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Temporada OSV

Un poco más de zarzuela

Albert Ferrer i Flamarich

Barcelona, Teatro Romea, Temporada OSV, 11-04-2010. Obras de varios autores. Beatriz Giménez, soprano. Salvador Carbó, barítono. Orquestra Simfònica del Vallès. Director, Rubén Gimeno. Aforo: 800 Asistencia: 90 %.

Beatriz Giménez

Cabe reiterar los elogios de la actual gestión de la Orquestra Simfònica del Vallès tras programar zarzuela en una región con gran tradición pero pésimamente cultivada como es Cataluña. Ofrecer durante 5 días consecutivos –obligaciones de los teatros no musicales- un recital de zarzuela con orquestra en un marco pequeño y acogedor como el Romea es algo tan infrecuente como eficaz. Además, en la sesión de tarde del día 10 de abril se presentaron algunas voces del Conservatorio Superior del Liceo.

La propuesta fue tan sencilla como efectiva, por lo que cabría pedir un poco más de zarzuela las próximas temporadas. La fórmula estuvo basada en una hora ininterrumpida de hits con orquestra, soprano lírico-ligera y tenor con la ausencia de repertorio catalán y escasez de dúos: solo dos, uno de bis. Así lució Beatriz Giménez que tras su reciente maternidad demostró haberse recuperado casi totalmente. Su voz sigue cristalina y con squillo. Su talante se mantiene pícaro y desenfadado. Y su canto es natural, defendiéndose en las agilidades de “Me llaman la primorosa” o en el gracejo de la “Escena de Paloma” sin aplicar recursos soeces para suplir lo poquito que le falta para volver a su óptimo estado. Salvo alguna nota calada, nada a reprochar.

Salvador Carbó fue un tenor de medios discretos con un timbre mate y una emisión engolada. A ello hay que sumar algún problema en la colocación de las notas de pasaje y su asepsia escénica. No obstante, se regaló con efectistas fermatas al final de las romanzas y defendió convincentemente “De este apacible rincón de Madrid” y “No puede ser” y el dúo “No hay que quitar los hilvanes”.

Rubén Gimeno dirigió a una OSV con maderas y metales a uno, piano, menos percusión y cuerda. Lo hizo con eficacia y arropando a los cantantes, sin excesos decibélicos y buscando matices significativos como el ambiente tierno y nocturno en el cierre del Preludio de La verbena de la Paloma y en la vivacidad de los preludios de Chueca.

Fotografía cortesía Orquestra Simfònica del Vallès

Escribir a Albert Ferrer Flamarich