Discos y libros
- Richard Strauss en el sello Fuga Libera
- Pequeñas enciclopedias
- Protagonistas de la ópera en imágenes
- Picasso y la música
- Zoco mahleriano III
- El Quinteto y el Cuarteto de César Franck
- Elduayen y Garbizu, dos compositores guipuzcoanos
- Gustavo Durán
- Cantatas tristes de Scarlatti, ossia La corrección enjauló al Ruiseñor
- Mozart-Mackerras: un clásico
- Antes y después de Iberia
- Hen Bennink Trio/ Duke Ellington, Charles Mingus & Max Roach
- Primeras obras de Sor
- El “amore” según Händel
- Historia de la Música Occidental
Índices
Crítica de discos
Elduayen y Garbizu, dos compositores guipuzcoanos
Joaquim Zueras Navarro
Tomás de Elduayen: Obras para órgano. Esteban Elizondo en el órgano de la Catedral del Buen Pastor, San Sebastián. Sello: Aeolus. Ref.: AE-10681.
Tomás Garbizu: Música para Txistu y piano. Jose Ignacio Ansorena, txistu y tamboril. Álvaro Cendoya, piano. Sello: Naxos. Ref.: 8.557630.
Tomás Echevarría Elósegui (1882-1953) nació en Elduayen. Estudió humanidades y teología en el colegio de los padres capuchinos de Lecaroz, así como armonía y contrapunto con Ismael Echezarra. En 1901 tomó el hábito de capuchino, adoptando el nombre de Tomás María de Elduayen. Dos años después fue destinado a Chile como organista del Convento de San Antonio de Santiago y después a Argentina. Lejos de conformarse con los estudios recibidos, siempre mantuvo una gran inquietud autodidacta que le hizo adquirir una amplia cultura musical, literaria y artística. En 1920 regresa a Lecaroz y sus primeras composiciones comienzan a editarse. Su producción consta de unas 200 obras, entre las cuales destacaría: “Las Siete palabras para voz y órgano”, “Laudes Mariales”, “Laudes Eucharsticae”, “Misa O Doctor optime”, “Tríptico Antoniano” un “Magnificat” y las piezas para órgano destinadas a la liturgia, reunidas bajo el título “Misa Laudate Pueri Dominum”.
En cuanto al órgano, Esteban Elizondo ha inventariado alrededor de 70 composiciones, publicadas casi todas ellas en la revista Tesoro Sacro Musical, en varios álbumes de la Editorial Boileau, en la Antología Órgano Sacro Hispano, del Padre T. L Pujadas, y en Cien Años de Música para Órgano en el País Vasco y Navarra, del mismo Elizondo. Lorenzo Ondarra describió su música así: “...desarrolló un estilo de armonía cromática que daría luego paso a un lenguaje más directo y personal, fundamentado en una armonía libre, impresionista, con algunas incursiones en la politonalidad”. De sus obras se desprende que estaba muy al día en las maneras avanzadas con las que se expresaban sus contemporáneos, defendiendo la independencia del compositor que no busca la complacencia del público, sino la trascendencia de su pensamiento acorde a su conciencia libre. El resultado es la pieza breve, de destacado color armónico, intensa en la evocación de escenas y sentimientos. De su estima y arraigo por la tierra que le vio nacer dan testimonio más de una veintena de Preludios sobre temas populares vascos, como A la Virgen de Guadalupe, Puesta de sol, Berceuse, Nocturno, Invocación, Nostalgia y el Preludio sobre el canto de cuna “Nere maitia”. Durante su estancia en Andalucía escribió una serie de piezas que poseen un aroma lejano de folklore andaluz. Determinados arabescos y progresiones armónicas características le sirven como contexto en el que plasmar instantes de una belleza intransferible, como el Retablo Andaluz, que agrupa Nuestra Señora del Buen Viaje, San Miquel Arcángel, Ascendit Deus in jubilatione, Nuestra Señora del Rocío, Pentecostés y Divina Pastora; también las Saetas A la Virgen de la Palma, Al Cristo de la Expiración y A la Virgen de la Soledad. El resto de obras contenidas en el CD son: San Mauricio, que sorprende por su flamante fanfarria; un Interludio de carácter gregoriano, cuya melodía discurre arropada por un inquietante acompañamiento; finalmente, una meditativa Elegía en la que abundan los contrastes entre la épica y el intimismo.
