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Crítica de libros

Jean Jacques Rousseau vuelve para quedarse

Alicia Perris

Rousseau: Música y Lenguaje. Anacleto Ferrer Mas, ed. Universitat de València, 2010. Nº de páginas: 291. ISBN: 978-84-370-7543-3.

Rousseau: Música y Lenguaje

Jean Jacques Rousseau, de quien en su día y en un número anterior de OpusMusica reseñamos una obra, siempre se conocerá como el filósofo del “Contrato Social”, el pedagogo del “Émile” o el escritor prerromántico que disecciona sus emociones en “las ensoñaciones del paseante solitario”. Que fuera un entendido en música, probablemente el mayor experto que trabajó para el gran proyecto de la Enciclopedia francesa del Siglo XVIII, es un dato que pocos conocen.

En “Rousseau: música y lenguaje”, se presentan una serie de trabajos sobre la especialización rousseauniana en el ámbito musical, pero puede decirse que los escritos desbordan con amplitud el tema del punto de partida. Anacleto Ferrer, profesor de Estética y Teoría del Arte de la Universitat de València, traductor de los Escritos sobre Música de Rousseau (PUV, 2007) y editor de Diderot, Grimm, Rousseau y D´Alembert, La Querella de los Bufones (MuVIM, 2008), trabajan en esta obra aportando un bagaje proveniente de varias universidades como Barcelona, Salamanca, Palermo, Lyon, Ginebra y Montreal, entre otras. Este proyecto tuvo su origen en el Congreso “Rousseau: música y lenguaje”, celebrado los días 24, 25 y 26 de noviembre de 2008, que da título a esta recopilación.

Sin pretender ser exhaustivos, el libro discurre por diferentes capítulos con distintos autores, con una presentación, que lanza una “nueva mirada sobre la Ilustración”, de Romà de la Calle, una reflexión sobre la música como protagonista en la obra del filósofo, por Michael O´Dea, la “música y ficción en la filosofía de Rousseau”, por Manuel E. Vázquez. Pierre Saby aporta su elaboración sobre “¿Rousseau fue compositor? Material poético y elaboración musical en las consolaciones de las miserias de mi vida”. Otro autor francófono, Claude Dauphin, escribe sobre “Rousseau, compositor antillano: la “chanson nègre” de las Consolaciones”. Amalia Collisani nos ofrece un capítulo que titula “Pigmalión en Sicilia”. Jenaro Talens propone “La querelle des bouffons y la resistencia a la teoría”, mientras que David Medina opina sobre “Hacia una nueva estética: Rousseau y Gluck”. “De St. Gervais al callejón de Sachs: teatro, música y fiesta en Wagner y Rousseau”, de David Medina, incluye al creador de Weimar y la tetralogía en un bucle temporal que “aggiorna” más si cabe las teorías y la sensibilidad musical del padre del “Emilio”. Como no podía faltar la referencia erudita y estética, Antonio Notario Ruiz, se vuelca sobre la “Teoría Crítica de la Música: entre Rousseau y Theodor W. Adorno”, para cerrar el volumen con “La originalidad” de Antoni Marí y Lluís Nacenta. Libro compendio de muchas preocupaciones y dedicación, ha sido reunido ahora gracias a la infatigable paciencia de Anacleto Ferrer Mas. Cada capítulo podría considerarse una propuesta en sí misma, una pequeña tesis doctoral sobre un tema que bordea, recrea y amplía las coordenadas rousseaunianas para emparentar con otras áreas de la música y la creación artística o la propia filosofía.

No están exentas de la ambición de esta obra, las intimidades emocionales de un Rousseau que muy a menudo filtraba sus sentimientos -como buen iniciador del Romanticismo francés- en cada una de sus disquisiciones en torno al saber humano. Merece la pena leer este libro y dedicarle tiempo, pero tal vez sería indicado, con cierto tiempo de por medio, ir eligiendo los temas prioritariamente en función de nuestras afinidades y continuar luego con otros que nos parezcan menos tentadores. No es un libro para leer sin parar, con atropello, como una novela, cuyo principal objetivo es el discurrir de las aventuras de los personajes y el final de la historia. Porque esta obra está llena de ellas y cada una es un mundo. Vale la pena abordarlo, pero en la tranquilidad del verano que se aproxima o en la decadencia paulatina de los atardeceres de los fines de semana en que, gracias a la ausencia de trabajo reglado, podemos volver a ser nosotros mismos y a reconciliarnos con el placer de la lectura lenta y paladeada, como la degustación de un vino añejo.

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