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Crítica de libros

El retorno de la revista Sonda

Aurelio Viribay

Sonda. Problema y panorama de la música contemporánea. Edición facsímil: Nos. 1-7, Introducción e índices. Centro de Documentación de Música y Danza (CDMyD) del Instituto Nacional de la Artes Escénicas y de la Música (INAEM) del Ministerio de Cultura, Madrid, 2009. Edición: Antonio Álvarez Cañibano. Sumarios e índices: Pilar Gutiérrez Dorado. ISBN: 978-84-87731-97-6.

Sonda. Problema y panorama de la música contemporánea

La revista SondaProblema y panorama de la música contemporánea— se mantuvo activa entre 1967 y 1974, años en los que contribuyó de forma muy relevante a la difusión de la vanguardia de su época. Fundada como un boletín cuatrimestral interno de Juventudes Musicales de Madrid —evitando la denominación de "revista" para sortear la censura de los últimos años del franquismo—, y contando con la coordinación de Ramón Barce y Tomás Marco, llegaron a editarse un total de siete números, que son los que ahora reedita el Centro de Documentación de Música y Danza (CDMyD) del Instituto Nacional de la Artes Escénicas y de la Música (INAEM), en edición facsímil, añadiendo un número más con introducciones — a cargo de Marta Cureses, Félix Palomero, Tomás Marco y del propio editor, Antonio Álvarez Cañibano—, y sumarios e índices —realizados por Pilar Gutiérrez Dorado. El carácter único esta revista, convertida en una auténtica referencia histórica de la música de su tiempo y portavoz de la vanguardia musical, hizo que sus portadas fueron diseñadas por artistas como Eusebio Sempere, Irene de la Torre, Eduardo Sanz, Abel Martín, Gustavo Torner o Fernando Zóbel, en un intento de fomentar las relaciones entre plástica y música.

Sonda, que aglutinó a relevantes personalidades de la creación musical, dentro y fuera de nuestras fronteras, supuso un entorno de reflexión estética en el ámbito del postserialismo: el arte performativo, el teatro musical, la "armonía de niveles" de Barce —entre otras aportaciones teóricas de la época—, la electrónica, el accionismo, el dadaísmo analítico, las nuevas grafías y su problemática, o la postmodernidad, son algunas de las tendencias y aspectos que quedaron plasmados en esta publicación que tuvo un gran relieve en los años sesenta y setenta del siglo pasado.

La lista de nombres que colaboraron con esta publicación es muy amplia: desde compositores españoles como Joan Guinjoan, Arturo Tamayo, Joaquín Homs, José Ramón Encinar, Jesús Villa Rojo, Ricardo Bellés o Miguel Ángel Coria —además de los ya citados Ramón Barce y Tomás Marco—, a la aportación de nombres del panorama internacional tan destacados como John Cage, György Ligeti, Pierre Boulez, Olivier Messiaen, Karlheinz Stockhausen, Krzysztof Penderecki, Mario Lavista o Leo Brower. La revista puso su punto de mira no sólo en la realidad española sino también en el entorno musical internacional. Prueba de ello son los artículos de Jacobo Romano sobre  la música argentina, de Milos Stedronhace y Josef Bek sobre la música checa, de Mauricio Lozano sobre los compositores brasileños, de Costin Miereanu sobre la música rumana, de Branimir Sakac sobre la yugoeslava, de Enrique Raxach sobre la holandesa o de Leo Brower sobre la cubana. Los compositores hablan aquí sobre obras propias —Tomás Marco: Jabberwocky; György Ligeti: Poema sinfónico para 100 metrónomos; Mauricio Kagel: Match para tres ejecutantes; Costin Miereanu: Dans la nuit des temps; Ramón Barce: Coral hablado; Joaquim Homs: Música para 11 a la memoria de Joan Prats— y sobre las obras ajenas —Tomás Marco sobre Per orchestra de Franco Donatoni; Ramón Perales sobre las Cantigas de Santa María de Alfonso X; Fernand Vandenbogaerde sobre Nomos Alfa de Iannis Xenakis.

Se trata en definitiva de la recuperación de una publicación que nos devuelve una página de nuestra historia musical desarrollada en un entorno de enorme dificultad para la creación artística, lo que acentúa el valor de esta reedición.

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