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Temporada Ibercamera

Tradición, intensidad y poco reconocimiento

Albert Ferrer i Flamarich

Temporada Ibercamera. L’Auditori. 12-4-2010. Obras de Albéniz/Frühbeck de Burgos, Falla, Brahms. Josep Colom, piano. Orquesta Filarmónica de Dresde. Director, Rafael Frühbeck de Burgos.

Rafael Frühbeck de Burgos

A sus 77 años, Rafael Frühbeck de Burgos es el director español internacional más veterano en activo. Dirige de memoria y con una atención asombrosa, marcando inagotablemente el compás con su brazo derecho y fiel al sistema de la vieja escuela que lo ha caracterizado. Heredero de la tradición formalista en la construcción del repertorio sinfónico, la Segunda de Brahms discurrió por lo previsible tras sus últimas visitas a España con la Filarmónica de Dresde, de la que es titular desde 2004. La orquesta es buena, no excepcional: la sección de trompas es considerablemente inferior a los violines o los contrabajos.

La lectura fue dramática, muy contrastante y capaz de transformar lo sutil en explosivo, bien fuera por la vía técnica en las secciones en bloque o bien por la correspondencia dialéctica (Scherzo y Finale). Frühbeck mostró un sentido vienés -casi pre-mahleriano- de lo encantador que combinó con el impulso beethoveniano sin desatender la complejidad sentimental inherente a Brahms (Allegro inicial y Adagio non troppo). Como es costumbre en el público de Ibercamera –cuanto más selecto, menos implicado- no recompensó merecidamente tan intensa y trabajada ejecución. Así que el director buscó la ovación con sus dos bises más frecuentes: el intermedio de Goyescas tocado con elegancia y un poco de tremendismo; y el de Las bodas de Luís Alonso cuyo virtuosismo convirtió en una grosería de efectismo y excesos decibélicos. El resto del programa lo configuraron la orquestación firmada también Frühbeck de Burgos de tres piezas de la Iberia albeniciana y Las noches en los jardines de Falla con Josep Colom al piano. La paleta sonora tuvo una intensidad casi saturada, sin búsqueda de las delicuescencias y con una contención de la emoción. Es decir, en una lectura válida por lo pragmático, nada impresionista ni vaporosa y sí demasiado luminosa, excesivamente mediterránea.

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