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Artículos

Mahler desde sus cimientos: Das klagende Lied

Fernando Morales

¿Cuántas veces hemos recurrido a esa proclama mahleriana: “Meine Zeit wird noch kommen!” —¡Mi tiempo llegará!—? Parece que no está del todo claro si realmente dijo eso Gustav Mahler, pero si lo dijo o fue algo por el estilo, no podía haber acertado más de pleno con su profecía. Porque efectivamente su tiempo llegó y lo hizo con fuerza semejante a la de la irrupción de Johann Sebastian Bach en el mundo decimonónico, de tal manera que cuando celebramos el centenario de su desaparición ya no nos cabe ninguna duda de que por encima de un genial director de orquesta, Gustav Mahler fue uno de los compositores fundamentales de la historia de la música.

El intérprete por encima del cantante: Tito Gobbi

Enid Negrete

Tito GobbiPara la tercera parte de los artículos que he dedicado a los cantantes del siglo XX he escogido a otro cantante singular: Tito Gobbi, excelente barítono y actor, cuyo trabajo se recordará sobre todo por haber sido el compañero ideal de Maria Callas en la Tosca de Puccini.  Encaminado a otros intereses, Tito Gobbi fue descubierto por un músico amigo de su familia mientras estudiaba leyes en la Universidad de Padua, quien le sugirió estudiar canto. El resto es historia y los fanáticos de la ópera no podremos terminar de agradecerle nunca su iniciativa. 

Nuestra Zarzuela

María la O 

José Prieto Marugán

María la OLa zarzuela llegó muy pronto al continente americano y cuajó de manera distinta en aquellos países. Cuba fue uno de los que enseguida admitieron el género con mayor entusiasmo y gracias al esfuerzo de alguno de sus más relevantes compositores, consiguió inscribir su nombre en el palmarés del teatro lírico en lengua castellana. 

La música religiosa de Enrique Granados

Joaquim Zueras Navarro

La merecida fama de Enrique Granados (1867-1916) como compositor de obras para piano, ha eclipsado otros géneros; quizás sea su faceta como autor de obras religiosas la que más ha sufrido este hecho. En este terreno no se mostró prolífico, pero sí inspirado. Granados era un hombre profundamente creyente, como atestiguan algunos datos biográficos y fragmentos de su correspondencia. Por ejemplo, en una carta de 1896 a su mujer, preocupada por la salud de su hija, escribe: “Tengo una esperanza muy grande. Ayer, martes, entré por intuición en el templo. Presentaba un aspecto hermosísimo y triste. Había en un altar un Cristo iluminado por un cirio solo. Me he arrodillado presintiendo algo, sin saber lo que era... Me ha parecido que me oía. Al llegar a casa me he encontrado con tu carta, pero como he visto a Dios hace un momento, tengo mucha confianza en que la Nenin irá bien”.