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Índices
Entrevista a Miguel Ángel Gómez Martínez
“Si volviera a nacer, querría volver a ser director de orquesta”
Carlos de Matesanz
Miguel Ángel Gómez Martínez (Granada, 1949) es uno de los directores de orquesta más destacados de la reciente historia de la interpretación en nuestro país. Alumno del mítico Hans Swarowsky, fue, a mediados de los ochenta, uno de los músicos más activos y presentes en la vida musical española. Paralelamente, fue desarrollando una carrera internacional que le llevó a debutar en teatros líricos tan importantes como la Wiener Staatsoper o el Covent Garden de Londres, y con orquestas de tanto prestigio como la Staatskapelle Dresden o la Gewandhaus de Leipzig, a la que dirigió un ciclo Mahler completo. Recientemente, ha recalado varias veces en Madrid, para dirigir a las orquestas de la Comunidad y de RTVE, y aprovechando una nueva visita para montar “Tosca” –una de sus especialidades– en El Escorial, hablamos con él de su ya extensa (e intensa) trayectoria musical.
OpusMúsica- Nacido en el seno de una familia de músicos, es de suponer que sentiría una atracción por la música muy prematura.
Miguel Ángel Gómez Martínez- Sí, pero mis padres no querían que yo fuese músico, se negaban absolutamente. Pero cuando un niño se pone terco es muy difícil decirle que no. Y yo me empeñé en ser director de orquesta, era mi idea fija.
OM- ¿Concretamente eso: director de orquesta?
MAGM- Sí, sí: sin dudas. Yo no quería ser pianista como mi madre ni trompeta como mi padre: yo lo que quería ser era director de orquesta. Y convencí a mi madre para que empezara a darme clases de música.
OM- Y esto de ser director de orquesta ¿es como se lo imaginaba cuando era pequeñín?
MAGM- No, es diferente... ¡pero es muy bonito también!
OM- ¿No reniega de su trabajo, que es algo que los músicos, a pesar de las satisfacciones, hacen mucho?
MAGM- No, no; yo estoy muy contento. Y estoy seguro de que, de nacer otra vez, incluso sabiendo lo que me esperaba, volvería a hacer lo mismo. Cuando yo era pequeño, jugaba muy bien al fútbol; tanto, que el Granada C.F. quiso contratarme para los juveniles, y yo siempre digo que tendría que haber jugado al fútbol, hacerme millonario y, a los 35 años, empezar a dirigir orquestas. Pero, mire, si volviera a pasar, volvería a hacer lo mismo: decirle al Granada no y dedicarme a dirigir, que es lo que me gusta.
OM- El maestro Gómez Martínez es muy recordado en nuestro país por su titularidad con la orquesta más mediática del país, la Sinfónica de RTVE, a la que hace no hace mucho regresó para dirigir una magnífica Patética de Tchaikovsky. ¿Aquella fue su primera titularidad?
MAGM- Sí, había sido “director titular” –es decir, con un puesto fijo– en teatros en que había varios titulares, como la Staatsoper de Viena y la Deutsche Oper de Berlín, que fue mi primera ópera. Pero no había sido el “jefe”, que es la idea que aquí se tiene de “director titular”.
OM- ¿Cómo recuerda aquella etapa madrileña, en los años 80?
MAGM- Como un periodo muy agradable. La Orquesta de RTVE tenía, junto con la Nacional, los mejores músicos que había en España en aquella época. Aprendí a involucrarme totalmente con una orquesta y, desde entonces, cuando yo he sido titular de una orquesta, siempre la he considerado como “mi” orquesta, no porque sienta que la orquesta sea de mi propiedad, sino porque yo me siento propiedad de la orquesta.
OM- También fue, al año siguiente de entrar en RTVE, director del Teatro de la Zarzuela.
MAGM- Fue la etapa en que se amplió, de 87 miembros más o menos a los 107 que creo que ahora tiene, la Orquesta Sinfónica de Madrid, que era la titular del Teatro, en aquella época en que era el teatro de ópera de la capital. Fue un periodo también muy bonito porque se trabajaba con la ilusión de que en el 92 se reinauguraría el Teatro Real, que luego tardó mucho más.
OM- ¿Fue por ese evidente retraso por el que en 1991 dejó el Teatro de la Zarzuela?
MAGM- Hubo una razón de mucho mayor peso: yo siempre he pensado que un Generalmusikdirector no debe eternizarse en el puesto. Tengo la norma, absolutamente inquebrantable, de no estar más de ocho años al frente de una orquesta. Y por bien que hayan ido las cosas y por a gusto que me haya encontrado como director de una agrupación, nunca he estado más de ocho años.
OM- En nuestro país, también ha sido titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, durante cuatro años, nada más empezar la década de los 90.
