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Ópera en Madrid

Norma” con dos mezzosopranos

Carlos de Matesanz

Norma

Temporada Lírica del Teatro Real. Vincenzo Bellini: “Norma”, tragedia lírica en dos actos, con libreto de Felice Romani. Versión de concierto. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real; dir. musical: Massimo Zanetti.

23 de mayo de 2010. 18:00 h. Norma: Violetta Urmana, Adalgisa: Sonia Ganassi, Pollione: Francesco Hong, Oroveso: Carlo Colombara, Flavio: Andrés Veramendi, Clotilde: Sandra Ferrández.

Pocos días después de I Puritani, el Real desagraviaba a Bellini –de quien sólo se ha representado La Sonnambula– con una nueva interpretación concertante de su otro gran título: Norma. También, en este caso, a mayor gloria de un divo especialmente apreciado en el coliseo madrileño: la lituana Violeta Urmana, que sólo había cantado el papel titular de esta obra en 2006, en Dresde, igualmente en versión de concierto. Habida cuenta de que ésta es la única ópera belcantista que la intérprete tiene en repertorio, había expectación por comprobar su desenvolvimiento en tan difícil papel. Y, al comienzo, las pegas que uno le podía haber previsto, fueron apareciendo, especialmente en el imposible “Casta Diva”, con una línea poco fluida, pesante, bien mantenida pero con dificultad; la coloratura, bien realizada pero con poca finura e intención dramática, y los agudos muy apretados, casi estrangulados. Pero todo fue mejorando a lo largo de la velada, especialmente los agudos; la cantante fue volviéndose más segura y entonada y la intérprete más expresiva y, aunque no sea la Callas, en los últimos momentos consiguió auténtica estatura trágica. Aun así, es evidente que está aún al comienzo de un camino largo y duro para llegar a asumir realmente un personaje que, evidentemente, necesita de un abundante rodaje y, además, en escenario.

Por otra parte, la Norma de Urmana presenta la ventaja nada desdeñable de no ahogarse en absoluto, sino todo lo contrario, en la abundante y onerosa parte grave del papel, que fue servida con el terciopelo, oscuro y sedoso, de su voz originariamente mezzosopranil, madura, casi matronal. Por eso, ésta hubiera sido la oportunidad perfecta para contraponer a su Norma una Adalgisa juvenil, fresca y sopranil: es decir, respetando la versión original que asigna este papel a una tiple lírico-ligera. Pero se desperdició la oportunidad y hay que decir que, tanto “Adalgisa... Alma costanza” como “Mira O Norma” fueron auténticos dúos de mezzosopranos. Eso sí, magníficamente cantados.

Sin embargo, esa falta de contraste e idoneidad tímbricos no importan en absoluto cuando se cuenta con una Adalgisa de la calidad musical y dramática de Sonia Ganassi, que cantó con el conocimiento y el dominio de quien se dedica al belcanto a jornada completa y que pone en valor una voz recia y segura, domada a fuerza de sutileza y utilizada con certero instinto interpretativo y con mucha clase. En su debe, una cierta desigualdad de registros y un vibrato notable que, en Adalgisa, no hay demasiada oportunidad de utilizar dramáticamente. Comprendemos, por tanto, que la Ganassi frecuente más las óperas históricas de Donizetti, con papeles de más garra.

La grata voz del tenor coreano Francesco Hong, que canta con entusiasmo y variedad expresiva, pero con estilo y fraseo poco definidos, no parece tener ni el squillo, ni el mordiente heroico, ni los agudos vibrantes que papeles como Pollione –y como otros muchos que tiene en repertorio– requieren; así, sus prestaciones, más que suficientes en otra circunstancia, pasaron un tanto desapercibidas, eclipsadas por los fulgores vocales e interpretativos de sus oponentes femeninas. Por contra, Carlo Colombara, de hermosa y amplia voz, es perfecto para Oroveso, pero tampoco destacó por una cierta apatía (o pereza) y porque el papel, la verdad, no da para demasiado. Muy bien los comprimarios, especialmente el Flavio del chileno Andrés Veramendi, de voz atractiva y clara dicción.

Al maestro Massimo Zanetti lo dejamos para el final porque, como estuvo a remolque de los cantantes durante toda la velada, llegó el último. Concertó con mucha eficacia, que no es poco, y consiguió crear alguno de los climas requeridos: lo demás fue puro acompañamiento; eso sí, bien hecho. Orquesta y coro, corrientes y molientes.

Fotografías cortesía del Teatro Real ©2010 by Javier del Real