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Índices
Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica
Pappano y Noseda: dos italianos en Ibermúsica
Carlos de Matesanz
Auditorio Nacional. Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica.
25 de abril de 2010. 19:30 h. Han-Na Chang (cello), Gustav Mahler Jugendorchester; dir: Antonio Pappano. R. Strauss: Muerte y transfiguración, Op. 24 y Una vida de héroe, Op. 40; D. Shostakovich: Concierto para cello nº 1, Op. 107.
29 de abril de 2010. 19:30 h. Ainhoa Arteta (soprano), Orquesta de Cadaqués; dir: Gianadrea Noseda. G. Puccini: Preludio Sinfónico, intermezzi y arias de Turandot, Suor Angelica, La Bohème y Manon Lesacaut; R. Schumann: Sinfonía nº 2 en Do mayor, Op. 61.
La gran categoría sonora de la Gustav Mahler Jugendorchester, dirigida por un maestro de prestigio, es reclamo más que suficiente para acudir a un concierto en el que, además, la mayor parte del programa está dedicada a ese rey del sonido que fue Richard Strauss. Pues bien, el concierto respondió totalmente a las expectativas generadas por el reclamo. Más implicado en los momentos brillantes o épicos que en los emotivos y sentimentales, Antonio Pappano encontró mejor campo de lucimiento en la Vida de Héroe que ocupó toda la segunda parte, que en la Muerte y transfiguración que abrió la velada y en la que, además, se notó algún desajuste en la orquesta que, no obstante, no oscureció el bello sonido.
Entre ambos Strauss, cerrando la primera parte, el Concierto nº 1 de Shostakovich encontró una traducción idónea en la lectura destellante, de tempi muy vivos, que realizó Pappano. Pero, sobre todo, fue la intervención de la cellista Han-Na Chang la que destacaríamos, no sólo por fuerza y contundencia, con un sonido potente y homogéneo, sino también por la imperturbabilidad de una intérprete dominadora y dispuesta a llevar la música hasta sus últimas consecuencias sin distraerse ni un solo segundo
En comparación, el siguiente concierto de esta cuadragésima temporada de Ibermúsica, resultó menos lucido, más doméstico, como de pequeño formato. La Orquesta de Cadaqués es una agrupación también de sonido muy limpio y pulido, pero de menos cuerpo y densidad –además, es una agrupación más bien pequeña (3 contrabajos, 50 músicos en total) – y Gianadrea Noseda no tiene la categoría expresiva y comunicativa –que, al final es lo que más cuenta– de su paisano Pappano. Además, el repertorio, agradable, tampoco era tan lucido e impactante como el del concierto anterior y, en la primera parte, la orquesta se limitó a acompañar a una Ainhoa Arteta que cantó con gusto y aplicación, pero con pocos matices y una constante tendencia al forte, “Tu, che di gel sei cinta”, “Donde lieta uscì” y “Sola, perduta, abbandonata”, siendo esta última aria, tan dramática, donde más se notaron sus actuales limitaciones vocales y sus sempiternas limitaciones expresivas. El público, siempre dispuesto a aplaudir a una cantante mediática, pudo disfrutar, además, de sendos bises, también puccinianos y muy populares: “O mio babbino caro” y el vals de Musetta “Quando m’en vo soletta”.
Toda la limpieza de sonido de la orquesta y la pulcritud de Noseda, que ya se habían entrevisto en el delicado intermezzo de Suor Angelica, quedaron patentemente expuestas en la lectura de la Segunda Sinfonía de Schumann que se dio en la segunda parte. Una interpretación eminentemente lírica, aligerada de espesores beethovenianos, que funcionó bien en los dos primeros movimientos; pero al llegar al tiempo lento, el bellísimo Adagio espressivo que obra como auténtico corazón anímico de la partitura, la tensión cayó y la música, sin perder corrección, perdió intensidad. Por suerte, se recuperó, y de qué modo, en un Allegro molto vivace final que hizo honor a su indicación de tempo y carácter y que cerró el concierto de un modo vibrante e inspirado.
Fotografía cortesia Ibermúsica ©Sheila Rock