MAGM- En aquella época, era la mejor orquesta del norte de España, porque se había formado muy recientemente –tenía diez años cuando yo llegué– y, como yo siempre me he considerado un buen “educador” de orquestas, en los años en que estuve se produjo una progresión muy importante. Pero lo mejor es el contacto personal que mantuve con los miembros de la orquesta, que se conserva hasta hoy día. Cuando me fui, por motivos completamente extramusicales, los músicos me organizaron un homenaje que me llegó al alma y me regalaron una estatuilla que tengo puesta en un lugar de honor de mi casa.
OM- La última orquesta española de la que el maestro Gómez Martínez ha sido titular, a finales de los 90, ha sido la de Valencia.
MAGM- Estuve siete años como titular y uno más como titular en funciones, hasta que se incorporó mi sucesor; así que cumplí mi máximo de ocho años. Un tiempo muy bonito también, en el que me encontré a una orquesta de calidad pero que necesitaba mejoras, como la cobertura de plazas vacantes. Aquello fue lo primero que tuve que hacer, y no fue tanto un proceso técnico como un acto de justicia para con la propia orquesta, que tenía la mala fama de que las plazas se cubrían por amiguismo o por enchufe político. Así que las oposiciones se convocaron “con biombo”: el jurado no podía ver quién tocaba; era algo muy sencillo de hacer y que dictaba la lógica de las circunstancias, pero hubo sus dificultades y llevó una pequeña lucha... pero lo conseguí. Y se escogió realmente a los mejores. Y, en poco tiempo, la mala fama desapareció; de tal manera que, en las sucesivas oposiciones, pasaron de presentarse sólo seis u ocho músicos a presentarse treinta o cuarenta y de todas partes del mundo.
OM- Con esto queda bien claro que el maestro Gómez Martínez es un director que realmente conoce y ha vivido de primera mano la música en nuestro país, con todos sus pros y sus contras. Porque, a veces, nos da la impresión, errónea según lo visto, de que su carrera pertenece más al ámbito internacional.
MAGM- Al cincuenta por ciento: después de seis años con contrato en la Ópera de Viena, y tras un par de años de ser director invitado, tuve mis primeras titularidades españolas en Madrid, de las que ya hemos hablado. Y, poco antes de dejar el Teatro de la Zarzuela, se me ofreció el puesto de Generalmusikdirector en la Ópera de Mannheim en 1990.
OM- ¿Cómo fue su estancia en aquella ciudad tan ligada a la Historia de la Música?
MAGM- Fueron tres años muy bonitos. Fue amor a primera vista entre público, orquesta y maestro. Además, en aquella época el teatro tenía una orquesta y un coro de gran calidad y unos solistas que hoy día ocupan los primeros puestos del panorama internacional: Waltraut Meier, Deborah Voigt, Marussa Xyni, Christiane Iven, Renée Morloc, Hans Peter König... La orquesta tenía un gran número de miembros en la Orquesta del Festival de Bayreuth. Nos lo pasábamos divinamente y, además, hacíamos un repertorio amplísimo, porque en aquella época, el Teatro de Mannheim tenía 65 títulos en repertorio, perfectamente ensayados y montados. Eso significaba que había función los siete días de la semana. Sólo se cerraba el teatro durante los 45 días de vacaciones y la noche del 24 de diciembre. Y esto para una localidad de 305.000 habitantes. El teatro tiene unas 1.400 localidades y estaba lleno-lleno todos los días.
OM- ¿Cómo terminó aquel idilio?
MAGM- También por temas extramusicales. Porque, mire; yo no consiento que los políticos se inmiscuyan en los asuntos musicales, del mismo modo que yo no me meto en los asuntos políticos, porque yo de eso no entiendo y doy por supuesto que harán su trabajo lo mejor que sepan. Igual que yo hago el mío, sin tolerar intromisiones, porque ellos de mi trabajo no entienden. Esto es lo que ocurrió en Mannheim, sobre todo con un cambio de intendente en que se me hizo una promesa que luego no se cumplió. Como, cuando yo prometo algo, lo cumplo a rajatabla, porque si no, no lo prometo, cuando a mí se me hizo una promesa y no se cumplió, yo perdí toda la confianza y decidí despedirme del teatro. Hubo una gran contestación por parte del público, que enseguida empezó a recoger firmas para que yo no me fuera, y como en tres días se recogieron más de 10.000 firmas, yo decidí quedarme hasta el final de la temporada por respeto y cariño al público; si no, me hubiese ido al día siguiente. El alcalde procuró que no me fuera, pero yo solicité, para quedarme, determinadas mejoras en las infraestructuras humanas del teatro, que no se pudieron conceder... porque el ayuntamiento estaba por entonces metido en la construcción de un estadio de hockey, al que prefirió dar prioridad. Así que yo me fui.
OM- Y fue a parar a Helsinki.
MAGM- Sí, en Helsinki se estaba construyendo la Nueva Ópera Finlandesa cuando yo estaba en Mannheim y me habían invitado a ver las obras del teatro, que iba a ser sensacional, y me habían sugerido la posibilidad de dirigirlo; pero como yo, por entonces, estaba bien en Mannheim, decliné la oferta. Cuando dejé la ciudad alemana, me volvieron a repetir la oferta y, efectivamente, fui a parar a Helsinki.
