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Crítica de libros

Diccionario Harvard de Música

Paulino Capdepón

Título: Diccionario Harvard de Música. Alianza Diccionarios, 2009. Nº de páginas: 1209. ISBN: 978-84-206-9765-9.

Diccionario Harvard de Música

El Harvard Dictionary of Music fue publicado por primera vez en 1944 en los Estados Unidos por el célebre musicólogo norteamericano Willi Apel (1893-1988), quien se encargó de la primera y segunda edición. Posteriormente fue el profesor de musicología de la Universidad de Chicago y actual presidente de la Fundación Andrew W. Mellon, Don Michael Randel -bien conocido entre nosotros por sus investigaciones sobre el canto mozárabe-, quien asumió la coordinación y edición de las sucesivas ediciones bajo la denominación de New Harvard Dictionary of Music. Tal como manifestó en el prefacio el propio Randel, sólo un limitado número de artículos incluía las aportaciones de los Diccionarios editados por Apel, debido a las innovaciones y avances experimentados en el campo de la investigación musical: de hecho, la mayor parte de las entradas se redactaron de nuevo a cargo de los más eminentes especialistas actuales en cada una de las materias tratadas. La principal novedad en las ediciones de Randel residía en la mayor atención que se otorgó a las músicas no occidentales, a la música popular y a los instrumentos musicales. Precisamente, las versiones españolas de este Diccionario, publicadas por Alianza Editorial dentro de su serie “Alianza Diccionarios”, están basadas en las ediciones norteamericanas de Randel.

Por todo ello, la nueva y reciente publicación en 2009 del Diccionario Harvard de Música constituye todo un acontecimiento editorial, como ya lo fue en 1997 cuando apareció por primera vez en el mercado español una obra de referencia que ha llegado a convertirse en una herramienta de consulta imprescindible. A ello contribuye sin duda la impecable y magnífica traducción llevada a cabo por Luis Gago, a quien debemos agradecer el extraordinario esfuerzo por permanecer fiel al texto original en lengua inglesa, objetivo que logra con creces; asimismo, es mérito de Gago haber incorporado términos de difícil traducción: ¿cómo traducir al español acepciones como “through-composed”, cuyo equivalente en lengua alemana es “durchkomponiert”, y que se refiere a una obra vocal cuyas estrofas no repiten la misma música (lo contrario sería una obra estrófica)? La ausencia de músicos en la Real Academia de la Lengua Española, el escaso peso de la investigación musical en lengua española y la deficiente traducción de numerosas obras de música, han traído como consecuencia que en ocasiones no exista un equivalente en la historiografía en lengua española. En el caso concreto que acabamos de comentar, la opción de traducir “through-composed” como “transcompuesta” nos parece plausible.

El Diccionario se compone de poco más de 6000 artículos a cargo de especialistas seleccionados por el editor de la obra, perteneciendo una aplastante mayoría de ellos a profesores de universidades norteamericanas. Con respecto a la primera edición española, las actualizaciones y añadidos de nuevas entradas en la presente edición, han supuesto alrededor de cien páginas más. Por otra parte, la presentación sigue siendo impecable y está salpicada de numerosos ejemplos musicales e ilustraciones. En líneas generales, la obra está concebida de manera sintética con el fin de ofrecer al lector un resumen así como una sucinta pero suficiente bibliografía. Quizá el mayor mérito de esta obra resida en ser capaz de solucionar en breve espacio las dudas que hayan podido plantearse al estudioso, aficionado, estudiante o profesional de la música. En otro orden de cosas, el Diccionario Harvard de la Música, a diferencia de los grandes diccionarios o enciclopedias como el Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana, The New Grove Dicionary of Music and Musicians, Die Musik in Geschichte und Gegenwart o Dizionario della Musica e dei Musicisti, renuncia a incorporar biografías de compositores (si bien incluye una breve descripción de obras emblemáticas de cada autor: por ejemplo la “Misa en si menor” de Bach): de hecho, y con el fin de compensar esta ausencia de biografías, existe un Harvard Biographical Dictionary of Music así como un Harvard Concise Dictionary of Music and Musicians, cuyas ediciones corren asimismo a cargo de Randel: las dos obras citadas no han sido traducidas por desgracia al español y ojalá Alianza Editorial (a la que tanto debe la historiografía musical en lengua española gracias a su aplaudida y meritoria colección “Alianza Música”) emprendiera algún día este proyecto.

Debido a la ignorancia y desprecio de nuestra música por parte de la musicología norteamericana –algo que venimos denunciando habitualmente en nuestras reseñas- los responsables de la edición española, con muy buen criterio, han decidido completar la bibliografía de las entradas que hacen referencia a la música de España. Sin embargo, hubiera sido deseable que los editores de la versión española hubieran aprovechado la ocasión de esta cuarta edición para actualizar los datos contenidos en las anteriores ediciones. Así por ejemplo, en el artículo “Tonadilla”, escrito por Louise K. Stein, el libro más “moderno” de la bibliografía data de 1971 en la primera edición española (1997), algo que permanece inalterable en la actual edición de 2009. El lector puede obtener la sensación de que en los últimos 39 años no se ha escrito ni una palabra sobre la tonadilla, situación que en absoluto se corresponde, afortunadamente, con la realidad, como lo demuestran dos excelentes aportaciones de la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Begoña Lolo: “Sainetes y tonadillas con música en el Madrid del siglo XVIII (1750-1765)”, en: Teatro y música en España: los géneros breves en la segunda mitad del siglo XVIII (Madrid: Universidad Autónoma, 2008) o “Donde menos se piensa o Manuel García, intérprete de tonadillas en los teatros de Madrid (1798-1799)” en: Manuel García: de la tonadilla escénica a la ópera española (1775-1832) (Cádiz: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz, 2006). Ambas aportaciones se publicaron antes de la aparición de la cuarta edición del presente Diccionario pero no fueron citadas. Y lo mismo ocurre con el artículo “Villancico”, cuya última referencia bibliográfica se remonta al año 1997.

A pesar de este problema de actualización, no puedo dejar de recomendar esta obra, que resulta indispensable tanto para el aficionado como para el profesional. Al emplear un lenguaje conciso y claro que abarca un amplio espectro de temas musicales, pero sin renunciar a los tecnicismos necesarios, se trata de una obra que no debería faltar en la biblioteca de cualquier melómano.

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