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Zarzuela. Lo que hemos visto

Doña Francisquita

José Prieto Marugán

Doña Francisquita

"Doña Francisquita". Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Música de Amadeo Vives. Intérpretes: María José Moreno, Marina Pardo, Alex Vicens, Julio Morales, Amelia Font. Enrique Baquerizo, Arturo Pastor, Isabel Cámara. Coro titular del Teatro de la Zarzuela, Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Miquel Ortega. Director de escena: Luis Olmos. Teatro de la Zarzuela, 25 de febrero de 2010.

A estas alturas no parece necesario recordar detalle alguno sobre Doña Francisquita, quizá la zarzuela más representada (se dice que desde su estreno lleva contabilizadas más de 15.000 representaciones), o cuando menos, una de las mas populares.

En esta época de crisis (en la Zarzuela también se nota) el teatro ha presentado una nueva producción a cargo de quien es su director, Luis Olmos, que confiesa haber realizado cortes (no sabemos con certeza cuáles; quizá cuando las producciones de la Zarzuela se editen en DVD podamos comprobar el texto ofrecido con el libreto original) y que dice haber intentado “no repetir” en su concepción escenográfica. El resultado, con intención de ofrecer una “versión renovada y universal”, es un planteamiento que ni nos entusiasma ni nos produce rechazo. Una escena a base de una especie de puertas, una dentro de otra, de color uniforme, presente durante todo el espectáculo, reduce notablemente el espacio disponible hasta el punto de que el coro no podía evolucionar y se presentaba casi en formación de concierto. Estos “practicables”, no dan la idea de los espacios y ambientes madrileños que describe el texto original.

La representación, cercana a las dos horas y media de duración, tiene un único descanso que se ha situado ¡en mitad del segundo acto!, justo después de la célebre romanza “Por el humo…”, lo cual rompe el desarrollo dramático imaginado y escrito por los autores.

En términos generales, la interpretación que escuchamos fue atractiva aunque no llegó a entusiasmar al auditorio. La soprano granadina María José Moreno dio vida a la protagonista; lució su voz ligera y limpia con dominio de la coloratura y actuó con soltura y convicción. A Marina Pardo, en el papel de Aurora, se le escuchó poco, su voz llegaba escasa y nos hubiera gustado una interpretación teatral mas intensa, porque el personajes es una mujer caprichosa, voluble y frívola. La veterana Amelia Font fue Doña Francisca, personaje de corto recorrido al que dio vida con soltura.

Doña Francisquita en el Teatro de la Zarzuela

El reparto masculino estuvo encabezado por el Fernando de Alex Vicens, tenor barcelonés que cantó demasiado fuerte, dando la impresión de estar muchas veces en el límite de sus posibilidades. En la célebre romanza “Por el humo…” tuvo problemas con el agudo final, lo que no impidió que el público aplaudiera entregado. Es lástima que no controle mejor el timbre metálico de su voz y emplee mejor los reguladores para dar más variedad expresiva a su línea de canto. Cardona tuvo como intérprete al santanderino Julio Morales. A nuestro juicio fue un buen actor y un gran  protagonista de la velada. En la “Canción del Marabú” mostró sus cualidades, a pesar de la potencia de la orquesta. Enrique Baquerizo fue don Matías, personaje que se presenta con un excesivo componente ridículo. Como actor, fue el que mejor llegó al auditorio; supo sacar la voz con desparpajo y que se le entendiera; como cantante, cumplió con un papel sin exigencias.

El coro cantó muy fuerte y, dados los planteamientos escenográficos, no pudo evolucionar. La orquesta sonó en exceso y fue llevada por Miquel Ortega con demasiada rapidez. Esta es una tendencia que se observa con demasiada frecuencia en el teatro de la calle de Jovellanos. Nos parece una equivocación; la música debe respirar y el canto con ella, es la única manera de darle sentido a lo que se canta, y que se entienda el texto que se dice. A pesar de este exceso de potencia, Ortega supo destacar los muchos y bellos detalles de orquestación y color que tiene la partitura de Vives.

El ballet bailó un fandango reducido a un corto espacio, lo que restó espectacularidad a una página brillantísima.

La parte actoral, la del texto hablado, es muy mejorable; demasiado volumen, gritos en algunos momentos. Y aunque muchos espectadores lo que esperan es el momento de aplaudir la romanza de turno, no hay que olvidar que lo hablado es parte fundamental de la zarzuela; difícil, desde luego, pero agradecida. Por otra parte, respecto a la idea general de recortar –o eliminar- el verso en muchas producciones, hay muchos fragmentos del género, en verso, que son auténticas joyas. Lo que falta es decirlo como es debido.

En resumen y como decíamos al principio una Francisquita  que no despierta entusiasmos ni rechazos. En el intermedio escuché, accidentalmente, la palabra “deconstruida”; quizá fuera excesiva pero eso le pareció al que la dijo.

Fotografías cortesía del Teatro de la Zarzuela de Madrid

Escribir a José Prieto Marugán