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Índices
Entrevista a Pablo Heras-Casado
El chico del coro
Lorena Jiménez Alonso
En Granada, a mediados de los años 80, Pablo era simplemente un niño que cantaba en el coro del colegio, y recibía sus primeras lecciones de solfeo. Tenía buena voz y en seguida le dieron papeles de solista. Pero ni pensaba en ser uno de esos señores en traje de frac con un instrumento llamado orquesta, ni en experimentar con el sonido, y analizar profundamente la partitura. Las cosas comenzaron a cambiar cuando ingresa en el Conservatorio. Sus padres, haciendo un gran esfuerzo en aquella época, le compran un piano; y un buen día, siente la música en su corazón, fascinado por una auténtica joya de la polifonía renacentista: los Responsorios de Victoria.
No tenía todavía dieciocho años cuando fundó su propio grupo de Música Antigua y decidió que lo suyo era la batuta. De eso hace ya mucho tiempo, y aquel joven granadino pertenece ahora a ese selecto grupo de jóvenes directores que se pasean por los teatros de medio mundo dirigiendo música de cámara, ópera, ballet, ensembles de música contemporánea, o las más importantes orquestas sinfónicas. La rutina no forma parte de su equipaje. Sus gustos son eclécticos y sin fronteras. Dispuesto a experimentar con técnicas y tonalidades diversas. Se siente tan a gusto en el ámbito barroco como en el contemporáneo. Ha descubierto que esto es lo que más le divierte y cada vez lo hace mejor.
Hoy, a los treinta y tres años de su nacimiento, a los veinticinco de su paso por el coro del colegio y a los tres de haber ganado por votación unánime el concurso de Directores del Festival de Lucerna (con Pierre Boulez de presidente del jurado), Pablo Heras-Casado es uno de los directores españoles más internacionales de su generación, y su agenda está completa para los próximos cuatro años.
Conocí a Pablo Heras-Casado en la Semperoper de Dresde, y tuve la oportunidad de conversar con él, entre pausa y pausa de ensayo. Una hora antes de su debut con la Staatskapelle Dresden, quedamos para mantener esta amigable entrevista en la cafetería del hotel. Pablo tiene aspecto de saludable treintañero y cara de niño bueno. Es afable y cercano en el trato personal, sorprende su envidiable seguridad en sí mismo y su inagotable capacidad de trabajo. Habla con un levísimo y refinado acento andaluz, matiza las palabras que deja caer despacio, y es generoso en sus respuestas. El director de orquesta británico Harry Christophers, Salvador Mas, Pierre Boulez, Eötvös, Sylvain Cambreling, Gergiev, Mortier, Jürgen Flimm…apuestan por él. Vale la pena no perderle de vista.
OpusMusica- No hay malas orquestas – decía polémicamente Mahler-, sólo malos directores ¿Está de acuerdo?
Pablo Heras-Casado- Estoy en parte de acuerdo. Muy de acuerdo. Además, yo particularmente pienso que con cualquier orquesta puedes hacer un buen concierto y sacar un buen resultado. Evidentemente, hay orquestas muy diferentes entre sí. Hay diferentes niveles. Pero un buen director debe ser capaz de conseguir que la obra que tiene entre manos tenga vida y comunique. Puedes llegar a un nivel de destreza, de perfección mayor o menor, pero lo más importante es que la obra comunique un mensaje, una emoción o un idea. Entonces, esto es posible conseguirlo con cualquier orquesta, porque los músicos además están interesados en llegar a ese punto y en hacerlo bien. Desde ese punto de vista estoy de acuerdo con Mahler. Evidentemente, hay mejores y peores orquestas también.
OM- Hablando de orquestas. Éste será su debut con una Orquesta muy especial: tiene más de 460 años de antigüedad, ha cultivado su sonido celosamente, y tiene una enorme conexión con su ciudad, una de las más conservadoras de Alemania ¿Todo esto, no da un poco de vértigo a un director tan joven?
PHC- Pues mira, sinceramente, como no me ha dado mucho tiempo a pensarlo y normalmente no me da tampoco mucho tiempo a pensarlo, no me da vértigo. A veces, me dan vértigo otras cosas, como pensar en dentro de dos o tres años en una determinada ópera, en un determinado momento, en una determinada secuencia o cómo enlazar muchos proyectos seguidos pero, en este caso concreto, como ha sido sólo con una semana de antelación y como es justo antes del importante estreno de Londres en la English National Opera y el fin de semana lo he pasado con mis padres que venían a verme también, la verdad es que no. Y también me ocurrió otras veces como cuando debuté con la Filarmónica de los Ángeles o cuando he ido con la Tonhalle a Zurich… o con orquestas también de un nivel importante y orquestas de referencia… Por suerte, al final lo que más me preocupa es la música y cómo conseguir un resultado. Evidentemente, es una responsabilidad enorme y un gran honor. Por ejemplo, me toca muy hondo el hecho de que Schütz haya estado relacionado con esta orquesta, porque yo he hecho mucha música antigua y concretamente el primer barroco tanto el alemán como el italiano de Gabrieli y Monteverdi… Por lo tanto, el pensar que de alguna manera estoy participando de esa tradición…con Hasse y Wagner también, es muy, muy emocionante. Pero en cualquier caso, a pesar de esa tradición (posiblemente no haya ninguna orquesta que tenga esta tradición mantenida de una forma tan cuidadosa y tan severa durante tanto tiempo en todo el mundo), encuentras una orquesta que está abierta a tocar, a reflexionar, a cambiar, a buscar y a dar una energía muy fresca y muy nueva. Y eso es fantástico y me ha sorprendido mucho.