OM- Y en Helsinki estuvo tres años, como en Mannheim.
MAGM- Y, como en Mannheim, la cosa terminó por culpa de los políticos y sus injerencias. Es un mal internacional.
OM- Pero ya antes de dejar Mannheim había asumido otra titularidad que mantendría hasta después de dejar Helsinki: la de la Orquesta Sinfónica de Hamburgo.
MAGM- Sí, con ella estuve ocho años, mi máximo, entre 1992 y 1999; aunque llevaba colaborando con ellos más de una década, desde el 80. Y fue una etapa muy interesante por la responsabilidad de dirigir a una agrupación –cosa nada frecuente en Alemania– totalmente privada, que vive fundamentalmente de la taquilla de sus conciertos. Y, precisamente por esto, como no hubo injerencias políticas, yo estuve ocho años encantado de la vida, y más hubiese estado si hubiera sido por la orquesta. Pero yo siempre mantengo mis principios y decidí no pasar del octavo año. Eso sí, la agrupación me ofreció el título de director honorario vitalicio, con lo cual sigo ligado emotivamente a esta orquesta.
OM- Su última titularidad en el extranjero, paralela a la de la Orquesta de Valencia, fue la de la Ópera de Berna.
MAGM- En efecto. Yo había dirigido allí como invitado cosas con las que disfruté mucho –“Barbero”, “Bodas”, “Cenerentola”, “Don Pasquale”– porque las puestas en escena, que eran del intendente del teatro, eran muy clásicas y hermosas, como a mí me gusta. Así que cuando me ofrecieron la dirección de la Ópera de Berna lo hice con la condición de que los títulos que yo dirigiese fuesen con sus producciones.
OM- Bueno, el señor intendente se pondría todo hueco...
MAGM- Huequísimo. Pero luego fui descubriendo que era más falso que Judas, muy mentiroso y, además, le dio por volverse moderno. Ojo, que puede haber producciones modernas muy buenas... pero él no sabía hacerlas. Así que, visto lo visto, a los cuatro años me retiré muy discretamente.
OM- Aunque, eso sí, no dejó Suiza, porque fijó entonces su residencia allí.
MAGM- Sí, y sigo viviendo en Suiza, porque es un país central y, desde el aeropuerto de Ginebra, estoy en tres horas en cualquier ciudad de Europa. Además, el país es precioso y está muy organizado, es muy tranquilo y hay mucha seguridad. Pero, ojo, me costó lo suyo que me dieran la residencia; antes estaba muy difícil conseguir los papeles, tuve que contratar un abogado y todo.
OM- Vaya, pues, al final esta entrevista se ha convertido más bien en un bosquejo para la biografía musical del maestro Gómez Martínez.
MAGM- Sí... Cuántas cosas ¿no?
OM- ¿Hay alguna obra que se haya quedado con ganas de dirigir o que se le haya resistido?
MAGM- Como director de teatros con un repertorio muy amplio, he dirigido una cantidad de obras muy superior a la media; creo que he hecho todo lo que me hubiera gustado hacer en un principio... Pero, ahora que lo pienso, hay una obra que sí me gustaría dirigir, y de las importantes: la “Salomé” de Richard Strauss.
OM- Llegamos al final de esta entrevista y habrá muchas cosas que se nos quedarán en el tintero por falta de espacio. Pero hay una que no querría dejar fuera: la composición. Menos conocida que su faceta como director, sigue manteniendo su actividad compositiva, y en su anterior visita a Madrid, en marzo, estrenó una pieza orquestal breve y muy grata: la passacaglia “Amaneciendo”.
MAGM- Es la orquestación de una pieza para piano que había compuesto años ha por encargo de Antena 3 TV.
OM- ¿Trabaja actualmente en algún proyecto?
MAGM- Hace poco me reencontré con una amiga a la que hacía mucho tiempo que no veía, Magacha Juste Ortega, que me enseñó unas narraciones de corte infantil que había escrito, que me parecieron preciosas. Y la animé a convertir una de ellas, basada en un caso real, en un libreto de ópera. Y la historia es tan bonita, que le estoy poniendo música: es una ópera por la que ya se ha interesado algún festival español, que se titularía “La niña de Kiev”. En la historia primigenia, los protagonistas eran dos niños, pero decidimos cambiarlo por niñas, que, en escena, pueden ser interpretadas mejor por sopranos.
OM- ¿Y cuándo podremos volver a verle dirigiendo por España?
MAGM- Dentro de unos días, a finales de este mes, dirijo “Tosca” de Puccini tanto en el Festival de Verano del Escorial como, unos días después, en el Festival de Perelada. Así que invito a todos los lectores de OpusMúsica a que se acerquen a disfrutar de esta obra maestra en las voces de grandes cantantes ibéricos, como Elisabete Matos y Juan Pons.
Fotografías ©Balmer & Dixon