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Índices
Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica
La Filarmónica de Nueva York en Ibermúsica
Carlos de Matesanz
Auditorio Nacional. Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica. Orquesta Filarmónica de Nueva York; dir: Alan Gilbert.
23 de enero de 2009. 22:30 h. Yefim Bronfman (piano). M. Lindberg: “EXPO”; S. Prokofiev: Concierto para piano nº 2, Op. 16; J. Sibelius: Sinfonía nº 2 en Re mayor, Op. 43.
24 de enero de 2009. 19:30 h. Thomas Hampson (barítono). F.J. Haydn: Sinfonía nº 49 en Fa menor “La Passione”; J. Adams: “The Wound-dresser”; F. Schubert: Sinfonía nº 8 en Si menor, D. 759 “Incompleta”; A. Berg: Tres piezas para orquesta, Op. 6.
Cerrando su gira por España, la Filarmónica neoyorkina se presentó en nuestro país por primera vez bajo la dirección de su actual titular, el también neoyorkino e hijo de violinistas de la misma orquesta Alan Gilbert, con dos programas bien variados, con los que pudimos disfrutar de esta histórica agrupación desde ángulos musicales bien diversos. Por su potencia, brillo y brío típicamente americanos, la agrupación parece especialmente apta para obras contemporáneas de peso y energía, como “EXPO” de Magnus Lindberg, extravertido fresco sinfónico magníficamente orquestado, que recibió en esta interpretación su estreno en Europa de un modo inmejorable. Pero también supo plegar su sonoridad al acompañamiento, sutil y nada fácil, del barítono Thomas Hampson –excelente disseur y aún en buen estado vocal– en el largo poema de Walt Whitman “El curador de heridas”, musicado muy sobriamente por John Adams.
También fue de calidad el acompañamiento a Yefim Bronfman en el Segundo Concierto de Prokofiev, pero en este caso el protagonismo recayó por completo –como corresponde en una obra tan exigente para el solista– en el pianista de origen uzbekistano, que resolvió su parte con el aplomo y la tranquilidad reservados, ante tal reto, a los más grandes; sin aspavientos, sin fallos y concentrado, Bronfman ofreció una versión eminentemente lírica de la obra, con un sonido oscuro y rico, muy distinto del sonido brillante con que suele darse este concierto. Por eso, después de esta sensacional interpretación, supo a poco la Segunda Sinfonía de Sibelius –obra lucida si se le sabe dar unidad– que siguió en el programa. Parece como si Alan Gilbert no hubiese encontrado el punto a los desarrollos o no se sintiera cómodo en ellos, y eso, en esta sinfonía que es puro desarrollo, es falta mayor; sin embargo, cuando se llegaba a la culminación y los temas aparecían definidos en todo su esplendor, la música brillaba en auténtica apoteosis, gracias a la potencia y brillantez de una orquesta que jamás se arruga y parece poder crecer hasta el infinito, cosa que sienta de miedo a los clímax de Sibelius.
En el segundo concierto, la orquesta lució más cómoda: las trompas, de sonido proverbialmente potente, no estuvieron tan molestamente omnipresentes y pudo apreciarse mejor la calidad de las cuerdas y la belleza de sonido de las maderas que, no obstante, son la familia de menor potencia de la agrupación (los metales, ya se sabe, fantásticos). También Gilbert se encontró más cómodo que en Sibelius: además del óptimo acompañamiento en Adams y de unas Tres Piezas Op. 6 de Berg correctas pero que no nos hicieron olvidar las de hace unos meses con la Philharmonia y Esa-Pekka Salonen en el mismo ciclo de Ibermúsica, demostró que el Clasicismo o el primer Romanticismo no le vienen mal, como a tantos jóvenes directores que se esconden tras el “ruido” de obras más modernas. Visto el ejemplar equilibrio que logró en la Sinfonía Pasión de Haydn y la concentración y expresividad –tal vez un poco demasiado sobria, pero esto no es un defecto– de su traducción de la Sinfonía Incompleta de Schubert, nos preguntamos si el repertorio realmente congenial de este joven maestro, lleno de entrega cuando dirige y de dominio técnico de la música que interpreta, no estará más en el siglo XIX que en el XX. Las respectivas propinas ofrecidas como lucidísimo cierre de ambas veladas –Polonesa de “Evgeny Oneguin” de Tchaikovsky y Obertura “Egmont” de Beethoven– corroboraron impresión tal.
Fotografía ©Chris Lee, cortesía de Ibermúsica