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Índices
XV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo
Radu Lupu
Antonio José López Domínguez
XV Ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo. Radu Lupu (piano). Leoš Janáček: En la niebla. L. V. Beethoven: Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, “Appassionata”. F. Schubert: Sonata nº 23 en si bemol mayor, D 960. Auditorio Nacional de Música de Madrid. Martes, 6 de abril de 2010, 19:30 h.
Radu Lupu (Galatti, 1945) cumplió su tercera participación en el Ciclo de Grandes Intérpretes después de su presencia en 1999 y 2003. Con un ambicioso programa dedicado a Janáček, Beethoven y Schubert, Lupu ofreció un recital muy personal excesivamente centrado en el lirismo y poco conectado al carácter profundamente dramático que demanda la música de los dos últimos.
Un auditorio prácticamente lleno recibió al pianista rumano, quien apareció en escena con gran discreción y parco en gestos. Tocó durante todo el recital sentado en una silla, sin ninguna apariencia de esfuerzo en su rostro y con gran sosiego en la ejecución. Desde un principio conectó enseguida con el público, transmitiendo seguridad y fluidez en el teclado.
Comenzó con una obra poco escuchada y muy interesante: En la niebla de Janáček, con ciertos tintes de carácter impresionista que recordaban a Satie o al propio Debussy. Con un sonido de gran belleza y transparencia recreó toda suerte de sutilezas tímbricas. Sin pausa de ningún tipo, afrontó la Appasionata de forma sorprendentemente pausada, quizá bajo el influjo de la pieza anterior, con un tempo ciertamente lento a lo largo de toda la sonata. Resulta siempre arriesgado por la inevitable comparación con las enormes versiones de siempre plenas de potencia como las de Richter o Barenboim, pero en ningún momento controló los extremos de intensidad emotiva que demanda la obra.
Tras el descanso asistimos a una interpretación monumental de la Sonata en si bemol mayor de Schubert, una de las piezas capitales de la música romántica para piano, que alcanzó su punto culminante en un “andante sostenuto” sobrecogedor. Ciertamente no fue una interpretación intensa, pues se echaron de menos los contrastes propios de una obra que exige un alto grado de dramatismo. Brilló su mágico y transparente fraseo, además de su elegante articulación.
Fuera de programa, obsequió al auditorio con un delicioso Intermezzo de Brahms, y un Impromptu de Schubert para cerrar la velada.
Fotografía cortesía de la Fundación Scherzo ©Rafa Martín
Escribir a Antonio José López Domínguez