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Índices
Festival d'Aix-en-Provence
Don Giovanni atropellado
Ovidi Cobacho Closa
Alceste; ópera en tres actos de C. W. Gluck. Véronique Gens (Alceste), Joseph Kaiser (Admète), Andrew Schroeder (Gran sacerdote de Apollo), Thomas Oliemans (Hercule); Freiburger Barockorchester y English Voices. Dirección musical: Ivor Bolton. Dirección escénica: Christof Loy. Théâtre de l’Archevêché, 13 – VII – 2010.
Don Giovanni; ópera en dos actos de W. A. Mozart. Bo Skovhus (Don Giovanni), Kyle Ketelsen (Leporello), Marlis Petersen (Donna Anna), Kristine Opolais (Donna Elvira), Colin Balzer (Don Ottavio), Kerstin Avemo (Zerlina), David Bizic (Masetto), Anatoli Kotscherga (Il Commendatore); Freiburger Barockorchester y English Voices. Dirección musical: Louis Langrée. Dirección escénica: Dmitri Tcherniakov. Théâtre de l’Archevêché, 14 – VII – 2010.
Vespro della Beata Vergine; Composición sacra de Claudio Monteverdi. Gabrieli Consort & Players. Dirección musical: Paul McCreesh. Catedral Saint-Sauveur, 15-VII-2010.
Uno de los atractivos del tradicional festival de Aix-en-Provence, en la presente edición, era la coproducción del festival francés con la Real Ópera de Copenhague y la Staatsoper de Viena del Alceste de Gluck, dirigida por Ivor Bolton al frente de la prestigiosa Orquesta Barroca de Freiburg. Dentro del marco de una austera y minimalista puesta en escena (Christof Loy), que concentraba toda la acción en el interior de una gran estancia blanca, transcurrió el drama de la reina Alceste, encarnada aquí por una intachable Véronique Gens, de nobles acentos e impecable estilo. A su lado, destacó también el tenor Joseph Kaiser (Admète), quien lució un canto elegante y representó una escena de alta intensidad dramática en el segundo acto. Sólido y vigoroso estuvo el Grand Prêtre de Andrew Schroeder, aunque algo falto de un mayor calado dramático; mientras que el holandés Thomas Oliemans encarnó un Hercules impecable en lo vocal y excesivo en lo cómico. Completaron el homogéneo reparto con solvencia los dos hijos de los reyes (Marianne Folkestad y Bo Kristian Jense), el Coryphée (Joao Fernández) y el Oráculo (David Greco). Pero sin lugar a dudas, los elementos que contribuyeron en mayor medida al éxito de la producción fueron la extraordinaria prestación del coro English Voices y de la magnífica Orquesta Barroca de Freiburg, ambos magistralmente concertados bajo la precisa, intensa y generosa batuta del sabio maestro Ivor Bolton.
Sólo puede calificarse de poco menos que atropello, la nueva producción escénica del Don Giovanni de Mozart (Dmitri Tcherniakov) estrenada en Aix. Empeñado en explotar hasta la deformación los resortes psicológico-morales que impulsan la acción del protagonista, el director ruso no vacila en convertir el desenfadado dramma giocoso mozartiano en un laboratorio de relaciones enfermizas familiares, poblado de personajes histéricos, compulsivos y desquiciados. Comprimiendo toda la acción en un lujoso comedor burgués, va construyendo, o quizás mejor triturando, la trama de la obra a su antojo, tomando prestadas estampas escénicas de films como La caída de los Dioses de Visconti o La década prodigiosa de Claude Chabrol, entre otros,e hilvanando patológicos lazos familiares por doquier: Zerlina es la hija de Donna Anna, Donna Elvira la prima de ésta y Leporello, un joven pariente del patriarca/Commendatore. A la postre, una pretendida revisión del mito donjuanesco, hecha con calzador, que desbarata el sutil texto dapontiano —cayendo en constantes contradicciones entre lo que se dice y se hace— y que poco o nada tiene que ver con la extraordinaria música que lo acompaña. A todo esto, el esforzado elenco de intérpretes hizo cuanto pudo por hacer justicia a la partitura del maestro de Salzburg. Entre ellos, destacó el vistoso Leporello del americano Kyle Ketelsen, de voz homogénea y bien proyectada. Colin Balzer, como Don Ottavio, sacó también a relucir un grato timbre y un canto refinado en la interpretación de las dos arias que Mozart dedicó a este personaje. La Donna Anna de Marlis Petersen salió airosa de las exigentes páginas de este personaje, mientras que Kristine Opolais fue una ajustada Donna Elvira, sin especial brillo y un tanto carente de mayor calado dramático. Cumplieron la Zerlina y el Masetto de Kerstin Avemo y David Bizic, respectivamente, mientras que Anatoli Kotscherga fue un Commendatore discreto que apenas apareció en el escenario después de la primera escena (el culminante número de la cena, lo cantó entre bastidores y amplificado). El Don Giovanni de Bo Skovhus, cuya estética recordaba la del Marlon Brando de Un tranvía llamado Deseo, quedó en poco más que un pobre atormentado e histriónico personaje, de canto tosco y excesivamente afectado. Poco pudo hacer la dinámica y expresiva dirección musical de Louis Langrée para mejorar la cosa. Con todo, las huestes de la Orquestra Barroca de Freiburg dieron muestra de sus excelencias, así como también los integrantes del extraordinario coro English Voices.
Por su parte, la prestigiosa formación británica de instrumentos históricos Gabrieli Consort & Players presentó, dentro del marco de la catedral de Saint-Sauveur, una envidiable interpretación de las colosales Vespro della beata Verginede Claudio Monteverdi. Con la excusa del 400 aniversario de la creación de esta obra sacra, el conjunto dirigido por Paul McCreesh ofreció una emotiva exhumación de la partitura, fiel a los criterios estilísticos y de intenso calado expresivo. Los diez intérpretes vocales cantaron, a uno por voz, las exuberantes polifonías del maestro italiano, con gran sentido estilístico y magníficamente empastadas. En los números solistas, brillaron con exquisita sensualidad los contra-tenores Mark Chambers y David Allsopp (dúo “Pulchra es”), así como, muy especialmente, el tenor Charles Daniels ( “Duo Seraphim” y el conclusivo “Audi Coelum”). Todos ellos, estuvieron magníficamente acompañados por un conjunto de instrumentos antiguos de un sonido impecable y perfectamente ensamblado con las voces, bajo la atenta dirección del veterano maestro McCreesh.
Fotografías ©Pascal Victor – ArtComArt