Actualidad Musical
- Concierto de la Filarmónica de la Ciudad de México
- Leo Nucci, o mejor dicho ¡Rigoletto!
- El Idomeneo de Livermore: ¿Dios existe?
- Lucia de Lamermoor en Miami
- Trabajo, corrección y buenas expectativas
- Entrevista a Gabriel Erkoreka
- Simon Boccanegra: última ópera de la temporada ovetense
- Nott en Barcelona
- La música de Galileo y de las estrellas
- Zacharias y Zimerman en el CGI
- La Filarmónica de Nueva York en Ibermúsica
- Cuando todo funciona
- Una producción bella y honesta
- Entrevista a Eva León
- Un Don Giovanni minimalista en la Scala
- ¡Qué habría sido de Salzburgo sin Mozart!
- La favorita de Hitler
- Wagner en Terrassa
- Joyce DiDonato: Canti d'amore
- Grandes cantantes en pequeñas salas
- Tristan de Weigle en el Liceu
- ORTVE: Temporada variadita
- Cuatro buenos directores para la Nacional
- Directores británicos y magníficas orquestas en la Complutense
Índices
Ópera en Valencia
Cuando todo funciona
Fernando Morales
Palau de les Arts Reina Sofía. 23 de enero de 2010. Lucia di Lammermoor, drama trágico en dos partes. Música: Gaetano Donizetti. Libreto: Salvatore Cammarano basado en la novela de Walter Scott. Estrenada en Nápoles, Teatro San Carlo el 26 de septiembre de 1835. Lucia di Lammermoor: Nino Machaidze. Edgardo: Francesco Meli. Enrico: Vladimir Stoyanov. Arturo: Angelo Antonio Poli. Raimondo: Diogenes Randes. Alisa: Natalia Lunar. Normanno: Enrico Cossutta. Producción Gran Teatro de Génova y Mayo Musical Florentino. Director Musical: Karel Mark Chichon. Director de Escena: Graham Vick. Dirección de escena de la reposición: Marco Gandini, Patrizia Fini. Escenógrafo y vestuario: Paul Brown. Iluminador: Nick Chelton. Iluminación de la reposición: Gianni Mirenda. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Director del Coro: Francesc Perales.
Muchas veces nos referimos a tal o cual concierto o producción operística comentando este o aquel acierto, pero sin que realmente nos haya producido una impresión lo suficientemente favorable como para conservarla en la memoria y de vez en cuando rememorarla. No ha sido así con esta Lucia di Lammermoor que hemos podido disfrutar en el Palau de les Arts Reina Sofía. El poso que dejó esta producción no ha podido ser mejor, porque ha reunido un conjunto de factores que se han revelado todos como virtudes y que además, han funcionado a la perfección a todos los niveles. Sin ninguna duda, los abanderados de este éxito han sido sus protagonistas: la soprano georgiana Nino Machaidze y el tenor italiano Francesco Meli. Reunir dos voces tan dotadas, tan preparadas, con tantas cosas por decir y hacer de tan buena manera en un repertorio tan olvidado –por lo menos en el Palau de les Arts, donde por primera vez llega un título del bel-canto-, es una oportunidad única y un lujo tremendo.
Sabíamos cosas de Nino Machaidze, por ejemplo, que se le llama la nueva Anna Netrebko -calificativo que la incomoda- o la Angelina Jolie de la ópera –calificativo que acepta gustosa-, pero escucharla en directo se ha revelado como una experiencia canora de primer nivel. Dentro del registro de soprano lírico-ligera, pocas voces de esta categoría se han escuchado hasta ahora en el Palau de les Arts. Machaidze mostró una capacidad maravillosa para superar las coloraturas de sus intervenciones, virtud técnica que enriquece además con una musicalidad y un acierto en su enfoque del personaje realmente magistral. Evidentemente, todas las bondades de su intervención se pueden resumir en la escena de la locura del tercer acto. Escuchamos en esta fantástica escena todo lo que una voz bel-cantista puede mostrar para convencer al paladar operístico más exigente: elegancia en el fraseo, media voz subyugante, reguladores magistralmente dosificados, messa di voce magistralmente empleada, unos sobreagudos alucinantes y esa atmósfera que solo crean las grandes interpretaciones y que interrumpe literalmente el aliento a los espectadores cuando hay un silencio entre frase y frase. Además, es cierto que su presencia física sobre el escenario es agradable, ¿alguien da más?
De Francesco Meli no descubríamos nada, porque ya nos era conocida su maravillosa voz de tenor bel-cantista. Todavía nos sorprendió más con una recreación soberbia y portentosa de su Edgardo, al que dotó de una dignidad y una prestancia que casi nunca recibe de otras voces, menos dotadas para el canto y para la música en general. Para completar el elenco, a la pareja protagonista les secundaban voces de más que notable altura. Especialmente el barítono Vladimir Stoyanov, de voz aterciopelada y noble, que dibujó un acertadísimo Enrico. Menos brillantes, pero también efectivos el barítono Diógenes Randes como Raimondo y Angelo Antonio Poli como Arturo. Testimoniales los otros dos papeles.
Otra sorpresa nos deparó la dirección musical. No esperaba que Karel Mark Chichon fuera a ofrecer una lectura tan colorista y vitalista de la partitura donizettiana. Sin ser una de esas recreaciones luminarias que sientan cátedra, Chichon recorrió los vericuetos de la obra con inteligencia y siempre con gran intuición musical. A sus órdenes, la siempre efectiva y excelente Orquestra de la Comunitat Valenciana, como el Cor de la Generalitat Valenciana.
La producción que pudimos disfrutar era una reposición de la planteada por Graham Vick para Génova y Florencia. Gran trabajo el del director escénico, como el de Marco Gandini y Patrizia Fini, responsables de esta reposición.
En definitiva, enhorabuena para los amantes del bel-canto y para los amantes en general de la ópera, que por fin han podido satisfacer su apetito de este repertorio con un título señero, servido además con todos los ingredientes para convertirlo en uno de los momentos memorables de estos primeros años del coliseo calatravino del antiguo cauce del Turia.
Fotografía cortesía Palau de les Arts Reina Sofía ©Tato Baeza
Escribir a Fernando Morales