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Ópera en Oviedo

Simon Boccanegra: última ópera de la temporada ovetense

Eugenia Fernández Tejón

Simon Boccanegra

“Simon Boccanegra”. Giuseppe Verdi. Intérpretes: Marco di Felice (barítono, Simon Boccanegra), Ángeles Blancas (soprano, María Boccanegra), Vitalij Kowaljow (bajo, Jacopo Fiesco), Giuseppe Gipali (tenor, Gabriele Adorno), Paolo Pecchioli (bajo, Paolo Albiani), Víctor García Sierra (barítono, Pietro), José Tablada (tenor, Un capitán), Vanessa del Riego (soprano, Una sirvienta de María). Dirección de escena: Stefano Vizioli. Diseño de escenografía: Robert Innes Hopkins. Diseño de vestuario: Anna Maria Heinreich. Diseño de iluminación: Franco Marri. Dirección musical: Daniele Callegari. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección del coro: Patxi Aizpiri. Coro de la Ópera de Oviedo. Teatro Campoamor, 23, 25, 28 y 30 de Enero de 2010.

No ha sido un gran final de temporada esta producción de Simon Boccanegra procedente de la Ópera de Santa Fe. Después de dos éxitos rotundos con Mozart y Haendel, el siempre bien acogido Verdi quedó deslucido por una escena pobre de medios e ideas. Del mismo modo, las buenas expectativas vocales se vieron ensombrecidas por la polémica cancelación de Carlos Álvarez, que fue sustituido por el barítono italiano Marco di Felice en el papel principal.

A ello contribuyó el que ésta no sea una de las obras más brillantes del autor, ni siquiera para él mismo, que solía referirse a su Boccanegra con las siguientes palabras: lo he querido tanto como se quiere a un hijo deforme. Pertenece a una etapa de transición dentro del proceso creativo verdiano, caracterizada por un cierto desequilibrio formal debido a su intento por renovarse y salir de los esquemas de éxitos pasados, pero sin la madurez necesaria que sí tendrán sus últimas obras, Otello y Falstaff. Ni siquiera la intervención del prestigioso libretista Arrigo Boito en la reedición de esta ópera, veinte años después de su estreno, pudo evitar su irregularidad tanto en el aspecto musical como dramático. Por lo tanto, es comprensible la complejidad de llevar a escena un drama que tiende a desorbitar las acciones y la conducta de los personajes, pero tampoco pudimos ver en este montaje de Stefano Vizioli nada que lo superara o le diera credibilidad.

Un argumento tan engorroso implica siempre una infraestructura técnicamente costosa si se pretende ser historicista y una buena dosis de originalidad si se pretende ser conceptual o minimalista. Nada de todo ello en esta escenografía que concentró su propuesta en torno a un gran cubo giratorio, ruidoso y estático que impedía moverse con naturalidad a los personajes, especialmente en aquellas escenas en que intervenía el coro, y que estéticamente se caracterizó por el  mal gusto hasta en la elección de los colores del decorado. La dirección de actores dejó mucho que desear, recurriendo a estereotipos obsoletos que mostraban unos personajes carentes de toda emoción o sentimiento, que decían amarse sin mirarse de frente, en pos de una mejor proyección vocal ante el público, o que veían morir a su padre desde el otro extremo del escenario sin inmutarse.

Los mejores momentos tuvieron lugar durante el segundo acto en el que las voces ya templadas dieron lo mejor de si mismas. La crítica contra la dominación, el poder y la corrupción política que impregnan las obras de Verdi y que se manifiesta en especial en este acto se personalizó de forma excelente a través del coro que represento al pueblo en una vigorosa caracterización musical. También la Orquesta Oviedo Filarmonía tuvo aquí la oportunidad de desplegar toda su fuerza bajo la dirección de Daniele Callegari. Como italiano es un gran conocedor de este repertorio y declaró a la prensa su intención de mostrar la italianidad de esta música, su esencia nacional, al público asturiano. La orquesta sonó dinámica y vital, aunque no haya sido de las mejores actuaciones de la formación en este teatro.

Simon Boccanegra en Oviedo

El aspecto puramente vocal fue lo mejor sin llegar a ser sobresaliente. La soprano Ángeles Blancas destacó desde el punto de vista escénico dando vida a María Boccanegra. Con gran esfuerzo consiguió controlar su voz en el primer acto donde era incapaz de apuntalar los agudos y tuvo serios problemas con la respiración. Poco a poco fue mejorando su proyección hasta conseguir pasajes de calidad.

Pero sin duda, esta es una ópera para voces masculinas con dos protagonistas rivales que en el fondo se respetan y aprecian. Marco di Felice, aunque resultara muy poco expresivo como actor defendió con profesionalidad su interpretación vocal en el papel del corsario genovés convertido en Dux por voluntad popular, al igual que lo hiciera su antagonista Jacopo Fiesco en la voz del bajo Vitalij Kowaljow. Este último fue quien mostró más seguridad y carácter en escena al mismo tiempo que hizo alarde de una gran  templanza vocal sin dudar en los graves más comprometidos. El tenor Giuseppe Gipali fue aplaudido en alguna de sus arias pero, falto de potencia y volumen, se diluyo seriamente en los dúos y conjuntos. El resto de las actuaciones de los personajes secundarios fueron discretas pero correctas.

Bajado ya el telón se puede pensar que algunas de las propuestas de la temporada que ahora concluye son mejorables, pero se hace necesario apoyar con convicción el esfuerzo de toda la organización para sacar adelante un espectáculo tan costoso y que cada vez sufre más drásticamente los recortes y la crisis en la que estamos inmersos. Esperamos con ilusión la próxima temporada que, con todos los títulos ya determinados, promete buenos tiempos para la lírica en esta ciudad, a pesar de todo.

Fotografías cortesía de la Fundación Ópera de Oviedo © Carlospictures

Escribir a Eugenia Fernández Tejón