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Conciertos en Mexico

Conciertos de la Filarmónica de la Ciudad de México

Ramón Jacques

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Director huésped: James Judd. Solista: Marc Coppey (violonchelo). Programa 6 de Temporada de Invierno 2010. Concierto efectuado el 21 de febrero del 2010 en la Sala Silvestre Revueltas en México, D.F. México. Programa: Concierto para violonchelo y orquesta, No. 2, Op 126 de Dmitri Shostakovich (1906-1975) y Una vida de héroe, (Ein Heldenleben).  Op. 40 de Richard Strauss. (1864-1949

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Director huésped: Max Bragado-Darman. Solista: Josu de Solaun (piano). Programa 7 de la Temporada de Invierno 2010, realizado el 28 de febrero del 2010 en la Sala Silvestre Revueltas en México, D.F. México.  Programa: Jericó de Alexis Aranda (1974); Concierto para piano y orquesta No.2 en fa menor, Op. 21 de Frédéric Chopin (1810-1849); Sinfonía No. 1 en si bemol mayor, Op. 38 “Primavera” de Robert Schumann (1810-1856).

James Judd

El director ingles James Judd dirigió el 6º programa de la temporada, cuyo punto de unión fue la autodescripción o autobiografía de sus autores por sus propias obras. Se interpretó el Concierto para violonchelo y orquesta No. 2, Op. 126 de Shostakovich, dedicado y estrenado en 1966 por Mstislav Rostropovich, en el que el autor plasmó la conciencia de su mortalidad. La obra de particular fondo y energía sombría tuvo como solista al francés Marc Coppey, que en sus intervenciones al violonchelo creó una atmósfera de tono oscuro, de lentas pero sonoras pinceladas en el movimiento Largo, y por momentos mas alegre en los dos continuos Alegrettos de la partitura, sin renunciar al perfil tenebroso y contemporáneo de la composición, ni al intenso dialogo con la orquesta, que fue dirigida por Judd con simplicidad y control.

En la segunda parte se ofreció Una vida de héroe (Ein Heldenleben) poema sinfónico de Richard Strauss, el mejor exponente de esta especie de autobiografía puesta en música. En esta alegoría que se interpretó sin interrupción, pero con inventiva y homogeneidad, el autor se ve reflejado asimismo en un espejo mientras es acosado por los críticos musicales, o mientras su esposa lo cuida y lo tranquiliza. Judd, extrajo con su enardecida dirección, la fuerza y la sutileza de la rica y orquestación, en cuya tema principal se perciben tintes y reminiscencias wagnerianas. Cabe resaltar el fulgurante solo del violín concertino de la orquesta, el incesante despliegue de los metales, el llamado de las trompetas afuera del escenario, y la impulsividad de la orquesta que concluyó con una imperturbable serenidad.

Max Bragado-Darman

El 200 aniversario del natalicio de Chopin y Schumann, compositores exponentes del romanticismo musical, género que se adapta al gusto y al temperamento de esta orquesta, fue el tema que conformó el programa 7º de la temporada. La función inició con una lucida ejecución de Jericó del joven compositor mexicano Alexis Aranda, una breve sinfonía que por su carácter y exaltación heroica se utilizó como obertura para el concierto. La obra estrenada en mayo del 2001 y basada en el pasaje bíblico en el que el ejército de Josué derribó las murallas de Jericó, contiene un lenguaje armónico de intensa y expresiva, pero placentera tonalidad en la que la sección de metales adquiere un papel primordial. El director madrileño Max Bragado-Darman, condujo con convicción y familiaridad una partitura que ya había dirigido anteriormente con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

El refinamiento estilístico y armónico de Chopin se hizo presente en la ejecución de su Concierto para piano y orquesta No. 2 en fa menor, Op. 21, teniendo como invitado al pianista valenciano Josu de Solaun, primer  español en ganar el primer lugar en el Concurso Internacional de Piano José Iturbi de Valencia (2006) [como informó Opus Música en su edición de noviembre del 2006] y cuyo instrumento fue una fuente constante de afable sonoridad y musicalidad en el Maestoso, primer movimiento, en el que la sutil lectura de Bragado-Darman logró que las cuerdas de los violines literalmente acariciaran por momentos cada nota con emotiva suavidad. En el Larghetto, movimiento más lento, no cesó la intimidad del piano, ni el sentimentalismo de la orquesta; y en el Allegre vivace final, de Solaun ofreció una interpretación dinámica, habilidosa e incesante.

En la segunda parte, la ejecución de la Sinfonía No. 1 en si bemol mayor, Op 38, “la Primavera” de Robert Schumann tuvo un resultado mas discreto; si bien fue vivaz en la cuerdas al inicio, y se exaltaron las partes de tranquilidad del segundo movimiento Alegretto, la entusiasta y enérgica lectura del director musical en esta pieza, estuvo poco calibrada en el Molto vivace, donde se escucharon pasajes lentos y aletargados que ocasionaron ciertos desfases instrumentales, para concluir con un sonido mas homogéneo y alegre al final de la obra.

Fotografías cortesia Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México