OM- Haydn, Mozart y Hindemith son los tres compositores que conforman el programa de hoy, ¿qué es lo que personalmente destacaría de cada uno?
PHC- En el caso de Haydn, que es la primera obra del programa, es uno de los grandes. Pero lo que me llama poderosamente la atención es su Primera Sinfonía, que es la que vamos a hacer, porque ya en su Sinfonía nº 1, todavía sin un estilo madurado y sinfónico en el sentido de las últimas sinfonías como París, Londres, etc. encuentras un grado de sutileza, de humor fino, de romper expectativas, de jugar con lo periódico y lo aperiódico, de mezclar una sutileza y una elegancia finísima, con un punto de picardía tanto sensual como intelectual. Esto ya lo tienes en la Sinfonía nº 1, y es fantástico ver en esta sinfonía un estilo que ya ves en otras sinfonías como la Sinfonía Londres…En cuanto a Hindemith, pienso que está muy bien ubicado en este programa. Aparte de por el valor en sí de la pieza, y evidentemente Hindemith con la Kammermusik miró atrás a la tradición. Están presentes los Conciertos de Brandenburgo y demás. Formalmente, es muy sólido el trabajo motívico y contrapuntístico. Si nos abstraemos de la dimensión instrumental y armónica, todo lo que es la estructura tanto vertical como horizontal de la pieza es completamente neoclásica. Y luego creo que también es muy interesante lo que hablamos de Haydn, que se divierte rompiendo la periodicidad y creando esas falsas sensaciones de equilibrio, cosa que Hindemith también hace mucho. El segundo movimiento, por ejemplo, que es extremadamente energético, vibrante y muy rápido, juega constantemente con polirritmias internas, desplazando acentos. Por ejemplo, dentro de un compás de 3/2, o más bien de 9/4, encuentras compases de 5, de 7, de 9… y es fantástico también. Es ingenio constante. El color instrumental también es muy sólido, con una sonoridad instrumental camerística pero muy poderosa. Y la Sinfonía Praga –me imagino que el concierto ha sido concebido así a propósito- también tiene tres movimientos como la sinfonía de Haydn. Me parece muy bien pensado el programa. Es una sinfonía deliciosa, compuesta en el período en el que Mozart hizo Bodas de Fígaro. Yo he hecho antes Bodas de Fígaro, y constantemente hay un aroma, una vibración de las Bodas en el sentido de la vibración rítmica, la vivacidad, esa pulsación tan enérgica, pero en el interior de esa arquitectura tan vibrante y jovial, hay también un trabajo finísimo de contrapunto, como se puede apreciar en el primer movimiento, en el segundo e incluso en el tercer movimiento. También creo que es una de las dos sinfonías que tienen introducción y, de alguna manera, es una sinfonía bastante operística, y hacerla en este escenario es muy emocionante.
OM- Hablemos de barroco ¿Se puede compatibilizar el piano con la música barroca?
PHC- Por qué no. Yo pienso que se puede compatibilizar todo. Es una cuestión de predisposición, curiosidad y flexibilidad. Para mí, eso fue, ha sido, y es algo muy natural. Yo llegué a la música barroca con el canto, con la música antigua, he dirigido mucho coro, ensambles vocales e instrumentales de música antigua… Paralelamente, empecé a estudiar piano y el repertorio pianístico en el conservatorio. Han sido dos mundos que han coexistido paralelamente y sin ningún tipo de conflicto. Pienso que la vocalidad de la música barroca y la propia gramática de la música barroca está todavía muy influenciada por la música vocal, el stilo antico y toda la tradición del Renacimiento, a pesar de que se desarrolle un lenguaje instrumental propiamente. Pienso que es el complemento ideal a la educación pianística que es mucho más vertical, mucho menos lírica.
OM- Música coral, orquestas sinfónicas, ensambles contemporáneos, conjuntos barrocos, ballet, ópera… Está claro que es un todoterreno, pero ¿dónde se encuentra más a gusto Pablo Heras Casado, quizás trabajando con ensambles contemporáneos como Klangforum Wien, aunque sólo sea por cuestión de edad, o al frente de una gran orquesta sinfónica, un conjunto de música barroca…?
