. .

Crítica de libros

Anton Webern y la nueva música

Aurelio Viribay

"No sé lo que Hitler entiende por música nueva,
pero sé que para esa gente lo que nosotros designamos como tal es un crimen"
(Anton Webern).

Título: El camino hacia la nueva música. Autor: Anton Webern. Traducción del alemán de José Anibal Campos. Edición a cargo de Willi Reich. Prólogo de Luca Chiantore. Editorial Nortesur, Barcelona 2009. Nº de páginas: 139. ISBN 978-84-936369-9-9.

El camino hacia la nueva música

La nueva música de la que nos habla Anton Webern en este libro tiene ya casi un siglo de vida, pero lo que explica el compositor austríaco es tan vigente para la música actual como para la de cualquier época. Porque precisamente lo que viene a defender Webern en la serie de conferencias aquí transcritas, dictadas en Viena los años 1932 y 1933, es que la evolución de la música ha seguido siempre una ley natural. Partiendo de la visión de Goethe del arte como "un producto de la naturaleza universal bajo la forma particular de la naturaleza humana" o, dicho de otra forma, que "el hombre es sólo el molde en el que se funde lo que la naturaleza universal desea expresar", Webern traza una línea lógica que va desde el comienzo del arte de los sonidos hasta las creaciones de sus contemporáneos, sin separarse de la premisa de que "la música es la naturaleza con sus leyes en relación con el sentido del oído". Al leer este libro comprendemos que las obras maestras de la historia de la música tienen mucho de "necesario" o de "inevitable", sea cual sea la época a la que pertenezcan, y en esta línea el compositor sostiene que "la escala diatónica no fue inventada sino descubierta". Este sutil pero decisivo matiz es el mismo que aplica a la música dodecafónica, salvando la diferencia entre consonancia y disonancia por el hecho de que "todo el ámbito de las posibilidades tonales está contenido en las notas, tal y como nos las proporciona la naturaleza", y considerando la evolución de la música como el resultado de la "conquista gradual del material proporcionado por la naturaleza", es decir, la "explotación gradual del campo tonal".

El discurso de Webern se basa en dos principios básicos, el de unidad y el de comprensibilidad, lógicamente ligados entre sí, de los cuales derivan otros, como las ideas de repetición, forma, estructura, desarrollo, claridad o libertad aplicados a la composición musical y a la recepción de la obra por parte del oyente. La conclusión lógica de la idea de la música como un arte basado en los principios de unidad y comprensibilidad es para Webern la conquista del cromatismo —gracias a la pérdida de la relación con un sonido fundamental—, y finalmente "la composición con doce sonidos sólo relacionados entre sí". De hecho la composición dodecafónica es vista por el vienés, al igual que fue la tonalidad en su día, como "un medio para expresar la mayor unidad posible en la música".

Webern fija el año 1908 como el momento de la ruptura con la tonalidad iniciado por Arnold Schönberg con la composición de sus primeras piezas atonales, las Tres piezas para piano op. 11. A partir de aquí explica paso a paso la conquista de la técnica dodecafónica y la lógica con la que las leyes que la regían iban presentándose como descubrimientos y necesidad, más que como creación o invención. Goethe, que servía al compositor como punto de partida para su discurso, sirve también como colofón: "Como en la Urpflanze, la planta primigenia de Goethe, la raíz no es en realidad algo diferente del tallo, y el tallo no es otra cosa distinta de la hoja, y la hoja, a su vez, no es diferente de la flor"; al igual que ocurre en la técnica dodecafónica, todo son variaciones de la misma idea y "algo que aparentemente es otra cosa es en realidad lo mismo".

Finalmente Webern hace alusión al papel del oído en la percepción de la serie de doce sonidos, a la importancia de la música vocal en el proceso evolutivo que lleva a la serie, a una justificación de la libertad compositiva en el ámbito cerrado de la serie y a la explicación de diversas formas de tratar este material básico. La conclusión final es que la serie suplanta a la tonalidad en un proceso lógico que es más una creación de la naturaleza que una obra humana.

El material de este libro fue publicado originalmente en 1960 y ahora el lector de habla española, gracias a la excelente traducción de José Aníbal Campos y a una cuidada edición, puede acceder a un texto que nos acerca con naturalidad a un lenguaje sonoro que para muchos es todavía extraño, y que nos hace reflexionar sobre la evolución de la música y el arte. Puede que comprender este libro y su discurso lógico e hilado de forma tan coherente sea más fácil que comprender la música dodecafónica. Esa era la nueva música de la que con tanta pasión nos habla Webern, una música que hoy en día contemplamos también como punto de partida de una evolución aún más radical que ha abierto caminos y posibilidades seguramente impensables en su tiempo. Cuanto más comprendemos a Webern y más cerca sentimos su razonamiento, más nos asombra sin embargo el paso de gigante dado por los compositores de la Segunda Escuela de Viena hace un siglo. No se puede sino admirar el valor, la convicción, el entusiasmo y el idealismo de estos artistas visionarios que fueron capaces de dar un salto gigantesco donde la gran mayoría sólo podían ver un abismo.

Escribir a Aurelio Viribay