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Ópera

El siglo XX y sus cantantes

Enid Negrete

En el siglo XX se dio uno de los cambios más importantes en lo que respecta al concepto del trabajo del cantante de ópera.  Fue un siglo riquísimo en voces y estilos, que además nos dio la oportunidad de reproducir primero las voces y después las actuaciones, para poder disfrutarlas y analizarlas.

Este es el primero de una serie de artículos sobre los cinco cantantes que considero primordiales para comprender el devenir de la ópera en la segunda mitad del siglo XX. Se trata de hablar de los intérpretes que hicieron posible el cambio en la ópera a partir de la inserción del trabajo del director de escena en la lírica, no tanto de sus aspectos biográficos como de sus aportaciones artísticas y las características de su trabajo.

Para hacer una selección tan difícil en universo tan amplio he tomado como criterios principales, primero el hecho de que vivieron en un época en que su trabajo pudo ser registrado tanto auditiva como visualmente; después el hecho de que, aunque algunos fueron criticados por no ser cantantes perfectos desde el punto de vista vocal, todos fueron considerados unánimemente como los grandes intérpretes de nuestro tiempo. No todos los sonidos emitidos por estos artistas han sido bellos, pero todos han sido expresivos e inolvidables.

Me han interesado sobre todo aquellos para los cuales la ópera era, sobre todo, un conjunto de artes y no un espacio de lucimiento vocal. Aquellos que salían a cantar, por más bien que lo hicieran, siempre fueron superados por los que salieron a morir en escena. Porque la gran diferencia es poner todo al servicio de la voz o poner la voz al servicio del todo.

Los cantantes que he seleccionado son: el bajo ruso Feodor Chaliapin (1873-1938), cuyo trabajo inspiró a Stanislavky para su método de actuación; el barítono italiano Tito Gobbi (1915-1984), famoso por sus irrepetibles interpretaciones de Scarpia junto a la otra cantante que indiscutiblemente considero en este grupo: Maria Callas (1923-1977); la soprano greco-canadiense Teresa Stratas (1938-) dedicada actualmente a la labor humanitaria y el tenor Plácido Domingo (1941-) uno de los cantantes más polifacéticos de las historia de la ópera.

La mayoría de ellos no han sido capaces de quedarse sólo en la actividad lírica y sus aportaciones han sido básica para el desarrollo de la ópera en el siglo XX. El interés por el trabajo teatral hizo que por lo menos 3 de ellos (Callas, Chaliapin y Gobbi) se interesaran por la dirección de escena. Aunque su suerte dentro de ese campo no ha sido del todo exitosa, creo que nos demuestra que para ellos la creación no acaba con la voz. Chaliapin y Domingo han sido también empresarios y directores artísticos de teatros de ópera (Domingo también director de orquesta y Chaliapin incursionó en las artes plásticas), Gobbi desarrolló una importante labor pedagógica, Callas y Domingo han rescatado importantísimas partituras para la renovación del repertorio de la ópera y Stratas ha desarrollado una enorme labor humanitaria.

La ópera siempre ha valorado las grandes voces, ¿Cómo podría ser de otro modo? Pero aquellos cantantes que incluso vuelven expresivos sus defectos vocales (si es que los tienen), que buscan una expresividad escénica sobre todo, aquellos que salen al escenario y cambian nuestro concepto de los personajes porque se entregan sin medida, esos son los que se vuelven una joya para el director de escena y los que, en mi opinión, no son sólo cantantes de ópera sino artistas en el más amplio sentido de la palabra.

Eso significó muchas veces que su voz se afectara y dejara, en algunos casos daños permanentes; sin embargo esto no impidió que siguieran siendo intérpretes perfectos. Este hecho me ha planteado la pregunta: ¿Para ser cantantes de ópera perfectos se debe incluir la imperfección vocal en la interpretación o es la perfección de la técnica vocal lo que permite que se pueda usar la voz de manera imperfecta pero expresiva?

En gran medida, estos cantantes son los responsables de que el público se volviera tan exigente con el cantante ¿Quién podría conformarse con cantantes que sólo cantan después de haber visto las grandes creaciones de Callas, Chaliapin, Stratas, Domingo o Gobbi? Fueron artistas que, en su mayoría, se dedicaron a diferentes aspectos de la ópera o de las artes, sin encerrarse nunca en una única manera de ver el hecho operístico.

Sé que esta selección puede parecer muy arbitraria pero creo que es a este grupo al que se pueden aplicar palabras que Kurth Pahlen dijo sobre la Callas: “Una fuerza avasalladora para la cual la voz maravillosa y la técnica perfecta sólo constituían los medios”. (1) Multifacéticos y grandes creadores, estos artistas nos demuestran que a veces, en la ópera como en la vida, la perfección sólo puede existir cuando incluye lo diverso y lo imperfecto.

(1) Pahlen, Kurt. Grandes cantantes de nuestro tiempo, Buenos Aires: Emecé editores, 1973, pag. 262

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