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Índices
Ópera en Turín
El Idomeneo de Livermore: ¿Dios existe?
Massimo Viazzo
Idomeneo drama para música en tres actos de Wolfgang Amadeus Mozart. Nueva producción escénica. Función del 24 de enero del 2010 en el Teatro Regio de Turín, Italia. Dirección musical: Tomáš Netopil. Dirección escénica: Davide Livermore. Producción escénica: Santi Centineo. Vestuarios: Giusi Giustino. Iluminación: Andrea Anfossi. Vídeo: Marco Fantozzi. Asistente de regia: Alessandra Premoli. Elenco: Matthew Polenzani (Idomeneo), Ruxandre Donose (Idamante), Annick Massis (Ilia), Eva Mei (Elettra), Alessandro Liberatore (Arbace), Dominic Armstrong (El gran sacerdote de Neptuno) y otros.
Para Davide Livermore, el director escénico de esta nueva producción de Idomeneo, puesta en escena en el Teatro Regio de Turín, la conocida frase del Libro del Génesis “Dios creo al hombre a su imagen y semejanza” debió ser alterada y volteada de cabeza completamente, invirtiendo el sujeto y totalmente el objeto. ¡Sí!, porque el “hombre” es el verdadero protagonista de esta producción, con todos sus miedos, sus ansias, sus inquietudes, pero también con las convenciones, los pactos, y las leyes creadas por él mismo para ser sobrepasadas, y también para decretar y para controlar, pero que en realidad terminan atándolo y sofocándolo (¡este fue un Idomeneo que podría ser completamente cercano al Wotan de las Valquirias, o Walküre!).
La moraleja es que sólo introduciéndose en la intimidad más secreta, y destruyendo ese mundo paralelo que generan los actos de autoritarismo, es como finalmente se puede vivir libre la propia existencia, más allá de la hipocresía. De hecho, al final del tercer acto, la Voz comunica sus decisiones por medio de la boca de Idomeneo, que fue iluminada por una resplandeciente luz (ya que no podía ser Idomeneo quien declarara la sentencia definitiva), y después de la última aria de Elettra, fue justamente el rey de Creta quien destruyó con un enérgico golpe de espada el mundo ficticio que el mismo había creado.
En todo caso parecería que Livermore, intentó liberar la ópera de una poética especifica del siglo XVIII (cuando el iluminismo estaba ya cortándoles las cabezas) haciéndola más moderna, más inmediata, más descendiente de nuestro tiempo, o en una palabra, más psicológicamente humana.
Desafortunadamente a una lectura artística tan interesante e inteligente le correspondió una realización musical sólo adecuada en partes. Muy desilusionante resultó la prueba de Tomáš Netopil guiando a la Orquesta del Teatro Regio, ya que concertó con poca tensión, escasa energía rítmica, cubriendo la obra maestra mozartiana deun triste velo de monotonía.
El elenco no desmereció desde el punto de vista estrictamente vocal, pero teatralmente los solistas parecieron descoloridos y poco carismáticos. Cierto, Eva Mei (Elettra) cosechó un mar de aplausos después de sus dos arias pirotécnicas, y también Matthew Polenzani (Idomeneo), que cantó la versión mas larga y cansada de “Fuor del mar”, mostrando seguridad y cierta adherencia; mientras que el Idamente de Ruxandre Donose pareció ser solo correcto y Annick Massis (Ilia) mostró algunas dificultades en la búsqueda de la mejor línea. Pero, en general, faltaron las intenciones que pudieran justificar a pleno los movimientos escénicos.
Fotografías Ramella & Giannese - © Fondazione Teatro Regio di Torino