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Crítica de discos
Nocturnos chopinianos
José Prieto Marugán
Federico Chopin: Nocturnos, volumen I. Intérprete: Luis Fernando Pérez (piano). Sello: Mirare, 1CD. Duración: 54’35”.
Como es sabido, se cumple este año el Segundo Centenario del nacimiento de Federico Chopin (1810-1849) y, naturalmente, la efeméride se celebra como es habitual: artículos, libros, análisis, discos… En ocasiones, las editoras aprovechan para hacer caja y vuelven a poner en circulación ediciones pasadas, refundiciones de grabaciones antiguas que, visto el hecho de manera positiva, vuelven a darnos oportunidad de adquirir y escuchar. Por otra parte, esto de las celebraciones tiene como valor añadido la aparición de novedades que, aunque en el caso de la música de Chopin parezcan innecesarias (la música del polaco está toda grabada y más que grabada), siempre vienen bien.
Es el caso de los Nocturnos de Luis Fernando Pérez, que añade un punto de vista muy personal traducido en una visión especialmente poética, íntima y descriptiva de las piezas seleccionadas. En general, su interpretación nos resulta muy tranquila, casi contemplativa, aunque alejada de sensiblerías y blanduras. Chopin no es ni una cosa ni otra, y no siempre es fácil traducirlo sin caer en tópicos. El discreto uso del pedal y un planteamiento alejado de dramatismos y arrebatos romanticones son otras cualidades que destacan en la versión comentada. Por último, el pianista madrileño, destaca siempre el canto, la melodía, base de la música según el propio autor polaco.
Si tuviéramos que elegir alguno de los diez nocturnos incluidos, nos decantaríamos por la distinción del Op. 15 nº 2, por el intimismo del Op. 48 nº 2, por el carácter casi de danza del Op. 32 nº 2 y por la extraordinaria poesía sonora alcanzada en el último, el Op. póstumo.
El CD se anuncia como volumen I y contiene diez de los nocturnos, aunque no grabados en el orden habitual, ni siquiera números de opus completos (sólo está grabado el segundo del Op, 9, el primero y el segundo del Op. 15, el segundo del Op. 32 y del Op. 37, y en orden inverso –segundo y primero- los dos del Op. 48). Ignoramos el porqué de esta distribución, quizá se deba al “carácter” de cada uno de ellos visto desde la perspectiva del intérprete.
Escribir a José Prieto Marugán