. .

Crítica de discos

Antología operística catalana

José Prieto Marugán

Ánima. Ópera catalana. Obras de Terradellas, Sor, Carnicer, Guayabens, Pedrell, Morera, Pahissa, Manén, Gerhard, Montsalvate y Guinjoan. Intérpretes: Joan Martín-Royo (barítono), Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatro del Liceo, Josep Vicent (director). Sello: Columna Música. Ref.: 1CM0232. Duración total: 59’19”.

Ánima. Ópera catalana

En un disco de esta naturaleza se encuentran, lógicamente páginas de muy distinta orientación estética. Desde la barroca de La Merope (1743), de Domingo Terraderllas, de la que se nos ofrece un aria dinámica y brillante, hasta el ejemplo de Gaudí (2003), de Joan Guinjoan, prácticamente un recitativo de gran intensidad expresiva. Entre uno y otro ejemplos, no faltan, como es natural los que se asemejan al estilo italiano: Adela de Lusignano (1819), de Ramón Carnicer, un dúo de tenor y barítono, acompañado de coro, intenso, enérgico y muy atractivo, donde colabora Albert Casal; Arnaldo d’Erill (1859), de un desconocido y autodidacta N. Guayabens, y Quasimodo (1875), de Felipe Pedrell, aria de bravura de amplia línea melódica.

Como ejemplos de obras estéticamente asociables al siglo XX, se ofrecen: La dueña (1949), de Robert Gerhard, un aria casi declamada de gran acompañamiento orquestal; Gala Placidia (1913), de Jaume Pahissa, densa, dramática y muy exigente en el registro agudo; Babel 46, (1967), de Xavier Montsalvatge, un canto casi declamado muy atractivo; Neró i Acté (1928), de Juan Manén,  página densa y también semideclamada.

Completan el disco, un corte “clásico”, perteneciente a Telémaco nell’isola di Calipso (1797), de Fernando Sor; un aria heroica, acompañada por el coro, perteneciente a Los Pirineos (1902), de Felipe Pedrell, de influencia germánica, y La Santa Espina (1907), de Enric Morera, ejemplo de aria emocionada y expresiva brillantemente orquestada.

El contenido es, como se ve, muy variado, y tiene el interés de mostrar lo que compositores nacidos en Cataluña han realizado para el género operístico dentro y fuera Cataluña. Nos permite conocer música que, de otro modo, permanecería muda, como tantas otras.

A su intérprete, el barítono Joan Martín-Royo, barcelonés de nacimiento, premiado en Salzburgo y en el Concurso Francisco Viñes, que ha intervenido en oratorios, música sinfónico coral y óperas de Mozart, Rossini y otros autores, hay que agradecerle el trabajo de enfrentarse a tan variada selección. Su voz es densa, de timbre quizá un poco oscuro, de graves importantes y redondos y agudos menos brillantes (al menos no los emplea en el repertorio elegido). Ha realizado un trabajo eficaz acompañado de un conjunto instrumental de calidad que Josep Vicent ha sabido poner al servicio de la voz solista.

El disco contiene notas de Frances Bonastre, en catalán castellano e inglés, en el que, sorprendentemente, no figuran referencias a todas las obras grabadas. Seguramente se trata de un ligero despiste, no habitual en las producciones de Columna Música.

El CD merece la pena ser escuchado. Sin duda es un producto de nuestra ordenación autonómica; de otra manera, nunca hubiéramos tenido ocasión de escuchar estas música.

Escribir a José Prieto Marugán