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Índices
Crítica de libros
Gustavo Durán
Aurelio Viribay
"Piensa simplemente en Durán, que no había recibido nunca instrucción militar,
que era un compositor, un niño bonito antes del Movimiento
y ahora es un general de Brigada rematadamente bueno.
Para Durán ha sido todo tan sencillo y tan fácil de
aprender como el ajedrez para un niño prodigio".
(Ernest Hemingway, "Por quién doblan las campanas")
Título: Comandante Durán. Leyenda y tragedia de un intelectual en armas. Autor: Javier Juárez. Editorial: Random House Mondadori, Debate. Nº de páginas: 451. ISBN: 978-84-8306-866-3.
Cuando Rafael Alberti gana el Premio Nacional de Literatura de 1924-1925 con Marinero en tierra, encargó a tres de sus amigos compositores la creación de una canción basada en un poema del libro para incluirla en la edición. Los tres compositores eran Gustavo Durán y los hermanos Ernesto y Rodolfo Halffter. A partir de ese encargo Ernesto Halffter escribió sus Dos canciones: La corza blanca y La niña que se va al mar, su hermano Rodolfo compuso Del cinema al aire libre —titulada posteriormente Verano—, mientras que Gustavo Durán compuso El salinero. En el libro que se publicó con una carta de Juan Ramón y un dibujo de Vázquez Díaz, serían incluidas La corza blanca, de Ernesto Halffter, Del cinema al aire libre de Rodolfo Halffter y El salinero de Gustavo Durán. En su libro de memorias La arboleda perdida Rafael Alberti relata este hecho:
“Tres jóvenes compositores —Gustavo Durán, Rodolfo y Ernesto Halffter—, entusiasmados con el corte rítmico, melódico de mis canciones, pusieron música a tres de ellas. De ese trío, la de Ernesto, maravillosa —La corza blanca— consiguió, a poco de publicada, una resonancia mundial. Las otras dos —Cinema y Salinero— eran bellas también y se han cantado mucho” (1) .
El 25 de abril de 1926 en un recital celebrado en Madrid con motivo de una exposición de pintura, Gustavo Durán acompañó al piano al cantante Alberto Anabitarte las tres canciones, dentro de un variado programa que incluía también obras de los franceses Louis Durey, Maurice Ravel y Claude Debussy. Intérpretes y compositores fueron alabados por igual por el influyente crítico Adolfo Salazar en su crónica de este concierto publicada en el periódico El Sol.
Sirva esta introducción para constatar la relevancia de Gustavo Durán como compositor, un caso especial ya que permaneció muy cercano al "Grupo de los Ocho de Madrid" (2) pero no llegó a formar parte de él. De hecho, María Palacios, autora de una importante monografía sobre este grupo de compositores, se pregunta en su libro por qué razón Durán no formó parte del grupo, a la vez que justifica la licencia que supone la inclusión en su libro de un estudio de su canción titulada Salinero como la excepción que justifica la regla (3) .
Gustavo Durán (Barcelona, 1906-Atenas, 1969) comienza su carrera de compositor antes de la Guerra Civil. Es amigo de Salvador Dalí, Luis Buñuel, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Pepín Bello en los dinámicos años veinte compartidos en la Residencia de Estudiantes de Madrid. También el pintor canario Néstor Martín Fernández de la Torre es una figura clave en la vida del músico, que llegó a ser discípulo de Manuel de Falla y actuó con la Argentinita en París.
Simpatizante de la República, el estallido de la Guerra Civil reconvierte al intelectual en militar, comenzando de soldado raso para escalar rápidamente posiciones gracias a su talento y a su facilidad para los idiomas. Llega a dirigir como teniente coronel el XX Cuerpo del Ejército y a convertirse en una de las referencias mediáticas del Ejército Popular en la defensa de Madrid. Tras la derrota del bando republicano sufre el exilio, que compartió en La Habana con Hemingway, quien se inspira en él para su novela ¿Por quién doblan las campanas? Durán se incorpora al servicio del cuerpo diplomático norteamericano en la Cuba prerrevolucionaria y en la Argentina previa a la llegada de Perón a la presidencia. Desde 1946 trabaja como funcionario en la ONU. Sufrió la persecución del senador McCarthy durante los procesos denominados como "caza de brujas" y, sin volver a pisar nunca España, terminó sus días en Grecia como alto funcionario de las Naciones Unidas, encargado de la supervisión del violento proceso de descolonización del Congo Belga.
Javier Juárez nos relata la vida convulsa de Gustavo Durán en esta excelente biografía que se lee como si fuera una novela, pero tras cuyo estilo ameno y novelesco se esconde una profusa y detallada labor de documentación. Una extensa bibliografía y un práctico índice alfabético de personas y nombres completan esta interesante edición que atraerá por igual a los lectores aficionados a la música, el arte, la política o la historia.
(1) ALBERTI, Rafael: La arboleda perdida, 1. Primero y Segundo libros (1902-1931). Madrid: Alianza Editorial, 2002, pp. 233-234.
(2) Integrado por los hermanos Ernesto y Rodolfo Halffter, Julián Bautista, Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Gustavo Pittaluga, Juan José Mantecón y Rosa García Ascot.
(3)PALACIOS, María: La renovación musical en Madrid durante la dictadura de Primo de Rivera: El Grupo de los Ocho (1923-1931). Madrid: Sociedad Española de Musicología, 2008, p. 408.
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