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Crítica de discos

Zoco mahleriano IV

Albert Ferrer Flamarich

Mahler: Sinfonía nº 4. Luba Orgonasova, soprano. Tonhalle Orchestra Zurich. David Zinman, dirección. Referencia: RCA Red Seal, RCA 88697 16852 2. 1CD, duración: 57:21.

Mahler: Sinfonía nº 5. Intérpertes: Royal Concertgebouw Orchestra. Mariss Jansons, director. Referencia: RCO Live. RCO 08007. 1CD, duración: 71’49”.

Mahler: Sinfonía nº 8. Viktoria Yastrebova, soprano. Ailish Tynan, soprano. Liudmila Dudinova, soprano. Lilli Paasikivi, mezzosoprano. Zlata Bulycheva, mezzosoprano. Sergey Semishkur, tenor. Alexey Markov, baritono. Evgeny Nikitin, barítono. Choir of Eltham College. Choral Arts Society of Washington. London Symphony Chorus. London Symphony Orchestra. Valery Gergiev, director. Referencia: LSO Live, LSO 0669. 1CD, duración: 77:22.

Mahler: Sinfonía nº 4. Luba Orgonasova, soprano. Tonhalle Orchestra Zurich. David Zinman,

Grabada un mes antes que la de Nott (Tudor) y una semana después que la de Haitink para RCO Live, a finales de 2006, de esta Cuarta de Zinmann resulta más fácil señalar lo que no son sus características. No es una lectura singular o subjetiva al estilo de Bernstein o Sanderling, ni profunda como Horenstein y Abbado. Está bien planteada, mejor tocada –excelentes diálogos de maderas y cuerdas- y revela una homogeneidad conceptual algo pragmática, cercana. Si en Nott hay un ente estilizadamente afectuoso y camerístico y en Haitink una perfección formal distanciada emocionalmente, en Zinman la apuesta es más de precisión que de brillantez, de contención en lo desenfadado y en lo distorsionado. Siempre dentro de unos márgenes de sobriedad, elegancia y naturalidad.

No necesita acelerar el pulso para lograr el punto sardónico en el Scherzo y construye un Ruhevoll lento y sereno, de noble fraseo, cuidadamente expositivo y sin melifluidades ni violencia. Sabe cómo variar los ambientes y progresar en las variaciones aunque le falta algo de magia. Lo prueba el clímax de la apertura de las puertas del paraíso, más afirmativo que idealista o esperanzador.

En el lied, Luba Orgonasova canta bien pero su voz, de tintes oscuros y metálicos, se presta mejor a un repertorio de otro registro que le permita atacar mejor ciertas frases agudas y de menor delicadeza. Por ello acusa leves imperfecciones en algunas agilidades y dinámicas.

Mahler: Sinfonía nº 5. Intérpertes: Royal Concertgebouw Orchestra. Mariss Jansons, director

Ésta es la sexta versión de la Quinta sinfonía de Mahler comercializada de la Royal Concergebouw de Amsterdam con los precedentes de Kubelik (live de 1951), Haitink (1970 y live de 1986); Tennstedt (live de 1990) y Chailly (1997). La orquesta mantiene su excelencia resultando estándar en lo discursivo y en lo técnico, aún con ese punto de renovación de sonido y sutilezas propios de Jansons. Y es que salvo momentos puntuales no hay una imaginación narrativa reveladora, lo que deja la riqueza idiomática en la presumible de la formación y el director. En cierto modo, el enfoque comparte una ortodoxia, también perceptible en las Quinta de Haitink, que se ha definido como una extraña organización calificable de civil.

Así, este Mahler de Jansons no es el visionario sino el prudentemente dramático, el poco trascendente en lo filosófico y el que se recrea en la belleza melódica y lo emotivo. He ahí, la falta de mayor voltaje de los dos primeros movimientos o lo pintoresco –más que irónico- del Scherzo que suena más cualitativo con Haitink y Chailly. El Adagietto es amplio –no moroso en el minutaje- y progresa sin afectación preparando un rondó suavizado en lo polifónico y logrado sin pompas ni efectismo. ¿Un detalle? Lo afirmativo del tema en los trombones (corte 5, 15’17”) y la espontaneidad de las maderas (corte 5, 15’24”) en la coda de la sinfonía como Michael Gielen, aunque con distinto carácter.

Mahler: Sinfonía nº 8. Gergiev

Lo afirmó Norman Lebrecht “es un ciclo muy bien tocado pero inútil” puesto que Gergiev no aporta nada nuevo. Y esta Octava no mejora la opinión. Como en la Segunda hay cierta transparencia emocional pero sin el carácter expansivo y fehaciente del sentimiento de la obra, ni su dimensión atemporal. No es un Mahler cargado de fuerza ni concebido a modo de puzle como en los registros de la Sexta, Séptima y Tercera.

Lo interesante es el trabajo camerístico de las texturas en una de las sinfonías que más lo requiere. Gergiev parece dar réplica a la tendencia de Solti y Bernstein en aquello de “conmoción y pavor” si bien le sucede lo contrario que a Solti: en su afán por atrapar lo poético desatiende lo dramático. Así, hay algo de planimetría expresiva y poca fluidez (Imple superna gratia y Da gaudiorum premia) que se compensan con algo de grandeza (Gloria Patri Domino). El discurso es planteado como si fuera un festival sacromusical con su redención wagneriana en la oclusión de la obra, siendo la segunda parte la mejor servida tanto en lo musical como en lo místico. Los solistas, vinculados al Teatro Mariinsky, son mediocres aunque funcionan bien como conjunto. Mejores están los coros e impresionante el órgano aunque el sonido no ayuda a la recomendación: es de calidad, pero difuso y lejano espacialmente –hay que subir el volumen del reproductor-. En resumen, un registro forzado para una integral mediocre.

Escribir a Albert Ferrer Flamarich