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Relevo en el Palau de les Arts Reina Sofía

Turbulencias en Les Arts

Fernando Morales

Una plaza así no debe ser tranquila. Mala señal cuando lo sea. Un teatro operístico del calado que pretende ser el Palau de les Arts Reina Sofía ha de tener sus controversias, sus negociaciones, sus diferentes puntos de vista, sus tira y afloja, su variedad. Pero tampoco es que el coliseo calatravino viva en una convulsión permanente. No, en absoluto. Lo cierto es que tampoco la silla de Helga Schmidt ha sufrido zarandeos excesivamente fuertes, aunque… todo llegará, y será el momento de ver hasta qué punto se aceptan otros puntos de vista y otras formas de plantear el día a día del teatro.

Lorin Maazel

El primer examen serio ya ha llegado, aunque más que un examen final, diría que está siendo un examen parcial, y además de una maría, como se llamaba coloquialmente a las asignaturas de importancia secundaria. El tema ha sido el de la negociación con los trabajadores, en este caso, los técnicos y los músicos, del convenio colectivo del Palau. Se quejan los trabajadores de la “organización y planificación de la actividad”, para lo que plantean un “marco digno para la correcta realización de nuestro trabajo diario y totalmente acorde con la particular actividad realizada en un lugar tan específico como un teatro de ópera”. Comentan en un pasquín entregado a la entrada del teatro que: “Los acuerdos recientemente alcanzados suponen un parche” de lo que consideran como unos mínimos básicos: “un salario razonable a cambio de un tiempo productivo razonable”. Hablan de la falta de sensibilidad de los responsables del edificio ante la petición de una jornada laboral digna y acorde “con los derechos fundamentales de la clase trabajadora en pleno siglo XXI y no propia de una actividad jornalera del siglo XIX”.

Ya había habido quejas anteriormente respecto a temas relacionados con los horarios o las condiciones de los ensayos, pero parece que hasta el momento el encuentro todavía no se ha producido de una manera satisfactoria, ya que según opinan los propios técnicos y profesionales: “La empresa no afronta seria y responsablemente las peticiones que plasmamos”. Como dicen en esta tierra: “Ja vorem”.

Hablemos de música…

Pero, hablemos ahora de música. Ya saben todos ustedes que el pasado año Lorin Maazel anunciaba que abandonaba el Palau para dedicarse a otras cosas, pero finalmente, y tras el fallido intento de contratar a Riccardo Chailly como nuevo titular, el maestro franco-norteamericano renovó haciendo un favor a la casa. Ahora sí ha llegado el momento, el Palau ha encontrado el relevo y… la decisión ha sido dar un golpe de timón: Omer Meir Wellber.

Este joven maestro israelí –apenas 29 años y todavía escasa experiencia internacional-, ha sido el elegido para emprender una nueva etapa al frente de Les Arts. Se ha pasado de apostar por los grandes elefantes –en el buen sentido de la palabra- a arriesgarse con gente todavía en crecimiento pero… con el espíritu repleto de nuevas energías.

A finales de abril se ha producido el primer contacto de Wellber con la que será su orquesta, una auténtica joya creada por Lorin Maazel, y por consiguiente con el público que frecuenta Les Arts y que hasta el momento tampoco se ha mostrado excesivamente crítico. De su capacidad para trabajar y de su competencia para enfrentarse a los mil y un problemas que se le plantea a diario a un responsable de ese nivel nos hablará el futuro. De momento la pregunta ya se la han formulado desde todos los ámbitos: ¿Será capaz de mantener el extraordinario nivel de la orquesta?: “Ja vorem”.

Iba a ser segundo director, o más propiamente “principal director invitado” –nombre más pomposo-, el milanés Gianandrea Noseda, pero finalmente ha declinado la oferta cuando ya se daba por hecha. Wellber estará solo, lo cual es una ventaja –todas las flores serán para él si le marcha bien- y un inconveniente –sobre él recaerá la exclusiva responsabilidad de los fracasos.

¿Y Maazel? Pues aclamado por el público que ha paladeado con delectación sus maravillosas e inspiradísimas interpretaciones, pero extrañamente vapuleado por la prensa local que ha hablado de la falta de compromiso del maestro con el coliseo valenciano, como si una figura de la trayectoria de Maazel se hubiera curtido en plazas estables: vuela a otros empeños estimulantes, no necesita el dinero –vamos, creo yo. Bueno, el dinero sí es imprescindible, pero si no se lo pagan aquí se lo pagarán en otros lugares, genios de tal condición cuestan lo que cuestan -gana menos que Cristiano Ronaldo, por cierto.

En fin, que parece que a la prensa valenciana le haya molestado que Maazel emigre a otros lugares. No sé qué esperaban. Si se hubiera quedado para siempre le reprocharían que a Valencia hubiera venido a un retiro dorado. Puestos a hablar, todos hablamos.

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