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Ópera en Turín

Peter Grimes: El triunfo de la hipocresía

Massimo Viazzo

Peter Grimes, drama lírico en un prólogo y tres actos de Benjamin Britten. Función del 7 de marzo del 2010 en el Teatro Regio de Turín, Italia. Elenco: Neil Shicoff (Peter Grimes), Nancy Gustafson (Ellen Orford), Mark S. Doss (Capitán Balstrode), Marc Milhofer (Robert Boles), Elena Zilio (Nabob Sedley) y otros. Director musical: Yutaka Sado. Director de escena: Willy Decker. Diseño de escenografía y vestuarios: John Macfarlane. Orquesta y coro del Teatro Regio de Turín.

El mar fue el gran ausente de esta producción, ya que como era de esperarse en esta ópera, debían encontrarse sobre la escena barcos, velas, cuerdas de barco y olas, lo que quizás causó cierta desilusión. Incluso Willy Decker sustituyó el coro de pescadores con el que dio inicio el primer acto, y con el que se cierra también la opera, con la presencia del coro de una parroquia, que fue dirigido en persona por un pastor. A Decker, no le interesó tanto pintar o describir el naturalismo del Borough, sino la intolerancia de un ambiente asfixiante (que se representó con paredes altas, movibles y oscuras que encerraban dentro de un marco a una escena en cuyo fondo se vislumbraba un cielo tempestuoso) encerrado en si mismo y que no fue capaz de aceptar lo “diferente” y que una vez que lo marginó, poco a poco terminó destruyéndolo. Por ello, no fue casualidad que la procesión de los hombres del Borough, que en el segundo acto salió de la cabaña de Grimes para quizás descubrir algunas perversidades, al ritmo palpitante y obsesivo del tambor, haya sido encabezada por un hombre que alzaba una cruz. El triunfo de la hipocresía: esa fue la visión de fondo del director de escena alemán, que supo confeccionar un espectáculo muy emocionante, gracias también a una recitación muy bien cuidada.

Memorable fue la prueba de Neill Shicoff en el papel del protagonista. Su Peter Grimes, fue tan arisco, violento y visionario, pero a la vez tan sensible, que quedó grabado en la memoria. Fue verdaderamente conmovedora la escena del tercer acto en la que Grimes, delirante en aquel momento, meció su chaqueta viendo en ella el semblante del joven aprendiz. Después, vocalmente Shicoff no se reservó nada en ningún momento, dominando, como el gran artista que es, una emisión vocal poco ortodoxa pero al fin claramente expresiva. Todo el elenco estuvo a la altura, ya que en Peter Grimes, incluso los papeles menores son muy importantes para hacer que el espectáculo funcione de la mejor manera. Dolida y resignada se mostró Nancy Gustafson en el papel de Ellen Orford, e incisivo y carismático estuvo Mark Doss como Balstrode; y petulante y grotesca fue la Sedley que interpretó Elena Zilio.

Se reconoce el gran mérito del director de orquesta japonés Yutaka Sado quien impuso a la partitura un ritmo cerrado y muy dramático, sin interrumpir el detalle melódico o la belleza tímbrica, y a la Orquesta del Teatro Regio que lo siguió con entusiasmo. Al final, es para enmarcarse la magistral prueba del Coro del Teatro Regio que fue dirigido con mano firme y segura por Roberto Gabbiani.