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Índices
Ópera en Valencia
Una producción bella y honesta
Fernando Morales
Palau de les Arts Reina Sofía. Teatre Martín i Soler. 7 de febrero de 2010. Una cosa rara ossia bellezza ed onestà, dramma giocoso en dos actos. Música: Vicente Martín i Soler. Libreto: Lorenzo da Ponte basado en La luna de la sierra de Luis Vélez de Guevara. Estrenada en Viena, Teatro Teatro de la Corte el 17 de noviembre de 1786. Isabella: Ofelia Sala. Giovanni, Príncipe de España: Joel Prieto. Corrado: Javier Tomé. Lilla: María Hinojosa. Ghita: Maite Alberola. Lubino: Isaac Galán. Tita: Lluís Martínez-Agudo. Lisargo: Sávio Sperandio. Nueva producción Palau de les Arts Reina Sofía. Director Musical: Ottavio Dantone. Director de Escena: Francisco Negrín. Escenografía: Rifail Ajdarpasic, Ariane Isabell Unfried. Vestuario: Louis Désiré. Iluminador: Bruno Poet. Coreografía: Ana Yepes. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Director del Coro: Francesc Perales.
El Palau de les Arts Reina Sofía está llevando las más importantes óperas de Martín i Soler al coqueto teatro de su mismo nombre. En esta más reducida sala ya han pasado sus dos títulos más representativos: L’arbore di Diana el pasado año y en esta ocasión Una cosa rara. En ambos casos se puede decir que la dignidad, la profesionalidad y el respeto por la música de este valenciano ilustre, pero casi siempre menospreciado, han sido las conclusiones finales.
En el caso que nos ocupa, el de la ópera inmortalizada por Mozart en el finale del segundo acto de Don Giovanni, hay que referirse al excelente trabajo capitaneado por Francisco Negrín, y que nos ha regalado una visión renovada, fresca, imaginativa, inteligente, pero sobre todo, enormemente simpática de esta gran partitura del compositor valenciano.
Negrín, uno de los habituales de la casa, tras sus trabajos en Orlando –excelente- y La corte del faraón –no tan excelente-, ha planteado una puesta en escena actualizada, en la que los exteriores y los interiores se imbricaban a la perfección gracias a estructuras móviles. Jugando con ellas sitúa la acción en dos niveles desde los que los personajes van desarrollando la acción y que sirve a la perfección para lograr un movimiento actoral muy apreciable pese a las reducidas dimensiones que brinda el escenario de esta sala de ópera de cámara.
El segundo factor a destacar de esta producción han sido las voces. Se han combinado las profesionales con las noveles del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, y la mezcla ha sido convincente. Sin duda alguna, la voz de la soprano valenciana Ofelia Sala en el papel de Isabel de Castilla, fue la que más pudo lucir sus virtudes, que son muchas. Su voz ha ganado peso, ha oscurecido el color y la maneja con enorme musicalidad, aunque el volumen siga siendo un poquito justo. Lo mismo hay que decir de la preciosa voz de tenor ligero de Joel Prieto, que el pasado año ya nos gustó como el Ferrando de Così fan tutte, si bien en aquélla ocasión su escasa potencia vocal le hacían permanecer inaudible en muchos momentos. Pudo lucirse ahora con plenitud, mostrando una atractivísima voz, perfectamente dotada para este repertorio del clasicismo.
La pareja femenina tuvo en la Lilla de María Hinojosa una estupenda aportación, como también lo fue la convincente visión del personaje de Ghita de Maite Alberola, por otra parte, dueña de una excelente vis cómica. Los personajes masculinos destacaron por la nobleza de sus voces. Tanto Isaac Galán como Lubino como Lluís Martínez-Agudo como Tita. Simpático el personaje bufo de Lisargo, el alcalde, en voz de Sávio Sperandio, como hábilmente taimado el personaje de Corrado dibujado por el tenor Javier Tomé.
Muy interesante la lectura de Ottavio Dantone de la partitura de Martín i Soler, en muchos aspectos más interesante y colorista que la clásica conocida de Jordi Savall. Sin recurrir a forzar en exceso los acentos, supo cantar con ligereza y con intención todos los temas de esta ópera. Perfectamente le siguió la Orquestra de la Comunitat Valenciana, así como el Cor de la Generalitat.
Graciosa fue la broma de hacer del príncipe Giovanni un niño pijo mimado, como lo fue que la reina fuera de cacería con pistolas de agua. Por cierto, que en una de esas, el príncipe juega en casa a un minigolf y contrariado por no tener el amor de Lilla golpea con furia las bolas, con tal intensidad que en la función del estreno mandó una de ellas al foso, por suerte no cayó en la cabeza de nadie.
Lo peor fue la respuesta de público: no llenó la sala y de presencia institucional, nada de nada. Evidentemente, no llevarlo a la temporada regular tiene estos problemas: que es más difícil llenar la sala. Para los que no han querido ir: ellos se lo han perdido.
Fotografía cortesía Palau de les Arts Reina Sofía ©Tato Baeza
Escribir a Fernando Morales