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Índices
Ópera en Barcelona
Los dieciocho Dos de Flórez
Ovidi Cobacho Closa
Le fille du régiment; Opéra comique en dos actos de G. Donizetti, sobre libreto de J. H. Vernos de Saint-Georges y J. F. A. Bayard. Patrizia Ciofi (Marie), Juan Diego Flórez (Tonio), Pietro Spagnoli (Sulplice), Victoria Livingood (Marquesa de Berkenfield), Àlex Sanmartí (Hortensius), Ángel Pavlovsky (Duquesa de Crakentorp); Coro y Orquesta del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Yves Abel. Dirección escénica: Laurent Pelly. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, 7-III-2010.
Un éxito arrollador (no se puede calificar como menos) tuvo el estreno de la aclamada versión escénica de la cómica Le fille du régiment firmada por Laurent Pelly. En realidad, la producción presentada en el coliseo barcelonés no fue más que una readaptación del montaje original londinense (2007), donde se pone de manifiesto la feliz y perspicaz intuición dramática del director francés para con este género: un ágil y medido movimiento escénico que, junto a una estilizada e ilustrativa escenografía (Chantal Thomas), sintetiza el sentido dramático ejemplarmente caracterizado por los intérpretes protagonistas. Si a ello unimos unas voces de primera calidad, el espectáculo en mayúsculas está asegurado.
La intuición del público barcelonés, que hace meses agotó las localidades para el primer reparto de esta producción, no andaba equivocada, puesto que, afortunadamente, en el estreno liceísta hubo de todo esto en dosis superlativas. El colmo de las ovaciones se lo llevó el gran tenor di grazia del momento, el peruano Juan Diego Flórez. Su extraordinaria encarnación del joven mozo tirolés, Tonio, le valió la primera interminable ovación del auditorio al culminar su noveno do sobreagudo de “Pour mon âme”, cosa que agradeció bisando la proeza para entusiasmo del público en pleno. Pero, aparte de su aparente pasmosa facilidad para el agudo, Flórez aprovechó todas las ocasiones que le brindó la partitura para sacar a relucir su exquisita vena belcantista, mediante el uso de un fraseo cincelado con refinado matiz y el brillo de un timbre hermoso y delicado, cosa que hizo sus delicias en la “Pour me rapprocher de Marie” del segundo acto.
Le fue a la par en su cometido la incisiva Marie de Patrizia Ciofi. A sus innegables dotes escénicas y vis cómica, se aunó una envidiable caracterización vocal que fue a más a medida que avanzó la función y culminó en los pasajes de carácter más emotivo que el compositor de Bérgamo escribió para esta partitura. Pietro Spagnoli abordó el rol de sargento Sulpice con suma habilidad, así como también la espléndida y bien caracterizada Marquesa de la mezzo norteamericana Victoria Livengood. Los demás roles menores fueron desenvueltos con eficacia por Alex Sanmartí (magnífico Hortensius), Josep Ribot (Caporal) y Arnau Vilardebò (Notario). El punto de humor local, lo puso la divertida caracterización de la Duquesa Crakentorp realizada por el consumado actor cómico, bien conocido por el público barcelonés, Ángel Pavlovsky, así como también puntuales citas anecdóticas como el pasaje de Rosó apuntado por la Livengood.
El coro rindió a un buen nivel, mientras que la orquesta, bajo las órdenes del reputado Yves Abel, no fue más allá de una ligera lectura, con algún leve desajuste en los tiempos iniciales. Con todo, la discreta labor del foso, ya de por sí habitual, no lastró el fulgurante triunfo del escenario que, sin lugar a dudas, pasará a formar parte de los anales liceístas en tinta dorada.
Fotografías cortesía del Gran Teatre del Liceu© Antoni Bofill,
Escribir a Ovidi Cobacho Closa