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Ópera en Milán

Lulu en la Scala

Massimo Viazzo

Lulu en la Scala de Milán

Lulu, ópera de Alban Berg. Representación del 23 de abril del 2010 en el Teatro alla Scala de Milan. Elenco: Laura Aikin (Lulu), Natascha Petrinsky (Gräfin Geschwitz), Magdalena Anna Hofmann (Der Prinz / Der Kammerdiener), Johann Werner Prein (Der Theaterdirektor / Der Bankier), Roman Sadnik (Der Maler / Ein Neger), Stephen West (Dr. Schön / Jack the ripper), Thomas Piffka (Alwa), Franz Mazura (Schigolch / Ein Clown) y otros. Director de escena: Peter Stein. Diseño de escena: Ferdinand Wögerbauer. Vestuarios: Moidele Bickel. Iluminacion: Duane Schuler. Orquesta del Teatro alla Scala de Milano. Director Musical: Daniele Gatti.

«O Freiheit! Herr Gott im Himmel!» la profunda melodía que acompaña el regreso de Lulu a casa al final del segundo acto, y después de tantas vicisitudes ligadas a su encarcelamiento y a su laboriosa liberación, resultó ser un emblema de esta ópera. La libertad tan esperada y en realidad tan sofocada de la protagonista permanece como la huella de un personaje que corrompe y seduce al mismo tiempo. El público, que resistió la fascinación de la obra, no pudo más que sentir piedad y compasión por la kleine Lulu, la mujerdesorientada, prostituta, asesina, y sin pasado, que no sabe o no puede consentir el presente y no conoce el futuro. La obra maestra de Alban Berg se representó en la Scala después de más de treinta años de ausencia, con la realización escénica creada en la Opera de Lyon (Francia) la temporada pasada. Con relación a aquella edición no se vieron cambios sustanciales en lo que respecta la impostación de la dirección actoral. El espectáculo de Peter Stein, además de ser simple es muy eficaz para hacer captar el corte cinematográfico latente en la dramaturgia de la obra, y para conducir al espectador de la mano, un espectador que si no esta adecuadamente siempre alerta, es decir, receptivo o activo –hablando desde el punto de vista auditivo-, corre el riesgo de salir trastornado cuando se enfrenta a una partitura que se agiganta en densidad de escritura orquestal y por exuberancia melódica. La escena de diseño estilo art déco, preparada por Ferdinand Wögerbauer, posee cierta elegancia, y los vestuarios parecieron correctos.

Laura Aikin

En la parte musical hubo pocas pero relevantes variaciones, comenzando con la muy inspirada baqueta de Daniele Gatti. El director milanés buscó compactar la estructura, trabajando mucho (casi de una manera wagneriana) en la intersección y la unión de los Leitmotiv, siempre perfectamente insertados en un tejido musical incandescente. En los momentos más «mahlerianos» (como la Verwandlung entre la segunda y la tercera escena del primer acto) Gatti obtuvo de una orquesta del teatro, siempre en gran forma, un sonido cálido y corpóreo, que supo destimbrarse oportunamente durante los extraños episodios del inicio del tercer acto.

El único cambio respeto a la producción de Lyon fue Natascha Petrinsky, que en el papel de la amante lésbica destacó por su adecuada prestancia y su cautivante presencia escénica. El resto del elenco no desilusionó, comenzando por el conmovedor Schigolch de Franz Mazura (de 86 años de edad) y terminando con el temperamental pero frágil Alwa de Thomas Piffka. Sin embargo, la verdadera triunfadora de la velada fue Laura Aikin. Sí, ya que Aikin es Lulu por técnica, carácter, iniciativa escénica, y todo en ella pareció metabolizado en una identificación total con el personaje, con corte de pelo a la Louise Brooks incluido. El público que permaneció en la sala (desafortunadamente un poco disminuido al final de la representación, después de algunos inevitables pero injustificados retiros) le tributó un meritorio aplauso.

Fotografías cortesia del Teatro alla Scala©Marco Brescia