla. Aparece Don Matías para referir su encuentro con Francisquita, pero mientras el anciano habla de la joven, los estudiantes creen que se refiere a la comedianta. A pesar de todo, Fernando comienza a cortejar a Francisquita para dar celos a La Beltrana y, como dice Cardona: "Aunque es una canallada, por algo se empieza".
Acto II. Pradera del Canal, en la ribera del Manzanares. Cardona, vestido de mujer (no olvidemos que estamos en carnaval), es perseguido por un grupo de hombres. Fernando, que ha sido citado allí por su padre, espera a Aurora, pero quien llega es Francisquita (que es la que ha urdido la cita) y le dice que está enamorada de su padre.
Aurora canta desde el merendero y Cardona (aún vestido de mujer), para enrabietarla, tiene una galante escena con Fernando y asegura que La Beltrana no volverá a reírse de él. Fernando ha de salir de Madrid y va a despedirse de su padre, de Francisquita y de su madre. La joven consigue una declaración de amor de Fernando.
Acto III. Una calle de Madrid, de noche. Cardona insiste en burlarse de la Beltrana mientras Francisquita y su madre hacen conocer a Don Matías su decisión de no ir al baile – para que él tampoco vaya – ya que Fernando quiere reunirse allí con la joven. Francisquita ha dicho a su madre que es a ella, Doña Francisca, a quien Fernando quiere, generando un nuevo enredo que, esta vez, es advertido por Don Matías. El anciano recrimina a Doña Francisca sus devaneos porque "podría ser la madre de Fernando", a lo que ésta responde que él "podría ser el padre de Francisquita". Con todo esto surge la realidad de este complicado asunto. Nada se opone a los amores de los jóvenes que se funden en un abrazo mientras los asistentes brindan por su felicidad.
Comentario.
Basada en La discreta enamorada de Lope de Vega, Doña Francisquita es, prácticamente, la obra que pone fin a la brillante carrera de un gran músico; la que ha salvado a no pocas empresas, del fracaso económico y, posiblemente, una de las zarzuelas de mayor proyección internacional, ya que se ha interpretado en toda la América hispana, Montecarlo, Bruselas, Berlín, Washington, Viena, Salzburgo, Milán… Doña Francisquita es, también, una de las zarzuelas con mayor número de grabaciones discográficas, pues se contabilizan una decena de versiones; ha sido llevada al cine en dos ocasiones (1934 por Hans Behrendt y 1952 por Ladislao Vajda), y es la única en haber sido adaptada para ballet (en 1985 por Antón García Abril).
La idea originaria de esta obra data de enero de 1923. Vives sabía que las adaptaciones del teatro clásico, eran un buen punto de partida para crear una zarzuela, y entregó a los libretistas un ejemplar de La discreta enamorada, diciéndoles: “Aquí en estas páginas hay una zarzuela deliciosa... Como está. Las dos primeras escenas son ya música. ¿Se atreven ustedes a hacer el libreto?”. Los escritores aceptaron, pero no terminaban de ver –“como está” – la zarzuela en la obra de Lope. La solución vino en trasladar la historia del siglo XVII al XIX; al Madrid romántico y más concretamente a su Carnaval.
No puede decirse que los comienzos de Doña Francisquita fueran buenos. Los cuatro actos originales de la obra de Lope fueron reducidos a tres, pero Federico Romero extravió el original que refundía los dos últimos, por lo que los libretistas hubieron de trabajar intensamente para reescribirlos. Antes de componer toda la música, Vives había empezado la búsqueda de los intérpretes y al escoger a Juan de Casenave para el papel de Fernando, obligó a los libretistas a replantear este rol, pues Casenave era un buen tenor pero no tan buen actor. El 5 de octubre, Vives, al tomar un coche de caballos, sufrió un caída que le postró en cama. Faltaba instrumentar gran parte de la obra y para esta tarea fueron requeridos algunos colegas del músico catalán: Joaquín Turina Conrado del Campo, Pablo Luna, y Ernesto Rosillo.
Todo parecía estar en contra, pero cuando selevantó el telón de Apolo, los problemas e inconvenientes desaparecieron y la obra de Romero, Fernández–Shaw y Vives comenzó su andadura con el pie derecho. La primera representación, terminó pasadas las dos de la madrugada, porque hubo que repetir casi todos los números, pero al día siguiente, los críticos ya dieron su opinión en los diferentes periódicos madrileños, advirtiendo que habían asistido al nacimiento de una de las obras fundamentales de la zarzuela.
Como consecuencia de su inoportuno accidente, Vives no pudo asistir al estreno y se fue enterando de su desarrollo a través del teléfono. El compositor no pudo contemplar su obra en el teatro hasta el día 26, nueve días después de la primera representación.
En Doña Francisquita hay un gran equilibrio entre texto y música, fruto de un intenso trabajo conjunto de compositor y libretistas. De sus casi veinte números musicales merecen destacarse: el Terceto de Francisquita, Fernando y Cardona (“Peno por un hombre, madre”); el Coro de estudiantes (“¿Y tú que harás ahora?”, “Cuando un hombre se quiere casar”); la vibrante Canción de Juventud (“Canto alegre de la juventud”) y la famosísima Canción del ruiseñor (“Era una rosa que en un jardín”), entonada por Francisquita con apoyo de Fernando y Cardona, todo ello en el primer acto.
En el segundo sobresalen: el Dúo de Francisquita y Fernando (“¡Le van a oír!”); la famosísima Romanza de Fernando (“Por el humo se sabe...”), cantada por todos los grandes tenores españoles; el Dúo de Aurora y Fernando (“¡Escúchame! – No puedo escucharte”), y la llamada Escena y quinteto (Fernando, Francisquita, Cardona, Don Matías y Doña Francisca (“Fui demasiado vehemente”).
El tercer acto se abre con el archiconocido Coro de románticos (“¿Dónde va, dónde va la alegría”?) al que sigue la no menos atractiva Canción del Marabú (“A un jilguero esperaba”). Tras ella se escucha el célebre Fandango, pieza instrumental formidable que se ha independizado de la zarzuela y figura en los atriles de nuestras orquesta como obra independiente. La zarzuela se cierra, como era de esperar, con el Dúo de Francisquita y Fernando (“Yo no fui sincera”).
Escribir a José Prieto Marugán
