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El Barbero de Sevilla en la Scala

Cuando la tradición se renueva

Massimo Viazzo

El Barbero de Sevilla en la Scala

El Barbero de Sevilla, ópera bufa en dos actos de Gioacchino Rossini. Función del 23 de julio del 2010 en el Teatro alla Scala de Milán, Italia. Director Musical: Michele Mariotti. Producción, dirección y vestuarios: Jean Pierre Ponnelle. Reposición: Lorenza Catini. Director del coro: Bruno Casoni. Elenco: Juan Diego Flórez (Almaviva), Joyce Di Donato (Rosina), Alessandro Corbelli (Bartolo), Franco Vasallo (Figaro), Alexander Tsymbalyuk (Basilio), Davide Pelissero (Fiorello), Gilberto Fusi (Ambrogio), Giovanna Donadini (Berta), Ernesto Panariello (Oficial). Orquesta y coro del Teatro alla Scala, Milán.

La producción del Barbero de Sevilla de Jean Pierre Ponelle, estrenada en el Teatro alla Scala en 1969 bajo la dirección de Claudio Abbado tiene cuarenta años y ¡no los aparenta! Al ver hoy en día el espectáculo uno se da cuenta de la cantidad de Barberos a los que se debe este espectáculo; y sus escenografías, vestuarios y gags, ya forman parte del colectivo imaginario de esta ópera. Ponnelle logró universalizar la gestualidad con entusiasmante sincronía con la música de Rossini, a tal punto que la ha hecho absoluta. La dirección musical de Michele Mariotti, uno de los jóvenes directores italianos más prometedores, debutando en el máximo teatro milanés, brilló por fantasía, arrebato y brío. Con él, la partitura rossiniana se desarrollo bajo un incesante juego de variaciones dinámicas y agógicas (aunque el “Temporal” del segundo acto estuvo un poco frenético) y fue resucitada con personalidad.

Muy bien, como de costumbre, estuvo el coro dirigido por el maestro Bruno Casoni. Además, este Barbero fue perfecto desde el punto de vista vocal, principalmente por la pareja de enamorados, conformada por dos extraordinarios cantantes: Joyce Di Donato, como Rossina, y Juan Diego Flórez, en el papel de Almaviva, quienes cincelaron y ejecutaron cada frase con elegancia y gran musicalidad, y que metieron el acelerador de la coloratura (impresionantes fueron las variaciones desarrolladas sin pausa) creando ¡un verdadero festival de Belcanto! Franco Vasallo estuvo sólido, espontáneo, y simpático como Fígaro, un poco avaro con los colores, pero con seguros y rotundos agudos, que le valieron un éxito personal. Alessandro Corbelli realizó su habitual y divertido Bartolo, alejado de hacer una interpretación caricaturesca, con perfecta dicción y desbordante carisma escénico, pero mostró signos de fatiga al final de su aria. Interesante fue el color de la voz de Alexander Tsymbalyuk, en un Basilio algo forzado en las notas agudas. En suma, fue un estruendoso cierre de temporada, antes de la pausa estival.

Fotografía ©Marco Brescia & Rudy Amisano. Teatro alla Scala