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Festival
Festival de Pentecostés de Salzburgo
Lorena Jiménez Alonso
Festival de Pentecostés de Salzburgo. Del 21 al 24 de mayo de 2010.
En 1973, Herbert von Karajan inauguró los Conciertos de Pentecostés con la Orquesta Filarmónica de Berlín como respuesta a las numerosas solicitudes de abonos para el Festival de Pascua. Tras su fallecimiento (1989), el festival invitó a otras grandes orquestas internacionales y se desechó la idea inicial de dedicar los Conciertos de Pentecostés a la obra del compositor austriaco Anton Bruckner. En 1997 la denominación del festival “Conciertos de Pentecostés” se trasladó a la ciudad alemana de Baden-Baden. Y en Salzburgo, el festival pasó a llamarse definitivamente “Festival de Pentecostés de Salzburgo”. En el 2007, el veterano director italiano Ricardo Muti se hace cargo de la dirección artística, y relanza el festival salzburgués bajo el lema “Nápoles, metrópoli de la memoria”, rescatando las olvidadas obras de la Escuela Napolitana del Settecento. Muti, se ha propuesto desempolvar los archivos de la biblioteca napolitana, para mostrar la música del siglo XVIII de su ciudad natal (entonces punto de referencia para los músicos de toda Europa) y su vinculación con la música austriaca. Un proyecto concebido para un trienio, que inició con “Il ritorno di Don Carlino” de Cimarossa, finalmente prolongado a cinco años. Un viaje al redescubrimiento de la música napolitana, cuya próxima parada podría ser España. «Iremos al Teatro Real de Madrid, donde su director Mortier tiene un gran interés en evidenciar las relaciones musicales entre España y Nápoles», Muti “dixit”.
Gran éxito y fervorosos aplausos (al final y también a scena aperta) en el estreno mundial –nunca antes había sido escenificada- de Betulia liberata de Mozart en la Haus für Mozart de Salzburgo, que inauguró la IV Edición del Festival de Pentecostés. El joven Wolfgang realizó numerosos viajes por Italia. Parece ser que esta «azione sacra in due parti», basada en un texto de Metastasio y que no llegó a interpretarse en vida de Mozart, fue un encargo que recibió en Padua de un noble español. El tema de la heroína hebrea (inspirado en el libro de Judith del Antiguo Testamento), que salva a su pueblo y a su ciudad, Betulia, asediada por los asirios, introduciéndose en el campamento enemigo y decapitando al general Holofernes, estaba muy de moda en la época e inspiró a numerosos compositores. Mozart la compuso un año después de su encuentro en Nápoles con Niccolò Jommelli, que unos años antes le había dedicado su oratorio “Betulia liberata”; oratorio que clausuró el festival, el lunes de Pentecostés. Tal y como explicó Muti: «No se trata de confrontar las dos versiones musicales del mismo texto, sino de escuchar dos obras maestras settecentescas, algo sumamente interesante tanto para el público más experto, como para los simples aficionados. Son dos obras completamente diferentes, dos mundos musicales que tienen un denominador común, Nápoles».
A punto de cumplir 70 años, y de emprender una nueva etapa en Estados Unidos como titular de la Orquesta Sinfónica de Chicago, el director Ricardo Muti se puso al frente de su Orchestra Giovanile Cherubini, el Philharmonie Chor Wien, y un joven elenco de cantantes para el estreno del único oratorio en sentido estricto, que Mozart escribió a los 15 años, según el modelo napolitano de aquel “divino sassone” llamado Hasse. Muti es un perfeccionista, y como los directores del pasado, participa en todos los ensayos. No es de los que envía un asistente a preparar el terreno, y eso se nota. Su lectura, algo pasada de moda para algunos (no historicista), concentrada, dinámica e incisiva, está trabajada a conciencia hasta el menor detalle. Los jóvenes y estupendos músicos de la Orchestra Giovanile Cherubini, muy atentos a la experta batuta de Muti, ofrecieron una más que digna interpretación, en la que cabe destacar el sonido nítido de los vientos. También cabe ponderar la labor del joven elenco de cantantes. Convenció, el tenor Michael Spyres en su ardua tarea de defender las numerosas arias de Ozia, príncipe de Betulia. Buena actuación de la mezzosprano rusa Alisa Kolosova (Giuditta). Portentosa, la soprano napolitana Maria Grazia Schiavo como Amital: voz bien timbrada, de agudos vibrantes y potentes, gran dominio de las agilidades e impecable fraseo. La propuesta escénica de Marco Gandini y el vestuario deslucido y gris de Gabriella Pescucci —sólo Giuditta pone la nota de color— recrean la atmósfera trágica y lúgubre de Betulia. La escenografía de Italo Grassi con monumentales paredes semigiratorias de acero —recuerdan las creaciones de Richard Serra— provoca en el espectador la opresión y el sufrimiento de la ciudad sitiada.
El segundo día del festival tuvo lugar el Concierto Sonata da Camera en el Mozarteum con uno de los más grandes violinistas barrocos de la actualidad: Giuliano Carmignola. El violinista veneciano, inauguró la matinée del sábado con la virtuosística sonata nº 2 para violín y bajo continuo de Porpora, pero fue a partir de su brillante interpretación de las breves y expresivas piezas de Ayres para violín de Nicola Matteis (el violinista napolitano más famoso del Seicento), cuando pareció encontrarse más a gusto y recibió los más exaltados aplausos. Carmignola, también exhibió su praxis asombrosa, agilidad técnica y virtuosismo, con las melodías plenas de cromatismo, de Geminiani, y en la sonata en si bemol mayor de Barbella (recreación de los personajes de la commedia dell´arte napolitana: Pulcinella, Arlecchino…). Finalmente, la interpretación de las transcripciones de Olivier Fourés para violín y bajo continuo de las tres sonatas para clavicembalo de Domenico Scarlatti, evidenciaron la solvencia técnica, poderío rítmico, calidez y extraordinaria capacidad expresiva del violinista de Treviso. No menos espléndido fue el trabajo de Riccardo Doni (cembalo), Zanenghi (laúd), Galligioni (violoncello), y el público lo agradeció con entusiastas aplausos.
El conjunto vocal e instrumental Les Arts Florissants, muy bien dirigido en esta ocasión por el tenor Paul Agnew, presentaron en la Haus für Mozart su música historicista con el concierto Lamentationes, que incluyó, entre otras obras, el Miserere en Mi menor de Alessandro Scarlatti, y los breves motetes tardo-barrocos de su sucesor en la Escuela Napolitana, el maestro Leonardo Leo. Hay muy pocos conjuntos barrocos en el circuito que puedan vanagloriarse de tan excelso nivel de ejecución. Especialmente brillante, resultó su interpretación del Stabat Mater para 10 voces y continuo (violoncello, contrabajo, órgano) de Domenico Sarlatti. El Ensemble, resolvió de forma impecable los cambios de tempo presentes en la partitura, las partes en forma de fugato como “Fac me vere” y las secciones en concertato del verso “Inflammatus” en las que se alternan pasajes solistas con intervenciones del coro a modo de ritornello. Mención especial merece la joven soprano escocesa Hannah Morrison, en su interpretación de Lamentaciones del profeta Jeremías de Leo. Los numerosos aplausos del público animaron a Les Florissants a despedirse con dos propinas de Purcell.
Para la última etapa de su viaje musical a Nápoles, Muti inaugurará el próximo festival de Pentecostés con el melodrama bufo I due Figaro de Saverio Mercadante, con dirección escénica de Emilio Sagi.
Fotografías cortesía Festival de Pentecostés de Salzburgo ©Silvia Lelli. .