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Disco del mes

Blasco 2: La venganza de Blasco

Carlos de Matesanz

Manuel Blasco de Nebra: Integral de la obra para piano, vol.2. Pedro Piquero (piano). Sello: Columna Música. Referencia: 1CM0237.

M. Blasco de Nebra: Piano Sonatas. Javier Perianes (piano). Sello: Harmonia Mundi. Referencia: HMC 902046.

Manuel Blasco de Nebra: Integral de la obra para piano, vol.2

Tras años de desierto discográfico, la música del compositor sevillano Manuel Blasco de Nebra (1750-1784) –sobrino, según se cree, de José de Nebra, músico de la Capilla Real de Madrid– aparece ahora en el mundo de la fonografía a pares. Ya el año pasado, el pianista sevillano, afincado en Extremadura, Pedro Piquero acudía a paliar esta sequía discográfica, dispuesto a acabar con ella abordando para Columna Música toda la música que de este compositor se conserva, que es para tecla, dejando fuera alguna sonata específicamente organística. Paralelamente, otro Pedro, el madrileño Pedro Casals, emprendía la misma integral para el sello Naxos, pero centrándose en el género sonata (es decir, incluyendo las sonatas organísticas y dejando fuera las Pastorelas). Sólo con esto, Blasco ya quedaría suficientemente reivindicado e incluso vengado de tanto olvido.

Ahora, cuando Casals ya ha concluido su integral y Pedro Piquero saca el segundo volumen de la suya, se apunta al carro del “blasquismo” el onubense Javier Perianes, que hizo un hueco en su apretada agenda de conciertos hace casi un año para grabar en los Estudios Teldex de Berlín un álbum que reúne una especie de “The very best of Blasco”, con tres Sonatas y dos Pastorelas del Manuscrito de Montserrat y tres Sonatas Opus 1 del Manuscrito de Washington. Desde luego, dada la proyección internacional de Perianes y la distribución de Harmonia Mundi, este disco es uno de los mejores favores que se le puede hacer a un compositor tan original, y de tantísimo mérito e inspiración, pero tan ignorado. El álbum es un producto primoroso, de presentación ejemplar y con una toma sonora gloriosa debida a Tobias Lehmann, de los estudios Teldex. En cuanto a lo musical, Perianes no se ha fijado en vano en la música de don Manuel: conviene perfectamente a su manera de tocar, íntima y sin aspavientos, y a su sonido sedoso y consistente. Pero la interpretación de estas sonatas casi clavecinísticas es tratada con un completo desprecio –y un poquito está bien, pero tanto... – de las coordenadas históricas y musicológicas de las mismas: la música suena a un Romanticismo decimonónico descarado. El uso del pedal es generoso, los tempi lentos se alargan hasta el infinito perdiendo el pulso, múltiples grupetos y mordientes dejan de tener su efecto fulgurante para convertirse en mero adorno y los silencios bruscos y modulaciones extrañas o sin resolver, en las que el experimentador Blasco es rico, no causan la sorpresa que debieran, perdidas en la opulencia sonora o en la contemplación ensimismada del claro de luna. Pero, eso sí, Perianes no es caprichoso: es totalmente coherente con este su planteamiento desde el principio hasta el final del disco, y en el transcurso del mismo nos encontramos grandes hallazgos técnicos y expresivos, y muchos momentos de refinada sensibilidad.

M. Blasco de Nebra: Piano Sonatas

Pedro Piquero, por contra, tiene bien claro que interpreta y que quiere interpretar música del siglo XVIII. No adopta una postura historicista, pero tampoco antihistórica, como la de Perianes. Utiliza todos los recursos del piano moderno para darnos su visión de un compositor contemporáneo de Haydn que lo mismo mira al Barroco en el que aún vivió su tío que anuncia un Romanticismo Sturm und Drang que por nuestras tierras todavía ni se cataba. Los tempi son siempre coherentes y, de hecho, Piquero mantiene un control férreo sobre ellos pero sin perder flexibilidad. El sonido, muy puesto en valor por una toma sonora muy presente, es más pequeño y menos opulento que el de Perianes, pero extraordinariamente sugerente y limpio, y los dedos diseñan la música con una nitidez absoluta, donde nada queda disfrazado ni borroso y donde cada nota parece tener su propio peso específico, su propia personalidad: realmente es música del Siglo de las Luces, interpretada como tal. Con estas armas, el paisano de Blasco interpreta las Sonatas nº 1 a 10 –bipartitas todas, menos la nona– del Manuscrito de Montserrat, del que ya grabó las seis Pastorelas junto a seis Sonatas del convento de la Encarnación de Osuna en el anterior volumen. Y en esas diez sonatas nos descubre un mundo singularísimo, de una sencillez engañosa, casi naïve, donde late un corazón muchas veces anhelante.

Pero, entonces ¿con cuál nos quedaríamos? La verdad es que nada nos obliga a elegir y sería tontería hacerlo. Yo, y dispensen el personalismo, daría preferencia a Perianes para hacer un regalo, porque iba a quedar como un marqués, seguro de ofrecer buena música en las mejores condiciones. Pero en mi discoteca –que es un rincón del alma– se quedaría el de Piquero, de quien ya sólo nos resta esperar que, en breve, nos ofrezca el siguiente y último volumen de su integral: “Blasco 3, el desenlace”.