PHC- No podría contestar a esa pregunta, porque me siento en casa verdaderamente y genuinamente en todo. Cuando estoy en el foso, soy el hombre más feliz de la tierra, como ahora en Londres (hace un año que no estaba… había hecho ópera pero ópera concertante en otros sitios, festivales de verano…). Es algo muy natural para mí. La música antigua, la voz… es como cuando te pones el pijama… esa camiseta vieja. Tiene esa sensación que ya conoces, que tienes de toda la vida, porque he crecido con eso desde pequeño. Y tengo la suerte de seguir en contacto con algunos coros a capella, como por ejemplo hice, hace poco, con los BBC Singers con un programa de Mendelssohn. Y en el caso de la música contemporánea, también tiene ese componente de reto y de búsqueda, y necesito seguir en contacto con compositores y con el nuevo repertorio. Pienso también que, aparte de por predilección e inclinación personal, es una obligación del intérprete.
OM- Entre sus próximos proyectos, está el Teatro Real de Madrid. ¿Es consciente de que dada la poca simpatía que despierta la llegada de Mortier en determinados críticos, se le va a observar con lupa? ¿No le da miedo que para amonestar a Mortier, carguen las tintas contra su labor profesional?
PHC- No lo sé. Es algo que puede pasar, porque ocurre a menudo tristemente en el mundo del arte pero también en el de la política, por estar en un lado o en otro. Son asociaciones que me parecen francamente absurdas y pobres intelectualmente. Pero me identifico plenamente con el proyecto de Mortier para el Real y pienso que -y lo he dicho en numerosas ocasiones- es uno de los grandes momentos de los últimos años en esta eclosión fantástica de la música en España. Pienso que la llegada de Mortier va a ser excitante. Será, sin duda, un revulsivo, y habrá cosas mejores y peores. Habrá un diálogo, una confrontación, una discusión, que permitirá mantener viva la conciencia crítica y confrontar el arte y la música a nuevos puntos de vista. Y creo que por eso es muy importante. Sé cómo trabajo y cual es mi grado de honestidad con los músicos y con la música con la que trabajo, y para mí esto es lo importante, es decir, ser un elemento más dentro de un equipo. Mi papel en una ópera, que es una obra de arte muy compleja, es ayudar y contribuir, esto es, aunar todas esas energías de la forma más positiva y más completa. Y lo que pase después, me importa bien poco. Para mí, lo más importante de todo esto, es ese grado de honestidad hacia la música, y que en la profesión haya un respeto artístico y humano.
OM- Hablemos de ese respeto artístico y humano, pero sobre todo de la relación entre músicos y director. Escribía el padre de Richard Strauss (intérprete de trompa en Munich), que los músicos experimentados saben rápidamente si un director es bueno o no por el modo en que se sube al podio y abre la partitura, incluso antes de levantar la batuta. ¿Alguna vez piensa en eso cuando está ante una gran orquesta de renombre internacional?
PHC- Rotundamente no. Puedo hacerme preguntas sobre cómo voy a enfocar un ensayo o cómo voy a hacer sonar un Mozart o un Haydn tan temprano como éste con una orquesta que tiene ya una tradición, pero no creo en absoluto en ese tipo de preconcepto. Y muy sinceramente, no me siento diferente una vez que empiezo a hacer música. Es exactamente igual que cuando dirigía mi primer ensamble en Granada. Y mi relación con los músicos, ya sea aquí o con una orquesta americana o en Tokyo, es la misma. La honestidad y el compromiso artístico lo entienden en todos los sitios. No hay que hacer nada extraordinario.
OM- Y, para finalizar, ¿qué proyectos tiene para el futuro?
PHC- Hay proyectos próximamente con la Orquesta de San Francisco y con la Orquesta de Cleveland. Luego, sigo mi relación con la Filarmónica de Los Ángeles, con la que tengo dos conciertos más este año. También están la NDR de Hamburgo, la DSO de Berlín. Continúo una relación estupenda con la NHK de Tokyo, la City of Birmingham Symphony Orchestra… Acabamos de hablar con Eytan Pessen y Ulrike Hessler para el 2014 en la Semperoper. Hay también proyectos próximamente con la FBO de Friburgo y, por supuesto, seguiré trabajando con el Klangforum Wien, el Ensemble Intercontemporain de París, en otros dominios, pero que son los mejores ensambles en su categoría. Y en cuanto a la ópera, hay proyectos en Frankfurt, con la Canadian Opera Company, en la Monnaie, el Real, en la Semperoper, en Aix en Provence…
Fotografías ©Miguel Peñalver
Escribir a Lorena Jiménez Alonso