El órgano de la Catedral del Buen Pastor, en San Sebastián, fue construido por Organería Española Sociedad Anónima e inaugurado el 19 de enero de 1954. Se habló entonces de que se trataba del mayor órgano de España; en cualquier caso es un órgano monumental, que posee cinco teclados manuales y uno de pedal, con 125 juegos. En el 2007 fue reinaugurado tras una importante restauración, en las que se respetaron sus características sonoras básicas. Una vez más, Esteban Elizondo interpreta con un elevado sentido artístico y una técnica clara y precisa.
El mismo año en que Elduayen recibió el hábito capuchino, nacía en Lezo Tomás Garbizu (1901-1989). Cursó estudios musicales en San Sebastián. Al estallar la Guerra Civil se trasladó a Francia, perfeccionando sus estudios con el profesor-organista Charles Lebout. En 1941, de nuevo en Madrid, ejerció de organista en la iglesia de San Luis de los Franceses y en 1954 desempeñó la cátedra de órgano del Conservatorio de San Sebastián. Por su labor docente y como difusor de la música donostiarra recibió numerosas distinciones. Hay varias coincidencias entre Elduayen y Garbizu, ambos guipuzcoanos, los dos sienten una enorme atracción por la literatura y el órgano es su medio natural de expresarse. Esto último ha sido la causa de que el resto de su producción musical no haya sido convenientemente atendida. No obstante, el sello Naxos, tras haber editado un CD de Garbizu con obras para piano solo, publica ahora otro con obras para txistu y piano ejecutadas por dos excelentes intérpretes que fueron alumnos del compositor. Recordemos que el txistu es una flauta de pico con tres únicos orificios, que se toca con una sola mano. Su aparente economía de medios es engañosa, pues sus posibilidades son amplias, aunque exige notable pericia. En la cultura vasca es el instrumento más tradicional, presente en danzas, romerías y actos de homenaje. Garbizu conocía bien este instrumento y decía “El txistu es del monte, debe volar como las aves, libre”.
Según el xtistulari Ansorena, Garbizu consideraba las Viejas canciones donostiarras, con que se abre el disco, lo mejor de su obra, junto con la “Misa Benedicta”. Son muy representativas del folklore eúskaro y su tratamiento armónico constituye un certero ropaje, tan discreto como elegante. En las Euskal Suitea I y II, a tres y cuatro partes respectivamente, también están presentes los temas vascos. Las melodías, llenas de gracia y encanto, parecen querer invitarnos a la rememoración de siglos anteriores. Siguen Lau Zortzikos (Cuatro zortzikos), con su característico compás en 5/8. Mendiko Itzala (La sombra de la montaña) debe su inspiración a una excursión por Bortziri de grato recuerdo. En la primera parte se cita un tema popular que silbaban los pastores imitando el vuelo de diferentes aves rapaces. En la segunda recrea con melodías originales las impresiones del paisaje de Igantzi. A finales del siglo XIX José Antonio Santesteban publicó “Cantos y Bailes tradicionales vascongados”. Garbizu revisó aquellas partituras, volviendo a adaptarlas para piano. En esta grabación se ha devuelto al txistu y al tamboril la parte melódica que le correspondía, bajo el título de Cuatro danzas guipuzcoanas. Como conclusión, Agur, jaunak, que Garbizu recreó hasta convertirla en una paráfrasis.
José Ignacio Ansorena obtuvo la Cátedra de Txistu del Conservatorio Superior de San Sebastián, que conlleva la plaza de Director de la Banda Municipal de Txistularis, frecuentemente premiada. Su trabajo ha sido fundamental en el perfeccionamiento de la afinación del txistu, del estudio de su técnica y pedagogía, contribuyendo a la ampliación del repertorio para este instrumento. Ha publicado el método para txistu y tamboril “Tchistu Gozoa” en cuatro tomos. Álvaro Cendoya, además de haber realizado una carrera brillante como concertista internacional, es profesor en el Conservatorio Superior de Música del País Vasco. Fue el intérprete del disco de Naxos “Garbizu, Piano Music” (8.557630). Ambos ejecutantes actúan con una sorprendente compenetración expresiva, rica en matices y relieves, en donde un fraseo nítido se ve sostenido por un acompañamiento ora etéreo, ora aplomado, aplicando el color oportuno que cada fragmento precisa.
Escribir a Joaquim Zueras Navarro