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Índices
Ballet en París
La Ópera Garnier de París recuerda a Federico Chopin
Alicia Perris
La Dame Aux Camélias. Ballet de l´Opéra de Paris. Música Frédéric Chopin. Coreografía y puesta en escena Neumeier (1978). Orchestre de l´Opéra National de Paris. Emmanuel Strosser, Frédéric Vaysse-Knitter: pianos. Jürgen Rose: decorados y vestuario. Rolf Walter: luces. Aurélie Dupont: Marguerite Gautier. Jiri Bubenicek: Armand Duval. Michaël Denard : Monsieur Duval, padre de Armand y cuerpo de Baile de la Ópera de Paris. 23 de febrero, 2010.
“He vivido todo lo que he representado. Puedo decir que desde que tomé la pluma, no hay una sola palabra de las que he escrito que no haya hecho surgir una emoción o un recuerdo de mi propia vida…Busqué cómo unir esta emoción, este recuerdo y esta certidumbre a la realidad humana, y de este acercamiento han nacido mis obras” (Alejandro Dumas, hijo, autor de La Dama de las Camelias)
Estructurado en un prólogo y tres actos, se trata de un montaje exhaustivo, para un amplio lucimiento no sólo de las primeras figuras, sino también de todos los artistas que participan en la propuesta chopiniana. Desde el largo de la Sonata en si menor, op. 58, al Concierto para piano y orquesta en fa menor op. 21, valses, tres escocesas, preludios o baladas entre otras partituras, la música de Chopin realza esta puesta en escena con unas actuaciones por parte de los protagonistas que enmarcan unos decorados lujosos y un vestuario de ensueño.
Maravillosa Aurélie Dupont en su Margarita Gautier, sensible, armónica, bellísima, como etérea, flotando a lo largo de un espectáculo agotador, pero que deja en el espectador la sensación de la plenitud artística. Compitiendo con la Sonámbula de Bellini en la Ópera Bastilla, el Palacio Garnier completó el aforo sin ninguna posibilidad de conseguir entradas para la velada del ballet. El público, que se movía de un lado al otro de las salas estilo Segundo Imperio, contemplaba el panorama arquitectónico, los diseños de la ropa de los asistentes, algunos maravillosos, otros más corrientes. Comía y bebía con compulsión digna de mejores derroteros. Un detalle incongruente fuera de toda lógica: los espectadores acuden con sus bebidas a los palcos en una inusitada falta de estilo y buena educación que contrasta muchísimo con el entorno, delicado e imponente de la estética de la segunda mitad del siglo XIX.
La novela de Alejandro Dumas hijo, tantas veces presentada en ópera, o en cine, adquiere en este ballet de Neumeier una delicadeza sutil y a la vez una potencia expresiva que atrapa y emociona. En los entreactos, la posibilidad de disfrutar de la ampliación de la tienda de la Ópera Garnier, donde se exhiben desde libros o discos de famosas representaciones, hasta tutús de la inefable Maison Repetto.
La coreografía de Neumeier, el más europeo de los coreógrafos americanos, parece incontestable, como el prestigio de que goza su autor en el mundo entero.”Poniendo el virtuosismo técnico, el gesto expresivo y la personalidad de sus intérpretes al servicio de complejos estados de ánimo, Neumeier pasa espontáneamente de la realidad al sueño, de la angustia existencial a la esperanza”.
Por su parte, la obra de Chopin ha inspirado a menudo a los coréografos, de Michel Fokine a Ashton, de Robbins a Maurice Béjart. John Neumeier se inscribe pues en una tradición bien establecida y bien comprensible: ¿hay algo más natural que bailar a Chopin, cuando se piensa que este músico tiene tantas referencias de la danza y se alimenta de ella? (valses, mazurcas, polonesas, boleros, tarantelas). Y sin embargo es difícil de plasmar en danza la música de Chopin. En este caso, la Ópera Garnier ha conseguido retratar una ola de emociones que se desliza entre sensaciones, serpentea entre la soledad y la pujanza del amor. Y la tristeza y la nostalgia de una historia, que desde el principio no puede ser y está condenada al fracaso. El lamento de la ausencia y de la muerte, dibujados en la fugacidad y el disfrute de la belleza.
Escribir a Alicia Perris