Discos y libros
- Tres viajes al Renacimiento de la mano de Guido
- Don Quijote al piano
- Va de piano
- Rarezas y no tan rarezas de Rossini
- Zoco mahleriano II
- Boccherini: Cuartetos Op. 8
- Vitier, Cuba y un piano
- Dos conciertos para piano
- Tonadillas escénicas
- La tiple del automóvil y de los brillantes
- Tasto Solo: más que música antigua
- OpusMusica Jazz: Miguel Ángel Chastang / The Curtis Counce Group
- Anton Webern y la nueva música
- Lang Lang, el elegido de los dioses
- Historia de la Música en España e Hispanoamérica. Vol. I
Índices
Crítica de discos
Va de piano
Albert Ferrer Flamarich
Andreu Riera: Piano Promenade. Obras de Mompou, Ravel, Poulenc, Mas Porcel y Falla. Andreu Riera, piano. Sello: Produccions Blau, CD 436. 1CD, duración: 70:17. Distribuidor: Discmedi.
Freddy Kempf: Obras de Mussorgsky, Ravel y Balakirev. Freddy Kempf, piano. Sello: Bis-1580, SACD. 1CD, duración: 65:16. Distribuidor: Diverdi.
Turina: Sonata romántica sobre un tema español Op. 3; Sonata Fantasía Op. 59; Rincón mágico Op.97; Concierto sin orquesta Op.88. Jordi Masó, piano. Sello: Naxos, CD 8.557438. 1CD, duración: 67:45. Distribuidor: Ferysa.
Poco conocido en el mercado de la clásica, el sello mallorquín Aurablau esporádicamente edita discos como el presente, merecedor de respeto y comentario, cuyas notas de carpeta firmadas por Antoni Pizà también suman interés al registro. Un volumen que nos acerca al notable pianista Andreu Riera a través de un repertorio poco espectacular pero muy exigente, de influencia francesa y que, en buena medida, recoge la herencia impresionista. En consecuencia, es fundamental captar el idiomatismo de cada pieza y profundizar en el plus poético inherente para no caer en la nimiedad. Riera lo logra y las resultantes son unas ejecuciones más que correctas, con dosis de transparencia, digitación bien articulada y, en definitiva, las cualidades de dominio técnico y expresivo mínimos para este repertorio lleno de cambios estéticos internos y de carácter evocativo. Su discurso contiene pinceladas de luminosidad y jovialidad, fluctuando entre la trascendencia y el bagatelismo. Sirven de ejemplo las Variacions sobre un tema de Chopin de Mompou, las miniaturas melódicas Metéores de Jaume Mas Porcel o Fantasía Baética de Falla.
Freddy Kempf presenta un programa de máxima dificultad por ser un paradigma de virtuosismo. La toma sonora es excelente aunque se intuye que se trata de un artista al que el disco le resta gama sensorial. Sabe jugar con las resonancias, crear espacios y la tecnología, por muy buena que sea, disipa esto. Su pianismo es directo, poco amante de la retórica y su temperamento tiene algo de iconoclasta. He ahí la espectacular Islamey, una re-creación por el énfasis virtuosístico, y Gaspard de la nuit en una lectura romántica, visionaria y un poco crispante que bucea en una gran riqueza de sonoridades. Atención a “Le Gibet”. A Kempf le gusta ir rápido: lo demuestran el minutaje y la progresión de muchos de los números de Cuadros de una exposición. Le gusta inflexionar, sorprender. Tiene ideas y gusto: sabe ser trascendental como en “Bydlo”, “Goldenberg”; y es capaz de realizar estudios de sonoridad a la manera deconstructivista de Liszt como en “Catacombae”. Por estos motivos, sus Cuadros se alejan de concepciones majestuosas y unitarias y poseen un carácter heterogéneo con un aliento jovial que no cae en efectos gratuitos. “La gran puerta de Kiev” es una prueba de contención y profundidad en un discurso desplegado con amplio colorido y que se cierra con unos acordes finales impresionantes. En parte, porque es en los tiempos lentos donde logra mayor claridad de texturas y una conveniente pulsación de base.
Segundo volumen de los dedicados a la obra pianística del sevillano Joaquín Turina, en el que se establece un recorrido desde la alfa a la omega en este terreno. Una compilación que certifica la evolución de un autor que no renunció a su esencia intrínsecamente española pero evocando cierta nostalgia por el romanticismo –como el mismo reconoció– de raíz alemana y de vaporoso colorismo afrancesado. Entre las obras destacan el apenas conocido Concierto sin orquestra op. 88 (1935), que nos remite a Liszt y Rachmàninov con pasajes de considerable refinamiento y intimismo; la Sonata Fantasía op. 59(1930) impregnada de pinceladas impresionistas a partir de un substrato popular; y la Sonata romántica sobre un tema español op. 3 (1909) en un clarísimo homenaje al por entonces recientemente fallecido Albéniz, quien impregna una partitura premonitoria de la madura flema turinesca. En conjunto son obras caracterizadas por los frecuentes cambios estéticos y que Jordi Masó articula en un discurso que gana profundidad y pierde efectismo. En consecuencia, su Turina no retrata ambientes sino que sensualmente evoca sensaciones. Y es que el pianista ofrece aquel plus de convencimiento que perfila un alto vuelo. Se trata de una integral de referencia que justifica la reputación internacional que paulatinamente ha asumido el pianista catalán.
Escribir a Albert Ferrer Flamarich